
Amarnos no consiste únicamente en cuidarnos cuando estamos cansados o aprender a decir “no”. También implica hacer las paces con nuestro pasado, revisar las relaciones que elegimos, alejarnos de aquello que nos lastima y tener el valor de comenzar nuevamente cuando sea necesario.
En esta segunda parte continuamos descubriendo que el amor propio no siempre se manifiesta en decisiones fáciles o agradables. A veces significa perdonarnos, pedir ayuda, dejar ir, cambiar de rumbo y elegir nuestra tranquilidad aunque hacerlo resulte incómodo.
Porque crecer también es comprender que no todo lo que amamos debe permanecer, no todo lo que perdimos debemos recuperarlo y no todo cambio significa que hemos fracasado.
Continuemos con los últimos seis actos de amor propio.
- Perdonarte por las decisiones y errores del pasado: Perdonarnos no significa justificar todo lo que hicimos. Podemos reconocer un error, asumir sus consecuencias, reparar aquello que sea posible y, al mismo tiempo, negarnos a convertirlo en una condena permanente.
Nuestro pasado debe convertirse en aprendizaje, no necesariamente en prisión. Madurar también consiste en mirar versiones anteriores de nosotros mismos, reconocer aquello que hoy haríamos diferente y utilizar esa comprensión para construir una mejor versión presente.
- Elegir relaciones donde exista reciprocidad, respeto y tranquilidad:
Una relación saludable no exige perfección, pero sí necesita bases que permitan que ambas personas puedan existir dentro de ella.
La reciprocidad implica comprender que el vínculo no puede sostenerse indefinidamente mediante el esfuerzo de una sola persona. El respeto permite conservar límites, identidad y dignidad; y la tranquilidad nos recuerda que no toda relación intensa es necesariamente una relación saludable.
Amarnos también significa revisar qué tipo de relaciones estamos permitiendo en nuestra vida.
- Alejarte de personas y espacios donde constantemente debes disminuirte para encajar: Adaptarnos socialmente es normal. Todos modificamos ciertos comportamientos dependiendo del contexto. El problema aparece cuando pertenecer exige silenciar permanentemente nuestra personalidad, nuestros valores, nuestros sueños o nuestra dignidad.
Si para permanecer en determinado lugar debemos hacernos constantemente más pequeños, quizá sea necesario preguntarnos cuánto estamos sacrificando únicamente para ser aceptados.
Pertenecer no debería significar desaparecer.
- Pedir ayuda cuando la necesitas sin interpretarlo como debilidad:
Existe una idea equivocada según la cual ser fuerte significa resolver absolutamente todo solos.
Reconocer nuestras limitaciones requiere madurez. Hablar con alguien de confianza, solicitar orientación o acudir a un profesional cuando una situación supera nuestros recursos no disminuye nuestra fortaleza.
A veces, el acto más valiente de autosuficiencia consiste precisamente en reconocer cuándo ya no podemos solos.
- Permitirte cambiar de opinión, comenzar de nuevo y tomar otro camino:
Cambiar no siempre significa haber fracasado.
Podemos descubrir que aquello que deseábamos hace cinco años ya no representa a la persona que somos hoy. Podemos abandonar una meta, reformular un proyecto, reconstruir una relación o comenzar nuevamente después de una pérdida.
Ser coherentes con nosotros mismos no significa permanecer eternamente iguales. También tenemos derecho a evolucionar.
- Entender que amarte también implica tomar decisiones incómodas que protegen tu bienestar: Probablemente este sea uno de los aspectos menos románticos y más importantes del amor propio.
A veces amarnos significa alejarnos aunque todavía exista cariño; mantener un límite aunque alguien se moleste; terminar una etapa que ya no funciona; reconocer un comportamiento propio que debemos cambiar; acudir a terapia; descansar cuando sentimos que deberíamos continuar o renunciar a una gratificación inmediata para proteger nuestro futuro.
Por eso, el amor propio no consiste únicamente en hacer aquello que nos hace sentir bien.
También consiste en hacer aquello que nos hace bien, incluso cuando inicialmente resulte incómodo.
Amarte también es aprender a cuidarte:
El amor propio no aparece mágicamente un día para quedarse para siempre. Es una relación que construimos con nosotros mismos mediante pequeñas decisiones cotidianas.
Habrá días en los que cuidarnos significará descansar y otros en los que significará levantarnos y actuar. Algunas veces será perdonarnos; otras, reconocer que debemos cambiar. En ocasiones será permanecer y luchar por algo importante; en otras, tendremos que aceptar que llegó el momento de marcharnos.
Amarse no significa convertirse en el centro del mundo.
Significa aprender a no desaparecer de nuestra propia vida mientras intentamos estar presentes en la vida de todos los demás.
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.” Proverbios 4:23 (RVR1960)
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ACERCA DEL CORRESPONSAL
ELIZABETH RONDóN
Venezolana y actualmente residente en Cali, Colombia, cuenta con una amplia trayectoria en temas relacionados con el desarrollo personal y organizacional.

