Los alimentos ultraprocesados, incluso algunos productos que se presentan como opciones saludables, están nuevamente bajo la lupa de especialistas por su posible relación con una alimentación de peor calidad y con efectos negativos sobre la salud cerebral. El neurólogo William Scott Burgin advierte que el problema no está solamente en los productos claramente identificados como comida chatarra, sino también en aquellos que parecen saludables por su presentación o publicidad.
Burgin explicó, en declaraciones a la revista Parade, que uno de los hábitos alimentarios que más preocupa es el consumo frecuente de productos ultraprocesados. El especialista señala que algunas personas pueden incorporarlos a su dieta sin advertir la cantidad de azúcares añadidos, edulcorantes y otros ingredientes que contienen.
El problema es que la categoría de ultraprocesados no es completamente homogénea. Existen productos industriales que pueden formar parte de una alimentación equilibrada, especialmente cuando tienen un perfil nutricional adecuado. El propio neurólogo menciona como ejemplos potencialmente neutros o beneficiosos algunos cereales integrales fortificados, yogur natural, lácteos y productos elaborados a partir de granos. Por eso, más que observar únicamente el grado de procesamiento, resulta importante analizar la composición concreta de cada alimento.
El problema de los alimentos que parecen saludables
Entre los productos que pueden generar confusión aparecen barras de cereales, barras de granola, yogures saborizados y determinados batidos o smoothies. Su presentación puede transmitir una imagen de alimento saludable, pero algunos contienen cantidades importantes de azúcar o edulcorantes.
Esto significa que una persona que intenta mejorar su alimentación puede estar sustituyendo un producto evidentemente dulce por otro que tiene una apariencia más saludable, pero que mantiene una composición poco favorable. La recomendación del especialista es revisar la información nutricional y la lista de ingredientes antes de convertir estos productos en parte habitual de la dieta.
¿Qué mirar en la etiqueta?
Una de las recomendaciones más sencillas consiste en observar la cantidad de azúcar añadido y sodio. Cuando estos componentes aparecen en niveles elevados, puede ser una señal de que el alimento no constituye una opción adecuada para el consumo frecuente.
También conviene prestar atención al orden de los ingredientes: aquellos que aparecen primero son los presentes en mayor proporción. Comparar productos similares permite además elegir alternativas con menos azúcar, menos sodio y una mayor presencia de fibra y nutrientes.
La recomendación no implica eliminar todos los alimentos procesados. La realidad es que numerosos alimentos cotidianos pasan por algún tipo de procesamiento. La diferencia está en la frecuencia de consumo y en la calidad nutricional del producto final.
Alimentación y memoria
La preocupación por la alimentación también está relacionada con el funcionamiento cognitivo. Una dieta equilibrada aporta nutrientes necesarios para mantener el funcionamiento normal del sistema nervioso, mientras que una alimentación basada principalmente en productos con exceso de azúcar, grasas poco saludables y sodio puede desplazar alimentos de mayor valor nutricional.
Entre las opciones que especialistas han señalado como interesantes para la salud cerebral aparecen pescados como salmón y atún, fuentes de ácidos grasos omega-3; verduras de hoja verde, como espinaca y brócoli; y alimentos ricos en otros micronutrientes.
La remolacha también ha sido estudiada por su contenido de nitratos, que el organismo puede convertir en óxido nítrico y que participan en procesos relacionados con la circulación sanguínea. Estos alimentos no funcionan como medicamentos ni garantizan por sí solos la prevención del deterioro cognitivo, pero pueden formar parte de un patrón alimentario saludable.
No se trata de demonizar toda la comida industrial
Uno de los puntos más importantes del mensaje del especialista es precisamente evitar una conclusión demasiado simplista. No todos los alimentos ultraprocesados tienen exactamente el mismo impacto ni todos los productos procesados deben considerarse perjudiciales.
Un yogur natural industrializado, por ejemplo, puede ofrecer proteínas, calcio y otros nutrientes, mientras que un producto similar con grandes cantidades de azúcar añadido puede tener un perfil muy diferente.
Por eso, la mejor estrategia consiste en leer las etiquetas, comparar productos y priorizar alimentos mínimamente procesados, como frutas, verduras, legumbres, frutos secos, cereales integrales, pescado y otras fuentes de proteínas de buena calidad.
La salud cerebral depende además de muchos otros factores: actividad física, sueño adecuado, control de la presión arterial, prevención de enfermedades metabólicas, estimulación intelectual y relaciones sociales. Ningún alimento por sí solo determina el estado del cerebro.
El mensaje del neurólogo es, en definitiva, menos complicado de lo que parece: no confiar únicamente en la publicidad de un producto. Un envase que dice “natural”, “fitness”, “con cereales” o “saludable” no sustituye la lectura de la información nutricional. La elección cotidiana de los alimentos puede convertirse en una de las herramientas más sencillas para cuidar la salud general y también el cerebro a largo plazo.
Foto: Shutterstock / Notícias ao Minuto
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