
Hablar de amor propio no significa pensar que todo en nosotros está bien, ignorar nuestros errores o colocarnos por encima de los demás. Amarse también implica reconocerse con honestidad, cuidarse, corregirse cuando es necesario y aprender a tomar decisiones que protejan nuestro bienestar.
Muchas veces asociamos el amor propio con frases bonitas, momentos de descanso o actividades que disfrutamos. Sin embargo, algunas de sus expresiones más importantes aparecen precisamente en decisiones difíciles: establecer un límite, alejarnos de alguien, pedir ayuda, reconocer que necesitamos cambiar o aceptar que una etapa de nuestra vida ha terminado.
El amor propio no siempre se siente cómodo. A veces también requiere valentía.
- Poner límites sin sentir culpa: Los límites no son castigos ni barreras para impedir que otros se acerquen; son una manera de establecer hasta dónde permitimos que algo afecte nuestro bienestar. Aprender a decir qué aceptamos y qué no aceptamos es reconocer que nuestras necesidades también tienen valor.
Sentir culpa inicialmente puede ser normal, especialmente cuando hemos aprendido a complacer a los demás. El objetivo no es dejar de considerar al otro, sino comprender que respetarlo no exige abandonarnos a nosotros mismos.
- Decir “no” cuando decir “sí” significa traicionarte: No todos los “sí” nacen del deseo. Algunos aparecen por miedo al rechazo, necesidad de aprobación, compromiso excesivo o temor a decepcionar.
Decir “no” puede convertirse entonces en un acto de coherencia. Cuando aceptar algo implica ir constantemente en contra de nuestros valores, necesidades o límites, negarnos no necesariamente es egoísmo: puede ser una forma saludable de respetarnos.
- Cuidar tu salud física y mental cada día: El amor propio también se manifiesta en acciones aparentemente sencillas: descansar, alimentarnos adecuadamente, mover nuestro cuerpo, atender señales físicas, cuidar nuestros pensamientos y buscar atención profesional cuando sea necesaria.
No deberíamos esperar a encontrarnos completamente agotados para comenzar a cuidarnos. La prevención también es una forma de amor propio.
- Disfrutar de tu propia compañía sin sentirte incompleto: Necesitar vínculos afectivos es profundamente humano. Amar nuestra propia compañía no significa aislarnos ni creer que no necesitamos a nadie.
Significa descubrir que también podemos experimentar tranquilidad, disfrute y significado cuando estamos solos. Cuando dejamos de interpretar la soledad como prueba de que “nos falta alguien”, podemos relacionarnos desde el deseo de compartir y no únicamente desde el miedo a estar solos.
- Dejar de compararte con los demás y reconocer tu propio proceso:
Compararnos ocasionalmente puede ayudarnos a aprender, pero convertir la vida de los demás en la medida permanente de nuestro valor termina siendo injusto.
Cada persona posee una historia, oportunidades, dificultades, recursos y tiempos diferentes. El progreso de alguien más no invalida el nuestro. Reconocer el propio camino significa aprender a preguntarnos menos “¿por qué no estoy donde está esa persona?” y más “¿cuánto he avanzado respecto a quien era antes?”
- Escuchar lo que sientes y lo que realmente necesitas: Las emociones no siempre nos dicen exactamente qué debemos hacer, pero sí pueden ofrecernos información importante sobre lo que estamos viviendo.
El cansancio puede pedir descanso; la tristeza, acompañamiento; el enojo puede revelar un límite vulnerado; el miedo puede advertirnos de un peligro o mostrarnos una inseguridad que necesita ser trabajada.
Escucharnos significa dejar de vivir permanentemente en automático y preguntarnos: ¿qué estoy sintiendo?, ¿por qué puedo estar sintiéndolo?, ¿qué necesito en este momento?
“He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis?” Isaías 43:19 (RVR1960)
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ACERCA DEL CORRESPONSAL
ELIZABETH RONDóN
Venezolana y actualmente residente en Cali, Colombia, cuenta con una amplia trayectoria en temas relacionados con el desarrollo personal y organizacional.

