El dolor en una rodilla, hombro, tobillo, cadera, muñeca u otra articulación no siempre tiene el mismo origen. Puede aparecer después de una caída, una torcedura o un esfuerzo excesivo, pero también puede ser la primera manifestación de un proceso de artritis que evoluciona lentamente. Reconocer cómo comenzó la molestia, qué otros síntomas aparecen y cuánto tiempo permanece puede ofrecer pistas importantes para saber cuándo es necesario consultar.
La artritis no es una única enfermedad. El término engloba diferentes trastornos que pueden provocar inflamación, dolor, rigidez y alteraciones de las articulaciones. Entre ellos se encuentra la osteoartritis, que suele desarrollarse progresivamente, mientras que otras formas tienen componentes inflamatorios, autoinmunes, metabólicos o infecciosos.
Por eso, el primer síntoma no siempre es un dolor intenso. En algunos casos comienza como una rigidez que aparece al levantarse o después de permanecer mucho tiempo sentado, una molestia que vuelve después de caminar o hacer ejercicio, o una articulación que progresivamente pierde parte de su movilidad.
¿Cuáles son los primeros síntomas de artritis?
Entre las señales que conviene observar se encuentran:
- Dolor persistente o recurrente en una articulación.
- Rigidez, especialmente después de períodos de inactividad.
- Hinchazón.
- Dificultad para mover completamente la articulación.
- Sensibilidad al tocarla o utilizarla.
- Sensación de que la articulación está menos flexible.
- Episodios repetidos de dolor que aparecen sin una lesión concreta.
La evolución es una de las pistas principales. En la osteoartritis, por ejemplo, el problema suele instalarse gradualmente, mientras que una lesión deportiva puede comenzar inmediatamente después de un golpe, una caída, una torsión o un movimiento determinado.
Sin embargo, la diferencia no siempre es sencilla. Una persona puede tener cambios articulares previos y posteriormente sufrir una lesión sobre esa misma articulación. También existen lesiones provocadas por sobreuso que aparecen progresivamente, sin un accidente claramente identificable.
¿Cómo distinguir artritis de una lesión deportiva?
El momento en que comenzó el dolor es uno de los datos más importantes.
Si una persona estaba realizando actividad física y, después de una caída, giro, golpe o movimiento brusco, apareció inmediatamente el dolor, aumenta la posibilidad de que exista una lesión aguda. Estas lesiones también pueden provocar hematomas, inflamación, debilidad, deformidad o dificultad para apoyar el peso.
En cambio, cuando el dolor aparece poco a poco, se repite durante semanas o meses y no existe un episodio traumático concreto, es importante considerar otras causas, entre ellas la artritis.
También hay que prestar atención a la evolución. Un dolor que cada vez limita más el movimiento o comienza a afectar el sueño, el trabajo, las caminatas o las actividades cotidianas merece una evaluación médica, independientemente de que haya comenzado durante la práctica deportiva o de forma espontánea.
¿Se puede prevenir la artritis?
No todas las formas de artritis pueden prevenirse. La edad, determinados factores genéticos y algunas enfermedades forman parte de los factores que no pueden modificarse. Sin embargo, existen elementos sobre los cuales sí es posible actuar.
El sobrepeso y la obesidad, por ejemplo, aumentan la carga sobre articulaciones que soportan peso y están asociados con un mayor riesgo de osteoartritis de rodilla. Las lesiones articulares también pueden aumentar posteriormente el riesgo de desarrollar osteoartritis en esa articulación.
Mantener un peso saludable, no fumar y realizar actividad física regularmente forman parte de las estrategias que pueden ayudar a proteger las articulaciones. El ejercicio de bajo impacto, como caminar, nadar o andar en bicicleta, puede contribuir a mantener la movilidad y fortalecer los músculos que ayudan a estabilizar las articulaciones.
Esto es importante porque tener dolor articular no significa que haya que dejar de moverse. La actividad física adecuada puede reducir el dolor y la rigidez en personas con artritis. Lo importante es adaptar la intensidad y evitar ejercicios que agraven claramente los síntomas.
¿Cómo prevenir las lesiones deportivas?
La prevención es especialmente importante cuando una persona entrena con frecuencia.
Entre los factores que aumentan el riesgo aparecen el sobreentrenamiento, aumentar demasiado rápido la intensidad, repetir continuamente el mismo movimiento, utilizar una técnica incorrecta o emplear calzado inadecuado.
Para reducir estos riesgos, los especialistas recomiendan comenzar progresivamente, realizar un calentamiento adecuado, incorporar diferentes tipos de actividad, respetar los períodos de recuperación y aprender correctamente la técnica del deporte practicado.
Una regla especialmente importante es no ignorar un dolor que cambia la manera de moverse. Continuar entrenando sobre una articulación dolorida puede transformar una molestia inicial en una lesión más importante.
¿Cuándo hay que consultar?
Una molestia leve después de una actividad física puede desaparecer con el descanso y la recuperación. Pero existen situaciones en las que no conviene esperar.
Se recomienda buscar valoración profesional cuando el dolor es intenso, persiste, empeora, interfiere con el sueño o las actividades diarias, o cuando la articulación no puede moverse normalmente. Después de una lesión, la presencia de una deformidad, incapacidad para utilizar la extremidad o un empeoramiento rápido también requiere atención.
La clave no está solamente en cuánto duele una articulación, sino en cómo comenzó el dolor y cómo evoluciona. Un golpe seguido de dolor inmediato apunta hacia un posible traumatismo; una molestia progresiva y recurrente puede requerir investigar un problema articular. Pero ninguna de estas señales permite establecer por sí sola un diagnóstico definitivo.
Cuidar las articulaciones desde antes del dolor
Las articulaciones reciben diariamente millones de movimientos y cargas. Protegerlas no significa evitar toda actividad física, sino mantenerse activo de manera inteligente: controlar el peso, fortalecer los músculos, variar los ejercicios, aumentar las cargas gradualmente, utilizar protección cuando corresponda y respetar las señales del organismo.
Además, la actividad física regular no solamente beneficia a las articulaciones. Ayuda a mantener la fuerza muscular, la movilidad, la salud cardiovascular y un peso adecuado. En personas con artritis, el ejercicio correctamente adaptado puede formar parte del propio manejo de los síntomas.
El dolor articular no debería considerarse automáticamente una consecuencia normal de la edad ni del deporte. Detectarlo temprano permite investigar su origen y actuar antes de que la limitación se convierta en un problema mayor. Cuando la molestia persiste, se repite o cambia la forma de caminar, entrenar o realizar actividades cotidianas, consultar a un profesional es la mejor manera de determinar si se trata de artritis, una lesión deportiva u otra condición.
Foto: Imagen ilustrativa
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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