A pocos días del Día de la Industria, que Paraguay conmemora cada 8 de septiembre, el sector manufacturero vuelve al centro del debate económico. Con 29.771 industrias registradas y 353.031 personas ocupadas, la actividad industrial representa actualmente el 19% del Producto Interno Bruto, equivalente a unos US$ 9.446 millones. El desafío para el país ya no consiste solamente en producir más, sino en transformar una mayor proporción de sus materias primas dentro del territorio nacional, generar tecnología, empleo formal y cadenas de proveedores capaces de competir internacionalmente.
La importancia de la industria está directamente relacionada con la capacidad de Paraguay para agregar valor a su producción primaria. Cuando la soja, la carne, la madera, los productos agrícolas u otras materias primas son exportados sin una transformación significativa, buena parte del proceso de generación de valor económico se realiza fuera del país. En cambio, cuando esas materias primas son procesadas localmente, se incorporan trabajadores, tecnología, transporte, energía, servicios financieros, logística y otros componentes que permiten que una proporción mayor de la riqueza permanezca en la economía paraguaya.
Los datos de comercio exterior muestran que este proceso ya está avanzando. Durante 2025, las manufacturas de origen agropecuario y de origen industrial alcanzaron exportaciones por US$ 6.311 millones, frente a US$ 5.692 millones en 2024, lo que representa un crecimiento del 11%. La cifra muestra que Paraguay no solamente está aumentando su producción industrial, sino que también está ampliando la presencia de bienes transformados en los mercados internacionales.
La industria también tiene un impacto importante sobre el empleo. Según los datos citados por ABC Color, las 29.771 industrias registradas concentran 353.031 personas ocupadas. El proceso de expansión manufacturera además está vinculado con una mayor formalización laboral: los datos mencionados por el Ministerio de Industria y Comercio señalan que la tasa de informalidad habría descendido desde aproximadamente 62% en 2020 hasta 55% en 2025.
Esta cuestión resulta especialmente importante para Paraguay porque una parte considerable del crecimiento del empleo todavía se concentra en actividades de menor productividad y remuneración. La expansión industrial puede cambiar esa estructura al generar puestos que requieren capacitación técnica, manejo de maquinaria, conocimientos tecnológicos, control de calidad, logística, administración y especialización productiva.
La industria paraguaya también está creciendo fuera de los sectores tradicionales
Uno de los ejemplos más visibles es la maquila, que se convirtió en una plataforma relevante para la producción destinada a los mercados internacionales. Las exportaciones bajo este régimen alcanzaron US$ 1.309 millones durante 2025 y generaron más de 35.000 empleos directos. En el primer semestre de 2026, las exportaciones de maquila llegaron a US$ 717 millones, un 25% más que en el mismo período de 2025.
Las autopartes tienen un peso importante dentro de esa estructura, mientras que también avanzan sectores como textiles, confecciones, productos químicos, alimentos y otros segmentos manufactureros. Esta diversificación es estratégica porque permite reducir gradualmente la dependencia de unas pocas actividades y ampliar la capacidad paraguaya para insertarse en diferentes cadenas internacionales de producción.
El crecimiento industrial, sin embargo, no significa que todos los sectores estén avanzando al mismo ritmo. Los últimos datos disponibles del Banco Central del Paraguay muestran que la manufactura acumulaba hasta mayo de 2026 un crecimiento de 3,2%, aunque en mayo registró una variación interanual negativa de 1,6%. Mientras crecieron actividades como aceites, productos químico-farmacéuticos, minerales no metálicos, metales comunes, cueros y calzados y papel, otras ramas —entre ellas carnes, lácteos, textiles, prendas de vestir, productos metálicos y maquinarias— tuvieron desempeños negativos.
Esta diferencia demuestra que el proceso de industrialización paraguayo todavía presenta importantes contrastes. Hay empresas que están incorporando tecnología, aumentando producción y mirando hacia mercados externos, mientras otras enfrentan problemas de costos, competencia internacional, infraestructura o acceso a determinados insumos.
El verdadero desafío está en crear una cadena industrial paraguaya
Uno de los puntos centrales señalados por el economista Rodrigo Ibarrola es que una fábrica no funciona de manera aislada. Alrededor de una planta industrial se desarrolla una red de proveedores, transportistas, empresas de servicios, software, seguros, capacitación, diseño, mantenimiento y logística.
Por esa razón, una nueva inversión industrial puede tener un efecto económico mucho mayor que el número de trabajadores contratados directamente. Cuanto mayor sea la participación de proveedores nacionales, mayor será también la posibilidad de que el valor generado por esa actividad permanezca dentro de Paraguay.
Aquí aparece uno de los principales desafíos estructurales: los encadenamientos productivos. Paraguay dispone de abundantes materias primas y tiene sectores primarios competitivos, pero muchas industrias todavía necesitan importar componentes, insumos, equipamientos y determinadas tecnologías. Desarrollar proveedores nacionales capaces de atender esas necesidades permitiría fortalecer la industria y reducir gradualmente determinadas dependencias externas.
Competitividad: más allá de los impuestos
Para acelerar la industrialización, el país deberá enfrentar problemas que van desde los costos de producción hasta la infraestructura, la burocracia y la seguridad jurídica. La discusión sobre competitividad, por tanto, no puede limitarse únicamente a la presión tributaria.
El acceso eficiente a rutas, puertos, energía, telecomunicaciones, financiamiento y servicios especializados también determina cuánto cuesta producir en Paraguay y qué tan competitivo puede ser un producto nacional frente a mercancías provenientes de Asia, Europa o América del Norte.
En un escenario internacional cada vez más competitivo, la ventaja de Paraguay no puede depender únicamente de disponer de energía relativamente abundante o de materias primas. El desafío consiste en convertir esas ventajas en productos con mayor contenido tecnológico y mayor valor agregado.
Una oportunidad para el Mercosur
El proceso adquiere todavía mayor relevancia dentro del Mercosur. Paraguay puede aprovechar su posición regional para integrarse a cadenas de producción compartidas con Brasil, Argentina y Uruguay, particularmente en sectores como autopartes, alimentos procesados, textiles, químicos, farmacéutica, tecnología y servicios vinculados a la industria.
La expansión de la industria paraguaya también puede contribuir a diversificar las exportaciones del bloque y generar nuevas oportunidades para pequeñas y medianas empresas que logren convertirse en proveedoras de industrias de mayor escala.
Los datos generales de comercio exterior muestran además un escenario favorable: a mayo de 2026, Paraguay registró exportaciones totales por US$ 7.910,6 millones, 16,4% más que en el mismo período del año anterior. Dentro de ese resultado, las exportaciones bajo el régimen de maquila alcanzaron US$ 596 millones según el reporte de comercio exterior del Banco Central para ese período.
El próximo salto debe ser tecnológico
El Día de la Industria encuentra a Paraguay en una etapa diferente a la de décadas anteriores. El país ya no solamente busca atraer fábricas para generar puestos de trabajo: necesita atraer industrias capaces de incorporar conocimiento, automatización, innovación y tecnología.
El objetivo de largo plazo es construir una estructura productiva en la que la materia prima paraguaya pueda transformarse cada vez más dentro del territorio, generando empleos de mayor calidad y desarrollando empresas nacionales alrededor de esas cadenas.
La industria representa, en definitiva, una de las principales herramientas que tiene Paraguay para pasar de una economía basada fundamentalmente en la producción de materias primas a una economía con mayor transformación, productividad y capacidad tecnológica. El crecimiento registrado demuestra que el proceso está en marcha, pero los propios indicadores muestran que todavía existe un amplio espacio para avanzar.
El desafío de los próximos años será conseguir que cada tonelada de materia prima, cada inversión y cada nueva fábrica generen más conocimiento, más proveedores paraguayos, más empleo formal y más productos capaces de competir en el Mercosur y en los mercados internacionales.
Foto: Gentileza / ABC Color
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