Nepal y China enfrentan, doce días después de las devastadoras riadas y avalanchas de lodo ocurridas en la cordillera del Himalaya, una de las mayores emergencias de los últimos años. El balance conjunto asciende a 1.384 fallecidos, mientras más de 5.500 personas continúan desaparecidas y los equipos de rescate mantienen abiertas las operaciones en zonas donde todavía se encuentran personas con vida entre túneles, viviendas destruidas y toneladas de barro.
En Nepal, la Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres (NDRRMA) informó que 1.341 cuerpos han sido recuperados, mientras que 4.996 personas permanecen desaparecidas. Entre ellas hay al menos 589 extranjeros, una cifra que refleja el impacto internacional de la catástrofe en una región frecuentada por trabajadores, turistas, peregrinos y viajeros que se desplazan hacia la zona del monte Kailash, en el Tíbet. Hasta el momento, solamente 98 cuerpos han podido ser identificados y entregados a sus familiares.
En el lado chino de la frontera, en la región autónoma del Tíbet, el balance oficial sitúa en 43 los fallecidos y 519 los desaparecidos. Entre estos últimos se encuentran 261 extranjeros procedentes de 23 países, según las autoridades citadas por Reuters. La zona más devastada es Gyirong, donde el gigantesco corrimiento de lodo destruyó prácticamente por completo el principal paso fronterizo entre China y Nepal.
La esperanza vuelve con cuatro rescates
Cuando ya habían transcurrido casi dos semanas desde la catástrofe, los equipos de emergencia consiguieron encontrar cuatro personas con vida durante los últimos días, un hecho que volvió a alimentar las esperanzas de localizar a más sobrevivientes.
Uno de los rescates más sorprendentes fue el de Chandika Kumari Shrestha, una mujer de edad avanzada que permaneció atrapada durante unos diez días dentro de los restos de su vivienda, en la localidad de Betrawati, distrito de Nuwakot. Su familia incluso había comenzado los rituales tradicionales de duelo al creer que había muerto. Los rescatistas escucharon finalmente su voz mientras inspeccionaban la estructura destruida y lograron sacarla después de una operación de unos 45 minutos. Fue trasladada a un hospital militar.
El caso demuestra hasta qué punto la supervivencia sigue siendo posible incluso en lugares que parecen completamente destruidos. Shrestha permaneció protegida en una pequeña bolsa de aire entre el barro y los restos de la vivienda, mientras a su alrededor gran parte de la localidad quedaba sepultada. Los equipos continúan utilizando palas, maquinaria pesada y silbatos para intentar detectar señales de personas atrapadas.
Otro rescate extraordinario fue el del ciudadano chino Lu Haitao, de 49 años, quien pasó aproximadamente diez días atrapado dentro de un túnel de una central hidroeléctrica. El túnel tenía unos 225 metros de longitud y había quedado aislado por las inundaciones. Lu logró desplazarse hacia una zona elevada y sobrevivió hasta que los equipos de rescate consiguieron llegar hasta él. Fue evacuado en helicóptero y trasladado a un hospital en condición estable.
El propio sobreviviente relató que llegó a pensar que los sonidos de los rescatistas eran producto de su imaginación. Cuando finalmente vio las luces de los equipos de emergencia, dijo que ya había perdido la esperanza de ser encontrado. Su familia en China llevaba días sin noticias y solamente pudo confirmar el rescate cuando vio las imágenes difundidas por los medios.
También fueron rescatados otros trabajadores que permanecían atrapados en instalaciones hidroeléctricas. Las autoridades estiman que alrededor de 900 trabajadores vinculados a 12 proyectos hidroeléctricos continúan desaparecidos, con centenares posiblemente atrapados en túneles. Por eso, estas instalaciones se han convertido en algunos de los principales puntos de búsqueda.
Una operación gigantesca continúa en Nepal
La dimensión de la emergencia puede medirse también por la cantidad de personas que han sido evacuadas. Según el Ministerio de Asuntos Exteriores de Nepal, 13.104 personas habían sido rescatadas hasta el 6 de septiembre, incluidos más de 300 extranjeros. Además, unas 6.075 personas heridas habían recibido atención médica y miles de damnificados permanecían alojados en centros de emergencia.
Más de 21.000 integrantes de las fuerzas de seguridad nepalesas participan en las tareas de búsqueda, rescate y asistencia. A ellos se suman equipos internacionales, entre ellos especialistas procedentes de India, China, Corea del Sur, Estados Unidos y Malasia, además de equipos con drones y tecnología especializada para localizar personas bajo los escombros.
La dificultad es extrema. Grandes cantidades de barro se han compactado hasta adquirir una consistencia similar al hormigón, mientras carreteras y puentes fueron destruidos y numerosos sectores permanecen aislados. En algunas áreas, los cuerpos han sido arrastrados por los ríos durante cientos de kilómetros, complicando todavía más la identificación y la recuperación.
Gyirong quedó convertido en un campo de barro
En China, la imagen más dramática se encuentra en Gyirong, donde anteriormente funcionaba uno de los principales pasos fronterizos con Nepal. Reuters constató que prácticamente no queda rastro del edificio de aduanas de cinco pisos que existía antes de la tragedia.
Los rescatistas trabajan con excavadoras, palas y radares de penetración terrestre. Las autoridades están tomando huellas dactilares y registrando características físicas, incluidos tatuajes, para intentar identificar los cuerpos recuperados. También se han recogido 993 objetos personales encontrados entre los restos.
La identificación representa uno de los problemas más delicados de la emergencia. Familias y diplomáticos de diferentes países han reclamado mayor información sobre los desaparecidos, mientras continúan las dificultades para realizar pruebas de ADN y acceder a determinados registros que podrían ayudar a establecer la identidad de las víctimas.
Gyirong tenía además una enorme importancia económica y religiosa. Era una vía fundamental para el comercio entre Nepal y el Tíbet y también un punto de tránsito para peregrinos que se dirigían hacia el monte Kailash, considerado sagrado por hinduistas y budistas.
¿Por qué ocurrió una tragedia de esta magnitud?
El desastre comenzó el 26 de agosto, cuando un colapso de hielo y roca en la región montañosa provocó una enorme descarga de agua, barro y sedimentos que descendió violentamente por los valles. La fuerza de la corriente destruyó viviendas, carreteras, puentes, instalaciones hidroeléctricas y el paso fronterizo de Gyirong.
Los especialistas consideran que el episodio está relacionado con un colapso glaciar, aunque la investigación científica sobre la secuencia exacta de acontecimientos continúa. El riesgo no termina con la primera inundación: los desprendimientos pueden bloquear cursos de agua y crear nuevas acumulaciones que posteriormente colapsen.
China informó que ha identificado más de 3.000 lagos glaciares, de los cuales 187 están clasificados como de alto riesgo y son objeto de vigilancia mediante sensores remotos o inspecciones terrestres. El desastre ha reavivado el debate sobre la necesidad de mejorar los sistemas de alerta temprana en todo el Himalaya.
Una emergencia que todavía no tiene un balance definitivo
Doce días después de la catástrofe, 1.384 muertos es un balance confirmado, no necesariamente el número final de víctimas. Casi 5.500 personas continúan desaparecidas según la suma de los balances oficiales de Nepal y China, y todavía existen zonas a las que los equipos de rescate no han podido acceder completamente.
Al mismo tiempo, los rescates de Shrestha, Lu Haitao y otros sobrevivientes demuestran que la posibilidad de encontrar personas con vida no ha desaparecido. Cada túnel, edificio colapsado o bolsa de aire representa una nueva oportunidad, aunque las probabilidades disminuyen con el paso del tiempo.
La tragedia también deja una dimensión humana que va más allá de las estadísticas. En Nepal ya se realizan entierros colectivos de cuerpos que todavía no han podido ser identificados, mientras miles de familias continúan esperando noticias. En algunas comunidades, niños han perdido a sus padres y familias enteras han desaparecido bajo el barro.
La emergencia del Himalaya entra así en una etapa decisiva: recuperar e identificar a las víctimas, encontrar a los desaparecidos y sostener a quienes sobrevivieron. Pero los rescates extraordinarios de los últimos días mantienen abierta una pequeña ventana de esperanza. Mientras las máquinas remueven toneladas de barro y los equipos escuchan cualquier señal entre los escombros, Nepal y China todavía buscan respuestas para una tragedia cuyo verdadero costo humano tardará mucho tiempo en conocerse.
Foto: Arun Sankar / AFP / ABC Color
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