Un tipo de partícula presente en la sangre está recibiendo una atención creciente de los especialistas en cardiología porque puede permanecer elevada durante años sin provocar síntomas y, al mismo tiempo, contribuir al desarrollo de enfermedad cardiovascular. Se trata de la lipoproteína(a), conocida como Lp(a), que en algunos artículos es denominada de manera coloquial “colesterol pegajoso”.
La expresión no corresponde a un diagnóstico médico. Se utiliza para describir conjuntamente al LDL y a la Lp(a), partículas relacionadas con la formación de placas dentro de las arterias. El problema es que una persona puede tener un análisis de colesterol convencional que no revele toda la información necesaria para conocer su riesgo cardiovascular.
¿Qué es realmente la lipoproteína(a)?
La Lp(a) se parece estructuralmente al LDL, conocido popularmente como colesterol “malo”, pero contiene además una proteína denominada apolipoproteína(a). Esta característica le confiere propiedades aterogénicas, trombogénicas e inflamatorias: puede participar en la acumulación de placa arterial y en mecanismos relacionados con la formación de coágulos y la inflamación vascular.
Los niveles elevados de Lp(a) están asociados con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica y también con estenosis de la válvula aórtica. Una particularidad importante es que la concentración de esta partícula está determinada principalmente por la genética y suele permanecer relativamente estable durante gran parte de la vida.
La Cleveland Clinic estima que entre el 20% y el 25% de la población mundial presenta niveles elevados de Lp(a). Sin embargo, muchas personas desconocen su concentración porque la medición no forma parte habitualmente del perfil lipídico convencional.
El problema: puede pasar inadvertida
El colesterol elevado generalmente no provoca síntomas durante las primeras etapas. Una persona puede sentirse completamente saludable mientras el proceso de aterosclerosis avanza silenciosamente.
Además, un análisis habitual suele incluir colesterol total, LDL, HDL y triglicéridos, pero normalmente no incorpora la Lp(a). Para conocer ese valor es necesario solicitar una prueba específica.
Esta situación está cambiando. Las nuevas recomendaciones de la American Heart Association y el American College of Cardiology establecen que la Lp(a) debería medirse al menos una vez durante la edad adulta para mejorar la evaluación del riesgo cardiovascular.
¿Cuánto aumenta el riesgo?
La nueva guía estadounidense considera elevada una concentración de Lp(a) de aproximadamente 125 nmol/L, equivalente a 50 mg/dL, y señala que ese nivel se relaciona con un aumento relativo aproximado del 40% del riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica frente a concentraciones mucho menores.
A partir de 250 nmol/L, o unos 100 mg/dL, la estimación de riesgo relativo llega aproximadamente al doble. Con concentraciones todavía mayores, el riesgo puede aumentar considerablemente. Estas cifras son referencias poblacionales y no permiten determinar por sí solas el riesgo individual de una persona.
Por eso, un resultado elevado no debe interpretarse de manera aislada. La presión arterial, el LDL, la diabetes, el tabaquismo, el peso, los antecedentes familiares y otros factores deben analizarse conjuntamente.
La presión arterial puede ser especialmente importante
Un aspecto destacado en la investigación reciente es la posible interacción entre Lp(a) elevada e hipertensión.
El especialista en medicina cardiovascular Rishi Rikhi explicó a Medical News Today, según recoge Infobae, que la combinación de Lp(a) elevada y presión arterial alta estuvo asociada con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y de eventos cardiovasculares importantes en personas que no habían sufrido previamente un infarto o accidente cerebrovascular. El mismo análisis no observó el mismo incremento entre quienes tenían Lp(a) elevada pero no hipertensión.
Los investigadores plantean como posible explicación que la hipertensión puede dañar el endotelio, la capa interna de los vasos sanguíneos, creando un entorno en el que los efectos aterogénicos e inflamatorios de la Lp(a) podrían adquirir mayor relevancia. Esta explicación todavía debe seguir siendo estudiada.
¿Se puede reducir con dieta y ejercicio?
Aquí aparece una diferencia importante respecto del LDL.
La alimentación saludable, la actividad física, el control del peso, el abandono del tabaco y el buen descanso continúan siendo fundamentales para disminuir el riesgo cardiovascular general. Sin embargo, estos hábitos tienen poca influencia directa sobre la concentración de Lp(a) porque su nivel está determinado principalmente por la genética.
Esto no significa que una persona con Lp(a) elevada no deba cuidar su alimentación o hacer ejercicio. Por el contrario, controlar los demás factores de riesgo puede ser especialmente importante cuando existe una concentración elevada de esta partícula.
La guía cardiovascular brasileña de 2025 también recomienda medir la Lp(a) al menos una vez en la vida y utilizar el resultado para mejorar la evaluación del riesgo y reforzar el control de los factores modificables.
¿Existe un medicamento específico?
Por el momento, no existe un medicamento aprobado específicamente con el único objetivo de reducir la Lp(a). El manejo médico se concentra principalmente en controlar de manera más rigurosa otros factores cardiovasculares, especialmente el LDL y la presión arterial.
Algunos tratamientos utilizados para reducir el colesterol LDL también pueden producir cierta disminución de Lp(a), pero no fueron desarrollados específicamente para eliminar este riesgo.
La investigación farmacológica continúa avanzando y existen tratamientos dirigidos específicamente contra la Lp(a) en distintas etapas de desarrollo clínico. El objetivo es determinar si reducir de forma importante esta partícula se traduce efectivamente en menos infartos, accidentes cerebrovasculares y otros eventos cardiovasculares.
Una prueba que puede cambiar la evaluación del riesgo
La recomendación de medir la Lp(a) al menos una vez en la vida representa un cambio importante en la evaluación del colesterol. No se trata de sustituir el análisis convencional, sino de añadir una pieza que puede haber permanecido oculta.
Una persona con LDL aparentemente controlado puede presentar una Lp(a) elevada y, por tanto, requerir una evaluación cardiovascular más completa. Del mismo modo, un resultado elevado no significa que necesariamente vaya a sufrir un infarto: indica un factor de riesgo que debe ser considerado junto con el resto de la historia clínica.
Los antecedentes familiares también tienen importancia. Debido al fuerte componente genético de la Lp(a), las nuevas recomendaciones contemplan la posibilidad de estudiar a familiares de primer grado cuando existe una concentración elevada, especialmente cuando hay antecedentes de enfermedad cardiovascular prematura.
El llamado “colesterol pegajoso” pone de manifiesto una de las dificultades de la prevención cardiovascular: algunos de los factores que pueden aumentar el riesgo no producen síntomas y ni siquiera aparecen en los análisis de sangre más habituales. Por eso, conocer la Lp(a), controlar el LDL, mantener la presión arterial bajo control y evaluar los antecedentes familiares puede proporcionar una visión mucho más completa de la salud cardiovascular.
Foto: Infobae / Imagen ilustrativa
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Periodista prensa mercosur
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