El papa León XIV llamó a instituciones, empresas, trabajadores, universidades, comunidades y organizaciones sociales a asumir una responsabilidad compartida frente a los grandes desafíos sociales, ambientales y tecnológicos, y advirtió que el verdadero progreso pierde su sentido cuando deja de estar al servicio de la persona.
El mensaje fue pronunciado el 12 de septiembre en la Sala del Consistorio del Vaticano, durante el encuentro “Fratelli tutti: diálogo socioambiental Norte-Sur”, promovido por la Pontificia Comisión para América Latina junto con el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), la Conferencia Eclesial de la Amazonía y la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos. El encuentro reunió a representantes de distintos sectores sociales, económicos, sindicales, empresariales, universitarios y eclesiales de las Américas.
La preocupación central de León XIV estuvo vinculada con la forma en que el desarrollo económico y tecnológico está transformando las sociedades. El pontífice sostuvo que pueden producirse nuevas “ruinas” cuando el progreso deja de servir a la persona, cuando el trabajo pierde su dignidad, cuando comunidades enteras quedan relegadas o cuando la tecnología profundiza las divisiones que debería ayudar a superar.
En ese contexto, el Papa planteó una pregunta que resume buena parte de su mensaje: no se trata solamente de decidir si una determinada herramienta tecnológica debe aceptarse o rechazarse, sino de preguntarse qué tipo de humanidad se quiere construir y qué lugar tendrá cada persona dentro de ella. Esta perspectiva adquiere especial importancia frente al desarrollo acelerado de la inteligencia artificial y de otras tecnologías capaces de modificar profundamente el trabajo, la educación, la economía y las relaciones sociales.
León XIV insistió además en que el desarrollo debe ser humano, sostenible y solidario. Para el pontífice, la prosperidad no puede medirse únicamente mediante indicadores económicos si al mismo tiempo aumenta la exclusión o se trasladan los costos sociales y ambientales hacia las comunidades más vulnerables. La doctrina social de la Iglesia, afirmó, puede ofrecer criterios para evaluar si las decisiones realmente respetan la dignidad humana y contribuyen al bien común.
Uno de los conceptos centrales de su intervención fue el diálogo entre el Norte y el Sur. El Papa destacó que las diferencias entre países, instituciones y sectores sociales no necesariamente deben convertirse en fragmentación. Por el contrario, pueden transformarse en una fuente de cooperación si existe voluntad para escuchar posiciones diferentes y buscar soluciones compartidas.
En este punto, León XIV fue especialmente directo: el diálogo auténtico no consiste simplemente en mantener relaciones cordiales. Significa permanecer en la mesa de negociación incluso cuando aparecen intereses contrapuestos y cuando alcanzar acuerdos exige realizar renuncias concretas. Por eso pidió cultivar una “cultura del negociado” capaz de abrir caminos allí donde las diferencias parecen impedir cualquier entendimiento.
La propuesta adquiere una dimensión particularmente significativa para América Latina y Estados Unidos, regiones que enfrentan profundas diferencias económicas y sociales, pero que también comparten problemas como la desigualdad, la migración, la crisis ambiental, la transformación del empleo y los efectos de las nuevas tecnologías.
León XIV recurrió además a la figura bíblica de Nehemías, encargado de reconstruir las murallas de Jerusalén, para explicar la responsabilidad que corresponde a las generaciones actuales. Según el pontífice, hoy también existen “obras” que necesitan ser reconstruidas y protegidas: desde los laboratorios de investigación y las empresas tecnológicas hasta las escuelas, los medios de comunicación, las instituciones y las comunidades locales.
La referencia tiene especial relevancia frente a la inteligencia artificial. En su encíclica Magnifica Humanitas, publicada en mayo de 2026, León XIV sostiene que las innovaciones tecnológicas no son neutrales y pueden ampliar tanto la participación y la justicia como las desigualdades, el control y la exclusión. Por ello plantea que deben ser evaluadas según su capacidad para hacer crecer a las personas y a los pueblos en humanidad y fraternidad.
El pontífice también defendió la participación de diferentes actores en las decisiones que determinarán el futuro. Empresas, trabajadores, gobiernos, universidades, comunidades y organizaciones sociales tienen responsabilidades distintas, pero complementarias. Ninguno de estos sectores, según su planteamiento, puede reconstruir por sí solo las estructuras sociales deterioradas.
El mensaje concluyó con una advertencia y, al mismo tiempo, con una propuesta: el progreso de nuestro tiempo no debería dejar nuevas ruinas a su paso. Todo aquello que la humanidad construya —tecnología, instituciones, empresas, sistemas educativos o nuevas formas de cooperación— debería convertirse en una verdadera casa y refugio para todos, especialmente para quienes se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad.
La intervención de León XIV coloca así la cuestión tecnológica dentro de un debate mucho más amplio: qué sociedad quiere construir el mundo mientras avanza hacia una etapa marcada por la inteligencia artificial, la automatización y profundas transformaciones económicas. Para el Papa, la respuesta no puede limitarse a cuánto puede avanzar la tecnología, sino que debe incluir una pregunta esencial: cuánto puede contribuir ese avance a hacer más humana la vida de las personas.
Foto: Vatican News / Santa Sede
ACERCA DEL CORRESPONSAL
JAVIER PERTIERRA
Javier Antón Pertierra, un destacado jurista y comunicador español con una trayectoria diversificada:
Periodismo y Comunicación: Es el Director para la Unión Europea de Prensa Mercosur y presentador del podcast "Enlace Iberoamericano", donde analiza temas de actualidad internacional, tecnología (como IA y Blockchain) y política.
Perfil Jurídico: Es abogado especialista en Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs) y asesor jurídico.
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