La visita del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, a Colombia, Ecuador y Perú, realizada entre el 8 y el 10 de septiembre, puso de manifiesto una nueva etapa de cooperación en materia de seguridad, lucha contra el narcotráfico y crimen organizado. La Casa Blanca busca fortalecer sus vínculos con gobiernos sudamericanos que han colocado la seguridad entre sus principales prioridades, mientras los tres países buscan ampliar el respaldo estadounidense para enfrentar organizaciones criminales que operan de manera transnacional.
La gira comenzó en Barranquilla, Colombia, donde Rubio se reunió con el presidente Abelardo de la Espriella. Ambos gobiernos respaldaron la incorporación de Colombia al denominado Escudo de las Américas, una iniciativa de cooperación regional contra redes criminales. Colombia también presentó su plan de seguridad “Patriota Siglo XXI” y planteó la necesidad de reforzar capacidades de inteligencia, vigilancia y lucha contra el narcotráfico.
Uno de los principales asuntos tratados fue la producción y circulación de cocaína. Datos citados por Infobae señalan que Colombia registró en 2023 una producción estimada de 2.664 toneladas, mientras que Perú ocupa el segundo lugar mundial. El tráfico generado en ambos países utiliza rutas que atraviesan Ecuador antes de alcanzar mercados de Norteamérica, Europa y Asia, convirtiendo al corredor andino en un componente central de la estrategia estadounidense contra el narcotráfico.
La segunda escala fue Ecuador, donde la situación de seguridad tiene características particularmente graves. Durante la visita, Estados Unidos anunció la designación de la organización criminal Los Tiguerones como grupo terrorista y Rubio planteó obtener hasta 45 millones de dólares del Congreso estadounidense para respaldar operaciones contra organizaciones de este tipo. Washington considera a Ecuador uno de sus principales socios regionales en la lucha contra el narcotráfico.
La cooperación ecuatoriano-estadounidense incluye además operaciones de seguridad, intercambio de información y apoyo a las fuerzas encargadas de combatir a las organizaciones criminales. El Gobierno ecuatoriano ha buscado ampliar la cooperación internacional ante el crecimiento de la violencia relacionada con el narcotráfico, mientras Estados Unidos pretende convertir esa colaboración en un componente estable de su estrategia hemisférica.
La tercera escala fue Lima, donde Rubio se reunió con la presidenta Keiko Fujimori. Allí se confirmó la incorporación de Perú al Escudo de las Américas, ampliando la red de países que participan en esta iniciativa estadounidense de cooperación contra el crimen organizado transnacional. Rubio destacó públicamente la disposición peruana para profundizar la coordinación en materia de seguridad.
La agenda peruana también tiene una dimensión económica y geopolítica. El país mantiene una relación comercial importante con China, especialmente por el puerto de Chancay, una infraestructura estratégica de participación china que ha despertado atención en Washington. Durante la visita, Fujimori señaló que Perú continuará manteniendo relaciones comerciales con países de Asia, el Pacífico y Europa, además de Estados Unidos.
El componente chino aparece así como un elemento adicional de la estrategia estadounidense. Washington ha manifestado preocupación por la creciente presencia de Pekín en sectores considerados estratégicos, entre ellos puertos, infraestructura, telecomunicaciones, energía y minerales críticos. Durante su gira, Rubio vinculó la seguridad hemisférica con la necesidad de fortalecer las relaciones económicas y estratégicas entre Estados Unidos y los países de la región.
La cuestión de la soberanía también forma parte del debate. Los gobiernos involucrados presentan la cooperación con Washington como una herramienta para aumentar sus capacidades frente al crimen organizado, mientras algunos analistas y sectores políticos cuestionan las consecuencias que podría tener una participación estadounidense más profunda en operaciones de seguridad. La discusión incluye asuntos como la presencia de personal extranjero, jurisdicción, derechos humanos y autonomía en la toma de decisiones.
Para Washington, el escenario representa una oportunidad para recuperar protagonismo en América Latina después de años en los que China incrementó su presencia económica y diplomática. Para Colombia, Ecuador y Perú, la cooperación estadounidense puede significar acceso a tecnología, capacitación, inteligencia, equipamiento y recursos destinados a enfrentar organizaciones criminales con capacidad para operar más allá de las fronteras nacionales.
La gira también tiene consecuencias para el equilibrio político sudamericano. Brasil y México no forman parte de esta nueva configuración de cooperación impulsada por Washington, mientras Colombia, Ecuador y Perú han profundizado sus vínculos con la administración Trump. En el caso peruano, la incorporación al Escudo de las Américas constituye un paso concreto dentro de esa nueva arquitectura regional de seguridad.
Para los países del Mercosur, el movimiento merece atención porque modifica el entorno estratégico sudamericano. Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay mantienen sus propias agendas de cooperación en seguridad, comercio y relaciones internacionales, al tiempo que la creciente competencia entre Estados Unidos y China obliga a los gobiernos de la región a administrar relaciones simultáneas con las dos principales potencias económicas mundiales.
La gira de Rubio, por tanto, no se limita a una serie de reuniones diplomáticas. Colombia, Ecuador y Perú están construyendo nuevos mecanismos de cooperación con Estados Unidos alrededor de la seguridad y el combate al crimen organizado, mientras Washington intenta consolidar una red de socios en Sudamérica y responder al avance de otras potencias en sectores estratégicos.
El resultado será observado de cerca por el resto de América Latina. La evolución de estos acuerdos permitirá determinar hasta dónde llegará la cooperación en seguridad, qué recursos serán finalmente destinados a los países participantes y cómo se compatibilizarán las nuevas alianzas con la soberanía y las relaciones comerciales que cada nación mantiene con otros actores internacionales.
Foto: AP / Infobae
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Periodista prensa mercosur
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