El orgasmo suele estar asociado con relajación y bienestar, pero algunas personas experimentan síntomas físicos, emocionales o cognitivos inmediatamente después de la actividad sexual. Estas manifestaciones pueden ser pasajeras y no necesariamente indican una enfermedad, pero cuando aparecen de forma repetida, intensa o interfieren con la vida cotidiana, requieren una evaluación médica.
Uno de los fenómenos estudiados es la llamada disforia poscoital, que consiste en la aparición de emociones negativas después de una relación sexual consensuada o de otra actividad sexual. Puede manifestarse como tristeza, irritabilidad, ansiedad, llanto, sensación de vacío o malestar emocional sin una causa evidente. Una revisión publicada en 2026 señala que se trata de un fenómeno poco reconocido clínicamente y que todavía no está incluido como diagnóstico formal en las principales clasificaciones médicas.
La investigación también demuestra que los síntomas posteriores a la actividad sexual son mucho más variados de lo que tradicionalmente se pensaba. En un estudio realizado con hombres y mujeres aparecieron, además de tristeza e irritabilidad, cambios de humor, frustración, sensación de infelicidad, baja energía y dificultades emocionales. Una parte de los participantes manifestó estos síntomas específicamente después del orgasmo.
Existe además una condición mucho más rara denominada síndrome de enfermedad posorgásmica, conocida como POIS por sus siglas en inglés. A diferencia de la disforia poscoital, aquí predominan síntomas físicos y cognitivos que pueden comenzar pocos minutos u horas después de la eyaculación.
Las personas afectadas pueden presentar una combinación de agotamiento extremo, debilidad muscular, sensación similar a la gripe, escalofríos, sudoración, congestión nasal, estornudos, ojos irritados o llorosos, dolor de cabeza, dificultad para concentrarse, problemas de memoria, irritabilidad y una sensación característica de “niebla mental”. Los síntomas pueden mantenerse durante varios días.
El POIS continúa siendo poco comprendido. Una revisión de la literatura publicada en 2024 encontró que los síntomas suelen comenzar rápidamente después de la eyaculación y que la fatiga, las dificultades de concentración y la irritabilidad están entre las manifestaciones más frecuentes. Los investigadores consideran diferentes hipótesis sobre su origen, entre ellas mecanismos inmunológicos, aunque todavía no existe una explicación definitiva.
Los estudios también muestran que no todas las personas presentan exactamente el mismo cuadro. Algunas pueden experimentar principalmente cansancio y dificultades cognitivas, mientras que otras desarrollan síntomas semejantes a una infección respiratoria, molestias musculares, alteraciones del estado de ánimo o problemas relacionados con los ojos y la nariz. En investigaciones clínicas se han observado incluso casos en los que aparecen síntomas después de una excitación sexual intensa sin que necesariamente se produzca la eyaculación.
Una diferencia importante es que sentir sueño, relajación o una breve disminución de energía después del orgasmo puede formar parte de una respuesta fisiológica normal. También puede existir ocasionalmente tristeza o sensibilidad emocional sin que ello signifique que exista un síndrome. Lo que merece atención es la aparición repetida de síntomas intensos, especialmente cuando se presentan después de prácticamente cada experiencia sexual y afectan las relaciones personales, el trabajo o la calidad de vida.
En el caso del POIS, todavía no existe un tratamiento único y universalmente establecido. Una revisión sistemática publicada recientemente encontró estudios sobre diferentes alternativas, entre ellas antihistamínicos, antiinflamatorios, tratamientos hormonales y otros medicamentos, pero la evidencia sigue siendo limitada debido a la rareza de la enfermedad y al reducido número de estudios clínicos disponibles.
Por esa razón, no es recomendable intentar automedicarse ni asumir que cualquier malestar después del orgasmo corresponde al síndrome de enfermedad posorgásmica. Un médico puede valorar el momento de aparición de los síntomas, su duración, frecuencia, medicamentos utilizados, antecedentes de salud y otras posibles causas.
También es importante diferenciar estas condiciones de problemas que requieren atención inmediata. Dolor intenso en el pecho, dificultad para respirar, pérdida del conocimiento, síntomas neurológicos repentinos o una reacción alérgica grave después de la actividad sexual requieren atención médica urgente.
La sexualidad humana involucra sistemas neurológicos, hormonales, cardiovasculares, psicológicos e inmunológicos. Por eso, las molestias posteriores al orgasmo no deben ser ignoradas cuando se repiten, pero tampoco deben interpretarse automáticamente como una enfermedad. La evaluación profesional permite distinguir entre una respuesta normal del organismo, un problema emocional relacionado con la actividad sexual y condiciones poco frecuentes como el POIS.
La ciencia todavía está intentando comprender por qué algunas personas experimentan estas respuestas y otras no. A medida que aumentan las investigaciones, también crece la posibilidad de reconocer antes a quienes sufren estos cuadros y desarrollar tratamientos más específicos.
Foto: Shutterstock / Infobae
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