
Una investigación elaborada por el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo (CCRD) concluye que la actual crisis económica cubana ha ampliado las desigualdades históricas entre la población blanca y la población negra y mestiza. El informe advierte que las diferencias en ingresos, vivienda, empleo y acceso a remesas se han intensificado desde 2020, afectando de manera desproporcionada a las comunidades afrodescendientes.
La profunda crisis económica que atraviesa Cuba no afecta por igual a todos sus habitantes. Un estudio reciente elaborado por el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo (CCRD) sostiene que las personas negras y mestizas soportan una carga significativamente mayor de las dificultades económicas, debido a desigualdades estructurales que existían antes de la actual recesión y que se agravaron con la pandemia de COVID-19, el incremento de la inflación, la escasez de alimentos y el deterioro del sistema productivo.
La investigación señala que las diferencias asociadas al color de la piel continúan reflejándose en el mercado laboral, el acceso a empleos mejor remunerados, la calidad de la vivienda, la capacidad de recibir remesas del exterior y las oportunidades para incorporarse al sector privado emergente. Estos factores han generado una brecha socioeconómica que, lejos de reducirse, se ha ampliado durante los últimos años.
Uno de los factores que más influye en esta desigualdad es el acceso a divisas. Desde la apertura de establecimientos que comercializan productos básicos en monedas extranjeras y la creciente dolarización parcial de la economía, las familias que reciben remesas del exterior han logrado afrontar mejor el aumento del costo de vida. Sin embargo, el estudio indica que los hogares afrodescendientes reciben con menor frecuencia ese tipo de apoyo económico debido a diferencias históricas en los procesos migratorios, lo que limita su capacidad para enfrentar la inflación y el desabastecimiento.
La situación económica general del país continúa deteriorándose. La inflación mantiene elevados los precios de los alimentos, los medicamentos y los productos básicos, mientras los apagones prolongados, la escasez de combustible y las dificultades para sostener la producción agrícola e industrial afectan la vida cotidiana de millones de cubanos. Paralelamente, la emigración ha alcanzado niveles sin precedentes: desde 2022 más de un millón de personas han abandonado la isla en busca de mejores oportunidades, una de las mayores olas migratorias de la historia cubana.
El informe también advierte que las desigualdades se reflejan en la distribución territorial. Los barrios con mayores niveles de pobreza presentan, en muchos casos, una mayor concentración de población afrodescendiente, viviendas con peor infraestructura, mayores dificultades de acceso a servicios y menores oportunidades de inserción en actividades económicas vinculadas al turismo o al sector privado. Estas condiciones reducen las posibilidades de movilidad social y perpetúan las diferencias entre distintos grupos de la población.
Especialistas consultados por IPS consideran que la crisis actual no creó estas brechas, sino que aceleró problemas acumulados durante décadas. La combinación de inflación, pérdida del poder adquisitivo, reformas económicas incompletas y menor disponibilidad de recursos estatales ha impactado con mayor fuerza sobre los sectores más vulnerables, donde la representación de población negra y mestiza es proporcionalmente mayor.
A ello se suma el deterioro demográfico. La disminución de la población, provocada por la baja natalidad y la emigración masiva, reduce la fuerza laboral disponible y limita la capacidad de recuperación económica. Al mismo tiempo, la salida de profesionales y trabajadores calificados incrementa las dificultades para mantener servicios esenciales y reactivar sectores estratégicos de la economía.
Diversos analistas coinciden en que reducir estas desigualdades requerirá políticas públicas que mejoren el acceso al empleo, la educación, el crédito, la vivienda y las oportunidades de emprendimiento, además de medidas para contener la inflación y estimular la producción nacional. También señalan la importancia de generar información estadística más detallada sobre las condiciones socioeconómicas de los distintos grupos de población para diseñar programas focalizados y evaluar sus resultados.
El estudio del CCRD concluye que la crisis económica cubana no solo representa un desafío macroeconómico, sino también un reto en materia de equidad social. A medida que aumentan la pobreza, la inflación y la emigración, las diferencias históricas entre distintos sectores de la población se hacen más visibles. El informe sostiene que abordar esas brechas será uno de los principales desafíos para cualquier estrategia de recuperación económica y cohesión social que se impulse en el país durante los próximos años.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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