Alrededor de 300 cisternas bolivianas cargadas con diésel permanecen detenidas desde hace entre cinco y seis días en Arica, Chile, a la espera de la documentación DIM que les permita continuar su recorrido hacia Bolivia. La situación fue denunciada por los propios transportistas, quienes advierten que el retraso no solo demora la llegada del combustible a distintas regiones bolivianas, sino que también está elevando sus costos de permanencia en territorio chileno.
Los conductores explicaron que las cisternas ya se encuentran cargadas con combustible destinado a diferentes regiones de Bolivia. Sin embargo, mientras esperan la documentación necesaria para continuar el trayecto, los vehículos permanecen inmovilizados en Arica. Los transportistas reclaman que los trámites sean agilizados para poder retomar la ruta y entregar el diésel en territorio boliviano.
El problema adquiere una dimensión mayor debido al contexto de dificultades que atraviesa Bolivia para garantizar el suministro de combustibles. En las últimas semanas, el Gobierno ha buscado ampliar y diversificar las vías de importación, mientras diferentes sectores cuestionan los mecanismos de distribución y los tiempos que demanda el traslado del carburante hasta los puntos de consumo.
La propia información oficial del Ministerio de Hidrocarburos y Energías mantiene un sistema de monitoreo de las importaciones y del desplazamiento de cisternas, en un intento por seguir el recorrido del combustible desde los puntos de ingreso hasta su distribución interna. El Gobierno también viene impulsando nuevas alternativas de abastecimiento para reducir la presión sobre las rutas tradicionales.
Una de esas alternativas comenzó a tomar forma esta semana con la llegada prevista de diésel importado desde Brasil hacia el departamento de Beni. La primera cisterna, con unos 35.000 litros, fue presentada por la Gobernación beniana como el inicio de una posible ruta alternativa para el abastecimiento privado de combustible. La intención es ampliar posteriormente el flujo mediante el corredor que conecta Rondônia con Bolivia.
El contraste es significativo: mientras Bolivia intenta abrir nuevas rutas de ingreso de carburantes, cientos de camiones cargados permanecen detenidos en uno de sus principales corredores tradicionales de importación. Arica es un punto estratégico para el comercio exterior boliviano y, en julio, YPFB informó que había comenzado en ese puerto la descarga de aproximadamente 48 millones de litros de diésel destinados a Bolivia, después de superar dificultades logísticas vinculadas con las condiciones de marea.
Para los transportistas, cada jornada adicional representa también un impacto económico directo. Los conductores denunciaron que deben asumir personalmente los gastos de alimentación y permanencia durante la espera. Según sus testimonios, una comida puede costar alrededor de 40 bolivianos, mientras que un pollo puede alcanzar los 75 bolivianos, motivo por el cual algunos optaron por preparar sus propios alimentos para reducir gastos.
La situación también pone de manifiesto la importancia de la documentación y de los procedimientos administrativos en una cadena logística que involucra a Bolivia y Chile. En este caso, los transportistas identifican específicamente la falta de la documentación DIM como el obstáculo que impide a las cisternas abandonar Arica y continuar hacia su destino. Hasta el momento, la denuncia publicada no incluye una explicación oficial de las autoridades chilenas o bolivianas sobre las razones concretas de la demora.
El impacto potencial va más allá de los propios camioneros. El diésel transportado está destinado a distintas regiones de Bolivia y cualquier retraso prolongado en la cadena puede generar nuevas demoras en la distribución interna, especialmente en un país donde el combustible es fundamental para el transporte de mercancías, la producción agropecuaria, la maquinaria y numerosas actividades económicas.
Además, el sector del transporte pesado ha expresado recientemente críticas sobre los mecanismos de control de las cisternas. Un dirigente del sector cuestionó un nuevo sistema anunciado por YPFB para monitorear los vehículos y sostuvo que herramientas de seguimiento mediante GPS ya existían, planteando que el problema principal estaría relacionado con su aplicación y funcionamiento.
La permanencia de las 300 cisternas en Arica se convierte así en otro episodio dentro de la compleja situación energética boliviana. Mientras los transportistas esperan que se libere la documentación necesaria para avanzar, el país intenta simultáneamente encontrar nuevas fuentes y corredores de importación que permitan garantizar el suministro de diésel. La prioridad inmediata para los conductores es salir de Arica; para Bolivia, el desafío es conseguir que el combustible llegue de manera regular, rápida y suficiente a quienes dependen de él en todo el territorio nacional.
Foto: El Deber / Transportistas bolivianos
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