La muerte de un perro, un gato o cualquier otro animal de compañía representa para muchas familias la pérdida de un integrante más del hogar. Sin embargo, además del duelo emocional aparece una pregunta práctica que pocas personas saben responder de antemano: ¿qué hacer con el cuerpo de la mascota? En Argentina, la cremación y los servicios funerarios para animales están ganando espacio, mientras distintas jurisdicciones avanzan en normas para ofrecer alternativas sanitarias y respetuosas.
Durante años, muchas familias resolvían la situación enterrando al animal en un terreno particular, trasladándolo a un veterinario o recurriendo a soluciones improvisadas. Pero estas opciones no siempre son legalmente posibles ni sanitariamente recomendables. Las normas pueden variar según la ciudad o provincia, por lo que antes de realizar un entierro doméstico conviene consultar a la autoridad local o al veterinario.
La cremación aparece como una alternativa cada vez más extendida. Existen servicios que realizan el retiro del animal desde el domicilio o una clínica veterinaria, trasladan los restos a instalaciones habilitadas y posteriormente entregan las cenizas a la familia. Algunos ofrecen cremación individual, en la que las cenizas pueden ser devueltas al propietario, mientras que otros trabajan mediante sistemas colectivos.
En la Argentina ya existen emprendimientos especializados. En Mendoza, por ejemplo, servicios privados ofrecen retiro, traslado, cremación y entrega de las cenizas en urnas, mientras que en otras ciudades comienzan a desarrollarse propuestas similares. Un relevamiento realizado recientemente en San Luis encontró servicios que incluso trasladan los animales entre provincias para realizar el procedimiento.
El crecimiento de esta actividad también empieza a reflejarse en la legislación. En la Ciudad de Buenos Aires, un proyecto presentado en 2026 propone crear un Servicio Público de Cremación de Animales de Compañía, inicialmente en el Cementerio de la Chacarita. La iniciativa contempla condiciones sanitarias, un sistema de turnos, un espacio de memoria y homenaje y bonificaciones para organizaciones dedicadas al rescate animal.
El proyecto establece además que, cuando existan indicios de maltrato o una muerte en circunstancias sospechosas, el personal encargado deberá comunicarlo a las autoridades. De esta manera, la gestión de los restos no sería solamente una cuestión de disposición final, sino también una herramienta vinculada con la protección animal y la salud pública.
Mientras tanto, Buenos Aires ya dispone de una alternativa pública. El Instituto de Zoonosis Luis Pasteur recibe animales fallecidos y realiza la cremación sin cargo. El servicio funciona todos los días y recibe cientos de cuerpos mensualmente. En este caso, sin embargo, las cenizas no son entregadas a las familias.
La existencia de estos servicios también responde a una cuestión sanitaria. Un cadáver animal abandonado, enterrado de manera inadecuada o manipulado sin las precauciones necesarias puede generar problemas ambientales y sanitarios. Además, determinadas enfermedades requieren procedimientos especiales. Por eso, cuando la mascota fallece por una enfermedad infecciosa o existe sospecha de una zoonosis, la recomendación es consultar inmediatamente al veterinario antes de decidir qué hacer con los restos.
La cremación privada ofrece, además, una dimensión emocional. Algunas empresas permiten que los propietarios se despidan del animal antes del procedimiento y posteriormente reciben una urna con las cenizas y un certificado. En determinados servicios también existen urnas personalizadas, recuerdos con fotografías o pequeñas piezas conmemorativas.
Los costos dependen principalmente del tamaño del animal, del tipo de cremación y de si se incluye traslado, urna y otros servicios. Un relevamiento realizado en San Luis en 2026 encontró valores privados que comenzaban alrededor de $350.000 argentinos, mientras que una cremación individual de un perro de mayor tamaño podía superar los $400.000. Estos valores son únicamente referencias de ese mercado y pueden variar considerablemente según la localidad y el proveedor.
La situación tampoco es uniforme en todo el país. En Rosario existe desde hace décadas un cementerio municipal para pequeñas mascotas, creado por ordenanza, aunque la normativa y los servicios disponibles han sido modificados posteriormente. Esto demuestra que las alternativas para el tratamiento de los restos de animales dependen fuertemente de las decisiones de cada municipio.
Para una familia que atraviesa ese momento, lo más recomendable es no tomar decisiones apresuradas. Si el animal fallece en una veterinaria, el profesional puede explicar las alternativas disponibles. Si ocurre en el domicilio, conviene mantener el cuerpo en un lugar fresco, evitar una manipulación innecesaria y contactar a un veterinario, servicio municipal o empresa habilitada para conocer el procedimiento correspondiente.
Pero existe también otra cuestión que no aparece en los reglamentos: el duelo. La pérdida de una mascota puede provocar tristeza profunda, ansiedad, alteraciones del sueño y una sensación real de vacío, especialmente cuando el animal acompañó a la persona durante muchos años. Reconocer ese dolor y permitirse despedirse puede formar parte del proceso de recuperación emocional.
La creciente demanda de crematorios y servicios funerarios especializados demuestra que la relación entre las personas y sus animales de compañía también está cambiando. Ya no se trata solamente de resolver qué hacer con un cuerpo después de la muerte: para muchas familias se trata de dar un último adiós digno a quien durante años compartió la vida cotidiana, el hogar y momentos importantes.
La tendencia hacia servicios regulados de cremación y disposición final de mascotas plantea así un nuevo desafío para las ciudades argentinas: ofrecer alternativas accesibles, sanitariamente seguras y respetuosas, evitando que las familias tengan que enfrentar solas uno de los momentos más dolorosos de la convivencia con un animal.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, originario de Goiás, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur y Director General de Radio Mercosur. Es miembro de la Asociación Brasileña de Prensa (ABI) y desarrolla su trayectoria en el periodismo internacional, el Mercosur, la integración regional, la geopolítica y los derechos humanos. Cuenta con un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y un Doctorado Honoris Causa.
También fue Director General del Comité Paraguay de la Cámara de Industria y Comercio del Mercosur y las Américas. Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México, recibido en 2021, y el reconocimiento como Amigo de la Niñez y la Adolescencia otorgado por Plan International Paraguay.
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