
La historia del «Verano Negro» de 1847, cuando la hambruna, las enfermedades infecciosas y el desplazamiento masivo devastaron comunidades enteras, ya no pertenece únicamente al pasado. Informes recientes de Naciones Unidas, la FAO, el Programa Mundial de Alimentos (PMA/WFP) y el sistema IPC advierten que varios países atraviesan hoy condiciones muy similares y que otros podrían ingresar en una crisis de hambruna durante los próximos meses si no aumenta la ayuda internacional.
En 1847, durante la Gran Hambruna de Irlanda, miles de personas murieron no solamente por falta de alimentos. El hambre debilitó el sistema inmunológico de la población y abrió la puerta a epidemias de tifus, cólera y otras enfermedades infecciosas. A ello se sumaron desplazamientos masivos, hacinamiento, falta de agua potable y el colapso de los servicios sanitarios. Las llamadas Hermanas Grises arriesgaron sus vidas atendiendo a los enfermos en hospitales improvisados, donde muchas de ellas fallecieron por contagio. Casi dos siglos después, los organismos internacionales advierten que varios países presentan una combinación de factores sorprendentemente similar: conflicto armado, desnutrición extrema, desplazamientos masivos y alto riesgo de epidemias.
El caso más crítico continúa siendo Sudán. La guerra civil iniciada en 2023 provocó el desplazamiento de millones de personas y destruyó gran parte de la producción agrícola. Según el sistema internacional IPC (Integrated Food Security Phase Classification), amplias zonas del país presentan condiciones de hambruna o un riesgo muy elevado de alcanzarlas nuevamente. Más de 19 millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria aguda, mientras cientos de miles permanecen en la fase más grave de hambre catastrófica. La destrucción del sistema sanitario también favorece la propagación de enfermedades como cólera, sarampión y malaria.
Otro foco de enorme preocupación es Sudán del Sur, donde la combinación de inundaciones, violencia interna y crisis económica mantiene a más de la mitad de la población en niveles críticos de inseguridad alimentaria. Naciones Unidas advierte que varios condados podrían evolucionar hacia condiciones de hambruna durante los próximos meses si continúan los enfrentamientos y fracasan las cosechas. La desnutrición infantil alcanza niveles alarmantes y miles de familias sobreviven gracias exclusivamente a la ayuda humanitaria internacional.
En Yemen, después de más de una década de conflicto, el deterioro económico mantiene a millones de personas dependiendo de asistencia alimentaria. Las restricciones al comercio, la destrucción de infraestructura y el colapso sanitario favorecen la aparición de brotes recurrentes de cólera y otras enfermedades infecciosas. Los organismos de Naciones Unidas consideran que Yemen continúa entre los territorios con mayor riesgo de sufrir un agravamiento de la crisis alimentaria durante 2026.
La situación en la Franja de Gaza continúa siendo extremadamente frágil. Aunque la hambruna declarada anteriormente disminuyó tras el incremento parcial de la ayuda humanitaria, el IPC advierte que cerca de dos tercios de la población podrían volver a enfrentar niveles severos de hambre antes de finalizar el año si continúan las restricciones al suministro de alimentos y se reducen los programas de asistencia internacional. La escasez de agua potable y el deterioro del saneamiento incrementan además el riesgo de enfermedades transmisibles.
La FAO y el Programa Mundial de Alimentos identifican además otros países que podrían convertirse en los próximos grandes focos de crisis alimentaria. Entre ellos figuran Somalia, el noreste de Nigeria, Haití, Mali, República Democrática del Congo, Myanmar, Afganistán, Siria, Burkina Faso, Chad y algunas regiones de Bangladesh afectadas por desplazamientos y fenómenos climáticos extremos. En todos estos territorios confluyen distintos factores de riesgo: conflictos armados, sequías, inundaciones, inflación, desplazamientos y deterioro de los sistemas sanitarios.
Sin embargo, es importante distinguir entre riesgo y certeza. No existe una forma científicamente válida de afirmar cuánto tiempo falta para que un país alcance una hambruna o de identificar con certeza cuáles serán «los próximos países». La evolución depende de variables que cambian rápidamente, como el acceso de ayuda humanitaria, los acuerdos de paz, las lluvias, las cosechas y las decisiones políticas. Lo que sí hacen organismos como el IPC, la FAO y el PMA es elaborar sistemas de alerta temprana que señalan dónde la probabilidad de una hambruna aumenta y dónde es más urgente intervenir.
Los especialistas recuerdan que las epidemias suelen aparecer cuando coinciden varios factores: desnutrición, hacinamiento, agua contaminada y ausencia de servicios médicos. En el siglo XIX fue el tifus; en las crisis actuales predominan el cólera, el sarampión, la malaria y otras enfermedades infecciosas prevenibles. La historia demuestra que el hambre rara vez mata sola: suele desencadenar una cadena de problemas sanitarios y sociales que multiplica el número de víctimas.
La comunidad internacional considera que estas crisis aún pueden evitarse mediante financiación suficiente, apertura de corredores humanitarios, restablecimiento de servicios de salud y apoyo a la producción agrícola local. La experiencia histórica de Irlanda en 1847 y las crisis actuales en África y Oriente Medio muestran que la hambruna no es únicamente consecuencia de la falta de alimentos, sino también del conflicto, el desplazamiento forzado, el colapso institucional y la interrupción de la asistencia humanitaria.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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