El vicepresidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Vladimir Werning, defendió la continuidad de una política monetaria prudente y rechazó la idea de que una inflación moderadamente más elevada pueda utilizarse como mecanismo para acelerar la actividad económica. La posición llega mientras el Gobierno busca consolidar la desinflación y sostener la recuperación del crédito y de la economía.
La definición de Werning coincide con la línea oficial que el Banco Central viene sosteniendo en las últimas semanas. En una presentación realizada el 3 de septiembre durante la 47.ª Convención Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), el vicepresidente cuestionó expresamente la idea de que “un poco de inflación no es grave” y presentó la prudencia monetaria, el superávit cambiario y la recuperación del crédito como elementos centrales de la estrategia económica.
La discusión tiene una importancia directa para hogares y empresas. Una relajación prematura de las condiciones monetarias podría facilitar el acceso al dinero y al crédito en el corto plazo, pero también generar presiones sobre los precios y las expectativas. Para el BCRA, el objetivo es evitar que una recuperación de la actividad termine reactivando un proceso inflacionario que obligue posteriormente a aplicar medidas todavía más restrictivas.
El BCRA rechaza la idea de que “un poco de inflación” ayude a la economía
Werning fue particularmente crítico con la denominada “ilusión monetaria”, es decir, la percepción de que una determinada cantidad de inflación puede resultar beneficiosa si permite estimular la actividad o reducir el peso real de determinadas obligaciones.
En su presentación oficial ante el IAEF, el vicepresidente sostuvo que la evidencia empírica contradice la idea de que una inflación moderada sea inocua. El documento del BCRA incluso dedica uno de sus primeros apartados a desmontar precisamente el argumento de que “un poco de inflación no es un gran problema”.
La preocupación no es solamente estadística. Cuando los precios aumentan de manera persistente, los ingresos de quienes no consiguen ajustar sus salarios al mismo ritmo pierden capacidad de compra. También se deteriora la previsibilidad necesaria para tomar decisiones de inversión, ahorro y consumo.
La inflación sigue siendo el principal objetivo
El Banco Central sostiene que el proceso de desinflación registrado durante 2026 tiene componentes estructurales y no solamente efectos temporales.
En su informe de política monetaria correspondiente al segundo trimestre, el BCRA señaló que la inflación mensual promedio pasó de niveles superiores durante el primer trimestre a un promedio de 2,2% mensual en el segundo trimestre, mientras que en junio el IPC registró una variación de 1,9%. La inflación subyacente, según el organismo, llegó al 1,6% mensual en junio.
Los datos más recientes muestran que el mercado continúa esperando una desaceleración gradual. El Relevamiento de Expectativas de Mercado publicado el 4 de septiembre proyectó una inflación de 1,7% mensual para agosto, tanto para el conjunto de participantes como para el grupo de las diez consultoras y entidades que históricamente tuvieron mejor desempeño predictivo.
La expectativa oficial es que mantener una política monetaria consistente permita evitar que los shocks de precios relativos —como tarifas, alimentos o combustibles— se transformen en una nueva dinámica inflacionaria generalizada.
¿Por qué el Gobierno no quiere liberar dinero rápidamente?
La política actual del BCRA utiliza el control de los agregados monetarios como uno de sus principales instrumentos. El objetivo es que la cantidad de dinero acompañe la demanda real de la economía sin generar un exceso de pesos que termine presionando sobre los precios o sobre el mercado cambiario.
Esto explica parte del llamado “apretón monetario”. Para el Gobierno, no se trata simplemente de restringir el crédito indefinidamente, sino de atravesar una etapa de estabilización antes de permitir una expansión monetaria más compatible con una economía de inflación baja y estable.
El propio BCRA reconoce que durante agosto comenzaron a observarse señales diferentes: la base monetaria aumentó 1,5% en términos reales y desestacionalizados, después de once meses consecutivos de contracción. Al mismo tiempo, los préstamos en pesos al sector privado disminuyeron 1% real desestacionalizado, aunque los créditos hipotecarios continuaron creciendo.
Esto muestra que la estrategia no implica mantener todos los canales de financiamiento congelados. El objetivo es reorientar el crédito hacia actividades productivas y reducir los riesgos de una expansión monetaria que vuelva a alimentar la inflación.
La cuestión de los salarios
Uno de los puntos más sensibles de la discusión económica es el impacto de la inflación sobre los salarios.
Cuando los precios aumentan de manera sostenida y los ingresos laborales se actualizan con retraso, el trabajador puede experimentar una pérdida de poder adquisitivo aunque su salario nominal aumente. Por eso, aceptar una inflación más elevada como mecanismo para “licuar” determinados costos puede terminar trasladando el ajuste a los hogares.
La experiencia argentina de las últimas décadas es precisamente uno de los argumentos utilizados por el BCRA para defender la estabilidad de precios. En su presentación ante el IAEF, Werning estimó que entre 2003 y 2023 el denominado impuesto inflacionario significó una transferencia equivalente a unos US$390.000 millones desde las familias hacia el Estado.
La tesis oficial es clara: una economía puede crecer y recuperar crédito sin necesidad de volver a utilizar la inflación como mecanismo de ajuste.
El crédito aparece como el próximo desafío
La estrategia monetaria también enfrenta una contradicción: una política demasiado restrictiva durante demasiado tiempo puede limitar la recuperación de la actividad y dificultar el acceso de empresas y familias al financiamiento.
El BCRA sostiene que el escenario está comenzando a cambiar. En su informe monetario de agosto señaló que los préstamos en moneda extranjera al sector privado crecieron US$258 millones durante el mes, hasta alcanzar un saldo de US$25.241 millones. Además, el organismo amplió los destinos permitidos para determinadas financiaciones en moneda extranjera con el objetivo de favorecer la inversión privada, manteniendo al mismo tiempo las exigencias prudenciales.
El desafío será encontrar un punto en el que la recuperación del crédito no vuelva a convertirse en una fuente de presión inflacionaria.
Una señal política y económica para los próximos meses
La postura de Werning también debe leerse en el contexto de las reformas que el Gobierno impulsa para modificar el funcionamiento del Banco Central. El presidente del organismo, Santiago Bausili, junto con Werning y otros funcionarios, expuso el 9 de septiembre ante el Senado sobre una reforma de la Carta Orgánica destinada a fortalecer la estabilidad de precios, limitar el financiamiento del Tesoro por parte del BCRA y adecuar el marco institucional de la autoridad monetaria.
De aprobarse, la reforma buscaría darle mayor respaldo institucional a la estrategia de estabilización y reforzar la credibilidad de las decisiones monetarias futuras.
La señal que transmite actualmente el Banco Central es, por lo tanto, inequívoca: el Gobierno argentino no quiere sacrificar la desinflación para obtener una aceleración coyuntural de la economía. La apuesta consiste en sostener la disciplina monetaria, recuperar progresivamente el crédito y consolidar un escenario de inflación más baja antes de permitir una expansión económica de mayor magnitud.
Para los argentinos, la discusión no es solamente técnica. Está directamente relacionada con el valor de los salarios, el costo del crédito, el precio de los bienes, el ahorro y la capacidad de planificar el futuro. El resultado de esta estrategia determinará si la actual desaceleración inflacionaria consigue transformarse en una estabilidad duradera o si la economía vuelve a enfrentar el ciclo de inflación, pérdida de poder adquisitivo y restricciones monetarias que ha marcado buena parte de su historia reciente.
Foto: BCRA / Archivo
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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