La Comisión Disciplinaria de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) rechazó los principales argumentos presentados por Peñarol tras los graves incidentes registrados en el clásico frente a Nacional del 30 de agosto y consideró que los episodios de violencia protagonizados por hinchas aurinegros tuvieron carácter colectivo y una manifiesta gravedad. El club había sostenido que se trató de acciones individuales y aisladas y cuestionó además la actuación de efectivos de la Guardia Republicana.
El partido terminó con victoria de Nacional por 1-0, pero los hechos ocurridos alrededor del encuentro pasaron rápidamente a ocupar el centro de la discusión. El expediente de la Comisión de Seguridad de la AUF incluyó enfrentamientos entre hinchas y policías, lanzamiento de objetos y proyectiles, utilización de pirotecnia y generadores de humo, daños en instalaciones del estadio y la exhibición de un ataúd con referencias al tradicional rival.
Uno de los elementos que apareció en el expediente fue la venta de pasamontañas en un puesto de merchandising ubicado en la Tribuna Cataldi. También se registró la exhibición de banderas con astas, cánticos contra Nacional y distintos episodios vinculados con pirotecnia. La documentación incorporó además imágenes y registros audiovisuales utilizados posteriormente por el tribunal para reconstruir lo ocurrido.
La situación se agravó especialmente después de terminado el encuentro. De acuerdo con el expediente, hinchas ubicados en la Tribuna Cataldi protagonizaron enfrentamientos con efectivos policiales, mientras que dentro de la estructura de la tribuna se detectaron elementos ocultos. También fueron dañadas instalaciones, entre ellas una pared y sectores de los baños, y posteriormente algunos portones fueron desprendidos y utilizados durante los enfrentamientos.
La defensa de Peñarol
La institución aurinegra sostuvo ante la Comisión que el clásico “comenzó, se desarrolló y finalizó con total normalidad” y argumentó que los hechos denunciados durante el espectáculo correspondían principalmente a episodios individuales y aislados. El club también destacó que había realizado previamente una campaña de concientización entre sus hinchas y afirmó que no había incumplido los protocolos de seguridad acordados.
Peñarol intentó además relativizar algunos de los episodios denunciados. Sobre las bengalas y los generadores de humo, sostuvo que se trataba de conductas individuales que no provocaron lesiones ni daños de entidad. Respecto a los objetos arrojados al campo, argumentó que se trataba principalmente de botellas de plástico vacías y que fueron lanzadas cuando los futbolistas ya se retiraban, como una reacción de los hinchas ante el resultado.
Uno de los argumentos centrales de la defensa estuvo relacionado con el lugar donde se produjeron los hechos más violentos. Peñarol sostuvo que estos ocurrieron fundamentalmente después del partido, en la zona de circulación y egreso de la Tribuna Cataldi, que calificó como un sector exterior o perimetral. Desde esa perspectiva, el club cuestionó que pudiera aplicarse sobre esos episodios la responsabilidad objetiva prevista por el Código Disciplinario.
Peñarol apuntó contra la actuación policial
El club también dirigió parte importante de sus descargos contra la Guardia Republicana. Según la defensa, los registros audiovisuales mostraban “actitudes de provocación” y excesos en la respuesta policial después del encuentro.
Peñarol afirmó que algunos efectivos habrían realizado gestos relacionados con el resultado del partido que podían exacerbar los ánimos y mencionó también el caso de una persona que, según la versión institucional, ya se encontraba reducida en el suelo cuando habría continuado siendo agredida por policías.
Sin embargo, la Comisión Disciplinaria consideró que esos argumentos no eliminaban la responsabilidad del club por la conducta de sus parciales.
El tribunal concluyó que no fueron hechos individuales
Este fue uno de los puntos decisivos del fallo. La Comisión sostuvo que la responsabilidad objetiva de una institución deportiva implica que el club puede responder disciplinariamente por los actos de sus hinchas, incluso cuando no exista una demostración de culpa o negligencia directa de sus autoridades.
Pero para aplicar la sanción más severa prevista en este caso, el tribunal debía determinar además que los acontecimientos habían sido manifiestamente graves y de carácter colectivo.
Para la Comisión, las imágenes difundidas por el Ministerio del Interior fueron determinantes. Según el tribunal, en ellas aparecen varias decenas de hinchas de Peñarol utilizando piedras, palos, pirotecnia, puertas y portones para atacar a los efectivos policiales. Por ese motivo, rechazó la interpretación de que se tratara simplemente de comportamientos individuales.
La resolución calificó lo ocurrido como un “accionar frenético y sumamente violento de los parciales pocas veces visto en nuestras canchas”. El tribunal señaló además que algunos proyectiles fueron obtenidos de los propios elementos del estadio que habían sido destruidos durante los incidentes.
La discusión sobre dónde comenzaron los incidentes
La Comisión tampoco aceptó el argumento de que la violencia más grave se produjo exclusivamente fuera del estadio.
Según el razonamiento del tribunal, la secuencia comenzó dentro del Campeón del Siglo, donde se produjeron los daños y se obtuvieron algunos de los elementos posteriormente utilizados contra los policías. Por ello, entendió que la acción se desarrolló “desde dentro del estadio y/o escenario deportivo hacia el exterior”.
Esta interpretación resultó fundamental para establecer la responsabilidad disciplinaria de Peñarol y para aplicar las disposiciones que terminaron determinando la sanción.
El ataúd alusivo a Nacional también fue considerado una infracción
Otro episodio que tuvo un tratamiento específico fue la exhibición de un ataúd con los colores y referencias a Nacional. Según la resolución, el elemento incluía una representación de una cabeza de gallina y las inscripciones “Washi” y “Game over”, en una alusión vinculada con un episodio de violencia entre barras ocurrido años atrás.
La Comisión consideró que el ataúd constituía una infracción al Código Disciplinario y al Protocolo de Seguridad de la AUF. Para el tribunal, se trató de un elemento que denigra al ser humano e incita a la violencia. También consideró acreditados determinados cánticos y la exhibición de una bandera en un sector no permitido.
La Comisión no tomó en cuenta una acusación contra Ruglio
El expediente también contenía referencias a declaraciones públicas realizadas por Evaristo González sobre una supuesta entrega de entradas gratuitas a barras por parte del presidente de Peñarol, Ignacio Ruglio.
La Comisión decidió no incorporar ese elemento como fundamento de la sanción en este expediente. Consideró que se trataba de declaraciones realizadas en un medio radial y que no constituían una denuncia formal con las características necesarias para ser valorada dentro del procedimiento.
La sanción contra Peñarol
Después de analizar los informes, las imágenes y los descargos del club, la Comisión Disciplinaria concluyó que Peñarol no consiguió excluir su responsabilidad objetiva y que los hechos más graves alcanzaron el nivel de gravedad y carácter colectivo requerido por el Código Disciplinario.
La resolución derivó en una sanción que contempla la pérdida de un punto en el torneo, cuatro partidos sin jugar como local en el Campeón del Siglo, cuatro encuentros como local a puertas cerradas y una multa de 150 Unidades Reajustables.
El caso deja así una discusión que excede el resultado de un clásico. Para Peñarol, la actuación policial y la conducta de determinados hinchas debían analizarse como episodios diferenciados; para la Comisión Disciplinaria, la magnitud y coordinación de los ataques registrados después del partido demostraron que se trató de un fenómeno colectivo cuya responsabilidad disciplinaria recaía sobre el club.
La resolución vuelve a colocar la violencia en los estadios uruguayos en el centro del debate y plantea un desafío para las instituciones deportivas: cómo garantizar que un partido de fútbol no termine transformándose en un escenario de enfrentamientos que trascienden el resultado deportivo y generan sanciones que terminan afectando también a la propia institución y a sus hinchas.
Foto: El Observador / Archivo
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