
Un estudio de la Universidad de California en San Francisco analizó cómo los ciclos de pérdida y recuperación de peso influyen en la composición corporal de adultos de mediana edad, y reveló cambios que van más allá del número que marca la balanza.
Perder y recuperar peso de manera repetida puede no ser solo una fuente de frustración: también puede asociarse con una mayor pérdida de masa muscular en personas de mediana edad. Esa es la principal conclusión de un nuevo trabajo de la Universidad de California en San Francisco, publicado en la revista Radiology, en un contexto en el que los tratamientos para bajar de peso ganan protagonismo y vuelven más relevante una pregunta de fondo: qué sucede en el cuerpo más allá del número en la balanza.
En ese estudio, los investigadores observaron que, aunque dos grupos terminaron con un peso total similar al del inicio, quienes atravesaron fluctuaciones repetidas de peso perdieron más músculo del muslo a lo largo de cuatro años que quienes mantuvieron un peso relativamente estable.
“Cuando el peso de las personas fluctuaba, perdían enormes cantidades de músculo junto con la grasa, y no lo recuperaban”, afirmó Thomas Link, profesor de radiología y líder del trabajo junto con los coautores principales Adrian A. Marth y Gabby Joseph.
“Comprender cómo proteger los músculos mientras las personas pierden peso es importante para la salud en general”, agregó Link sobre el hallazgo.
Qué midió el estudio y por qué el músculo cambia la lectura del “éxito” al adelgazar
La investigación se basó en el análisis de resonancias magnéticas y datos de salud de 1.433 participantes de mediana edad incluidos en la Iniciativa de Osteoartritis, un estudio a largo plazo sobre adultos con riesgo de desarrollar osteoartritis de rodilla. En ese marco, algunos participantes mantuvieron un peso estable durante cuatro años, mientras que otros registraron fluctuaciones repetidas.
Para ir más allá del peso total, el equipo utilizó inteligencia artificial para analizar las imágenes y medir variables específicas: el volumen muscular del muslo, la grasa intramuscular y la grasa que rodea la rodilla. En conjunto, el enfoque apuntó a describir cómo se modifica la composición corporal, una dimensión que puede quedar oculta cuando el seguimiento se limita a la balanza.
Los números clave: mayor pérdida de volumen muscular del muslo en 48 meses

Según el abstract del artículo en Radiology, se incluyó un total de 1.433 participantes (edad media, 60,9 años ± 8,9; 750 mujeres). Los investigadores clasificaron a quienes mantuvieron un cambio de peso acumulado inferior al 5% desde el inicio hasta el seguimiento a los 48 meses como “fluctuantes” o “no fluctuantes”, a partir de mediciones anuales del índice de masa corporal.
El resultado central fue la diferencia en pérdida de volumen muscular del muslo: los “ciclistas de peso” (n = 77) tuvieron una mayor pérdida que los no ciclistas (n = 1.356), con valores de −3,71% frente a −1,03% en 48 meses. La comparación mostró significación estadística (P = 0,003) y se informó que el análisis se ajustó por factores demográficos, antropométricos, metabólicos y de estilo de vida.
En cambio, no hubo evidencia de diferencias entre grupos en el cambio de la proporción de tejido adiposo intermuscular (IMAT) ni en el grosor del tejido adiposo subcutáneo adyacente a la rodilla (KaSAT). En ambos grupos, el grosor de KaSAT aumentó, sin diferencias entre quienes fluctuaron y quienes no.
Más allá de la balanza: qué sugiere el hallazgo sobre proteger el músculo durante la pérdida de peso

El trabajo instala una idea de lectura simple: aun cuando el peso final se parezca al del punto de partida, el cuerpo puede no volver al mismo lugar. Link lo expresó con una advertencia que corre el eje del objetivo: “Necesitamos comprender mejor cómo la pérdida de peso afecta al cuerpo de maneras que no tienen que ver con el número que marca la báscula”.
En la misma línea, el estudio plantea que preservar la masa muscular durante la pérdida de peso merece tanta atención como perder grasa. “La pérdida de grasa es solo una pieza de un rompecabezas mucho más grande que incluye cómo la pérdida de peso afecta la artritis, los músculos, los huesos y otros factores”, detalló Link.
Aunque la investigación no se realizó en personas que tomaban medicamentos GLP-1, el autor señaló que el hallazgo aborda una cuestión que podría ganar relevancia en la medida en que más personas comiencen y abandonen terapias para bajar de peso.
Errores frecuentes en dietas rápidas que favorecen el rebote y la pérdida de masa muscular

Una nota previa de Infobae ya había advertido sobre el vínculo entre métodos extremos y resultados difíciles de sostener. Allí, la doctora María José Crispín, especialista en nutrición y medicina estética en la Clínica Menorca de Madrid, señaló que la prisa por adelgazar suele llevar a “errores perjudiciales”.
Entre los problemas frecuentes mencionó las dietas extremas, la eliminación total de grasas, la falta de ejercicio físico y otras prácticas que, según su enfoque, no favorecen cambios sostenibles. En ese contexto, Crispín alertó que las dietas muy restrictivas pueden provocar una rápida disminución de peso, pero también “llevan a la pérdida de masa muscular y líquidos, lo que ralentiza el metabolismo”. Ese mecanismo, remarcó, puede favorecer el regreso del peso perdido y dificultar su mantenimiento.
“La pérdida de peso acelerada normalmente implica una disminución de la masa muscular y los líquidos corporales, lo que en realidad ralentiza el metabolismo. Por eso, si se vuelve a una alimentación normal sin una reeducación adecuada, lo más probable es que se recupere el peso perdido”, relató Crispín.
El ejercicio como ancla para sostener resultados: cardio y fuerza para preservar masa muscular

Crispín planteó también que uno de los errores habituales es concentrarse solo en la comida e ignorar la actividad física. Ajustar la dieta puede ser central para bajar de peso, pero incluir ejercicio, según su mirada, es clave para sostener los resultados en el tiempo.
La especialista fue explícita en el punto que conecta con el nuevo estudio: “Reducir calorías sin ejercicio puede ocasionar pérdida de masa muscular, lo que a su vez ralentiza el metabolismo y favorece el efecto yo-yo”. En ese marco, recomendó alternar ejercicios cardiovasculares y de fuerza, con el objetivo de conservar masa muscular y mejorar la forma física.
Cuando el efecto yo-yo no es solo “fracaso”: la hipótesis de beneficios metabólicos duraderos

La evidencia sobre el efecto yo-yo, sin embargo, no se agota en los riesgos. Otra nota previa de Infobae abordó un estudio reciente de la Universidad Ben-Gurion del Néguev, en Israel, que cuestionó la creencia tradicional de que el rebote es siempre un indicador de fracaso. Según esa investigación, los ciclos repetidos de pérdida y recuperación de peso podrían proporcionar beneficios metabólicos duraderos, especialmente a través de la reducción de la grasa visceral, una reserva asociada a enfermedades cardiometabólicas.
El planteo introduce un debate de interpretación: si el peso corporal vuelve a subir, ¿puede el organismo conservar parte de las mejoras logradas durante el descenso? En esa línea, el artículo sostuvo que quienes participan en repetidas ocasiones en programas estructurados de reducción de peso mantienen una mayor sensibilidad a la insulina y un perfil lipídico más favorable, incluso tras recuperar peso.
Cómo convivir con dos hallazgos: riesgo de pérdida muscular vs. posibles mejoras metabólicas

Leídos en conjunto, los contenidos plantean un mapa menos lineal que el “bajar y subir” como sinónimo automático de éxito o fracaso. El nuevo estudio publicado en Radiology pone el foco en una posible consecuencia corporal que puede pasar inadvertida: la pérdida de volumen muscular del muslo asociada a fluctuaciones de peso, aun cuando el peso final sea similar al inicial.
Al mismo tiempo, la otra línea de investigación citada en la nota sobre la Universidad Ben-Gurion del Néguev sugiere que, incluso con recuperación de peso, podrían persistir mejoras metabólicas en variables específicas. En ambos casos, el mensaje de fondo coincide en un punto: el peso corporal, por sí solo, puede no reflejar todos los cambios relevantes que ocurren durante y después de un intento de descenso de peso.
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