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Hay momentos en los que una palabra fuera de lugar, un insulto o un comentario ofensivo puede convertir una conversación cotidiana en una situación incómoda. Frente a este tipo de comportamientos, reaccionar con la misma agresividad suele empeorar las cosas. Sin embargo, existe una estrategia sencilla que puede ayudar a responder con firmeza, educación y, sobre todo, sin perder el control.
La experta en etiqueta Sara Jane Ho, formada en Harvard y conocida por su programa de Netflix sobre protocolo y comportamiento social, sostiene que una de las respuestas más efectivas frente a una persona grosera puede ser mucho más simple de lo que parece: preguntarle con calma “¿te encuentras bien?”.
La clave, según Ho, está en la manera de formular la pregunta. No se trata de utilizarla con sarcasmo, ironía o intención de provocar al otro, sino de expresarla con auténtica serenidad y preocupación. El objetivo es mostrar que la ofensa no consiguió alterar emocionalmente a quien la recibió.
Una respuesta de este tipo puede cambiar el rumbo de la conversación porque obliga a la otra persona a enfrentarse con su propio comportamiento. En lugar de entrar en una disputa o devolver el insulto, la persona mantiene la calma y evita quedar atrapada en la dinámica de confrontación.
La especialista también considera que, en determinadas circunstancias, guardar silencio puede ser incluso una respuesta más poderosa. Esto resulta especialmente apropiado cuando se trata de alguien con quien no existe una relación cercana o cuando la situación exige mantener un mayor grado de formalidad.
“Cuando la gente es grosera, lo mejor es no decir nada”, explicó Ho en declaraciones recogidas por CNBC. La experta considera que permitir que una persona continúe con su comportamiento sin responderle agresivamente puede ser una manera de evitar que la situación escale.
La recomendación parte de una idea sencilla: nadie puede controlar la conducta de los demás, pero sí puede decidir cuánto poder concede a esas palabras sobre su propio estado de ánimo.
En una discusión, responder con otro insulto puede proporcionar una satisfacción momentánea, pero también puede convertir un episodio pasajero en un conflicto mayor. Mantener la serenidad, en cambio, permite conservar el control y dejar claro que la provocación no consiguió su objetivo.
Para Ho, esa capacidad de mantener la calma representa una forma de poder personal. “El mayor poder es mostrar que la otra persona no tiene poder sobre ti”, concluyó la especialista.
Así, ante una provocación, una pregunta aparentemente sencilla como “¿te encuentras bien?” o incluso el silencio pueden convertirse en herramientas mucho más contundentes que una respuesta cargada de ira. La verdadera diferencia no está solamente en lo que se dice, sino en demostrar que la grosería del otro no tiene el poder de cambiar quién eres ni cómo decides comportarte.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN COLOMBIA
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