La disfunción eréctil no debe considerarse únicamente un problema relacionado con la vida sexual. Cuando aparece de manera persistente, puede ser una señal temprana de alteraciones en los vasos sanguíneos y, en determinados hombres, advertir sobre un riesgo cardiovascular que todavía no ha producido síntomas evidentes. La evidencia médica acumulada relaciona esta condición con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, infarto de miocardio y accidente cerebrovascular.
La disfunción eréctil se define como la dificultad persistente para conseguir o mantener una erección suficiente para una relación sexual satisfactoria. Puede tener múltiples causas, entre ellas factores psicológicos, hormonales, neurológicos y vasculares. Sin embargo, cuando existe un origen predominantemente vascular, el problema puede estar relacionado con procesos que también afectan las arterias del corazón y del cerebro.
La explicación está en la circulación. Para producirse una erección es necesario que los vasos sanguíneos del pene puedan dilatarse y permitir un adecuado ingreso de sangre. Cuando existe daño del endotelio —la capa interna de los vasos sanguíneos— o aterosclerosis, este mecanismo puede deteriorarse. Los mismos factores que dañan las arterias, como hipertensión, colesterol elevado, diabetes, tabaquismo, obesidad y sedentarismo, pueden contribuir al desarrollo de disfunción eréctil.
Una señal que puede aparecer antes que los problemas cardíacos
Uno de los aspectos más importantes es el momento en que aparecen los síntomas. Las recomendaciones del llamado Princeton IV Consensus, un grupo internacional de especialistas que analiza la relación entre salud sexual y cardiovascular, señalan que la disfunción eréctil puede preceder a la enfermedad cardiovascular clínicamente evidente entre dos y cinco años. Por esta razón, los especialistas consideran que puede funcionar como un marcador de enfermedad vascular todavía no diagnosticada.
Esto no significa que un hombre con disfunción eréctil necesariamente vaya a sufrir un infarto o un ACV. La relación es de riesgo y asociación, no una predicción individual inevitable. Pero sí significa que la aparición de una disfunción eréctil persistente merece una evaluación médica que vaya más allá de tratar exclusivamente el problema sexual.
La magnitud de la asociación también ha sido estudiada en grandes análisis científicos. Una revisión que reunió 25 estudios y 154.794 hombres encontró que quienes presentaban disfunción eréctil tenían un riesgo aproximadamente 43% mayor de enfermedad cardiovascular, 59% mayor de enfermedad coronaria y 34% mayor de accidente cerebrovascular que quienes no tenían esta condición. El riesgo aumentaba además en los casos de disfunción eréctil más severa.
Otro análisis que reunió estudios prospectivos encontró asociaciones similares: la disfunción eréctil estuvo relacionada con un aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular, enfermedad coronaria, ACV y mortalidad por todas las causas.
¿Por qué el pene puede dar la alarma antes que el corazón?
Una de las explicaciones propuestas por los especialistas es el tamaño de los vasos sanguíneos. Las arterias que participan en la erección son relativamente pequeñas, por lo que una alteración vascular puede manifestarse allí antes de producir síntomas en arterias de mayor calibre.
De esta manera, un hombre puede sentirse aparentemente saludable y no tener dolor en el pecho ni falta de aire, pero comenzar a experimentar dificultades sexuales. En determinadas circunstancias, ese cambio puede convertirse en una oportunidad para detectar hipertensión, diabetes, colesterol elevado o enfermedad vascular antes de que aparezca una complicación cardiovascular grave.
No todo problema de erección significa enfermedad cardíaca
Es importante evitar interpretaciones alarmistas. La disfunción eréctil no siempre tiene una causa cardiovascular. El estrés, la ansiedad, la depresión, determinados medicamentos, alteraciones hormonales, problemas neurológicos y dificultades dentro de la relación de pareja también pueden afectar la función sexual.
Incluso cuando existe un componente psicológico, las recomendaciones Princeton IV consideran que puede ser razonable investigar también los factores de riesgo cardiovascular, especialmente cuando existen otros indicios clínicos.
La edad también importa. El riesgo de disfunción eréctil aumenta con los años, pero no debe considerarse una consecuencia inevitable del envejecimiento. Una aparición nueva, persistente o progresiva merece una consulta médica.
La consulta puede convertirse en una oportunidad de prevención
Ante una disfunción eréctil persistente, el profesional puede evaluar presión arterial, glucemia, colesterol, tabaquismo, peso corporal, actividad física y antecedentes familiares, además de revisar medicamentos y otros posibles factores que puedan estar afectando la función sexual.
Las recomendaciones actuales proponen valorar el riesgo cardiovascular global en hombres con disfunción eréctil de origen vascular. En pacientes con riesgo cardiovascular intermedio o elevado pueden ser necesarios estudios adicionales para determinar con mayor precisión el estado de las arterias.
El tratamiento, por tanto, no debería limitarse a recuperar la función sexual. Dejar de fumar, realizar actividad física, mantener un peso saludable, controlar la presión arterial, tratar la diabetes y reducir el colesterol cuando corresponde son medidas que pueden beneficiar simultáneamente la salud sexual y cardiovascular.
Además, los tratamientos específicos para la disfunción eréctil deben indicarse teniendo en cuenta el estado cardiovascular del paciente y los medicamentos que utiliza. Los inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5, por ejemplo, tienen contraindicaciones importantes cuando se combinan con determinados medicamentos cardíacos, especialmente los nitratos, por el riesgo de una caída peligrosa de la presión arterial.
Una señal que conviene escuchar
La disfunción eréctil puede ser incómoda de conversar, pero precisamente por eso muchas personas retrasan la consulta. El problema es que, en algunos casos, el síntoma sexual puede estar ofreciendo una de las primeras oportunidades para descubrir un problema vascular silencioso.
La recomendación no es alarmarse ante una dificultad ocasional, sino prestar atención cuando el problema se vuelve repetitivo o persistente, especialmente si se acompaña de factores de riesgo como hipertensión, diabetes, tabaquismo, obesidad, colesterol elevado o antecedentes cardiovasculares.
La salud sexual y la salud cardiovascular están más conectadas de lo que muchas personas imaginan. Una dificultad persistente para lograr una erección no necesariamente anuncia un infarto, pero sí puede ser una señal que justifique mirar con mayor atención el estado de las arterias. Detectar y tratar los factores de riesgo a tiempo puede representar una oportunidad importante para proteger no solo la vida sexual, sino también el corazón y el cerebro.
Foto: Shutterstock / ABC Color
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN CENTRAL
Prensa Mercosur es un diario online de iniciativa privada que fue fundado en 2001, donde nuestro principal objetivos es trabajar y apoyar a órganos públicos y privados.
- ★Paraguay: inflación cero en agosto contrasta con el alto costo de alimentos y combustibles
- ★Paraguay: seis municipios quedan sin transferencias del Estado por incumplir rendición de cuentas
- ★Paraguay: 446 renuncias de médicos y anestesiólogos ponen al sistema público de salud al borde del colapso
- ★Paraguay: la DNIT analiza aplicar un IVA del 5% a la tirzepatida y estima recaudar hasta US$ 30 millones
- ★Paraguay: PLRA propone una Policía Municipal armada y promete relicitar líneas de transporte en Asunción


