Una investigación de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU) abre una nueva perspectiva sobre la migraña: un sistema de inteligencia artificial logró distinguir a personas con este trastorno utilizando información de salud, características demográficas y datos genéticos, sin recibir información sobre las manifestaciones específicas del dolor de cabeza. El estudio, publicado en la revista Neurology, analizó datos de más de 43.000 participantes del Estudio de Salud de Trøndelag (HUNT).
El resultado resulta relevante porque la migraña continúa siendo una enfermedad cuyo diagnóstico depende en gran medida de lo que el paciente relata durante la consulta. No existe actualmente un análisis de sangre ni una prueba biológica rutinaria que confirme por sí sola que una persona tiene migraña. Por eso, los investigadores buscaron si podían encontrar señales indirectas de la enfermedad en otros aspectos de la salud.
El algoritmo recibió información sobre edad, sexo, estado general de salud y alrededor de 60 variables adicionales, entre ellas estreñimiento, utilización de medicamentos, dolor de espalda y otras condiciones físicas y psicológicas. Lo llamativo fue que el sistema no recibió los síntomas característicos del dolor de cabeza para realizar su clasificación.
La IA encontró señales de migraña más allá de la cabeza
Los investigadores observaron que el modelo podía diferenciar a personas con migraña de participantes sin cefalea. En el análisis principal, el sistema alcanzó un rendimiento estadístico significativo, aunque la investigación no plantea que pueda sustituir al diagnóstico médico ni funcionar actualmente como una prueba individual.
Un análisis independiente de los resultados publicado por Euronews señala que, en el conjunto de prueba, el mejor modelo alcanzó un área bajo la curva de 0,80, un indicador utilizado para medir la capacidad de un modelo para distinguir entre grupos. La edad apareció como uno de los factores más importantes, junto con variables como dolor de cuello, menstruación y náuseas.
Para los investigadores, este comportamiento sugiere que la migraña podría dejar una especie de “huella” en diferentes sistemas del organismo, que no se limita al episodio de dolor que tradicionalmente define la enfermedad.
La Organización Mundial de la Salud estima que los trastornos de cefalea afectan a alrededor del 40% de la población mundial, aunque esta cifra comprende diferentes tipos de dolores de cabeza y no exclusivamente la migraña.
Cuatro perfiles diferentes dentro de la migraña
La segunda parte del estudio fue todavía más interesante. Los científicos no se limitaron a preguntar a la inteligencia artificial quién tenía migraña y quién no. También le pidieron que buscara patrones naturales dentro de un grupo de personas con distintos tipos de cefalea.
De las más de 12.000 personas analizadas en esa etapa, el algoritmo identificó un grupo de 1.425 participantes, de los cuales más del 90% cumplía los criterios utilizados por los investigadores para identificar migraña. A partir de ese conjunto aparecieron cuatro perfiles diferenciados.
El primero estaba integrado exclusivamente por hombres, una característica que llamó la atención de los investigadores.
El segundo se caracterizaba principalmente por la presencia de dolor de cuello.
El tercero reunía a personas con mayor presencia de dolor musculoesquelético, ansiedad, depresión y otros problemas de salud.
El cuarto se aproximaba más a lo que tradicionalmente se reconoce como una migraña clásica, incluyendo personas que experimentaban aura migrañosa.
El aura puede producir alteraciones neurológicas transitorias antes o durante una crisis. Algunas personas experimentan destellos, líneas en zigzag, zonas oscuras en la visión, hormigueo, entumecimiento o dificultades momentáneas para hablar.
¿Una sola enfermedad o diferentes condiciones?
Esta clasificación plantea una cuestión importante para la medicina. La migraña podría no ser una enfermedad biológicamente uniforme, sino un conjunto de condiciones que comparten determinadas características clínicas.
“Esto refuerza la hipótesis de que la migraña no es una sola enfermedad, sino un grupo diverso de distintas condiciones biológicas”, señaló el investigador Anker Stubberud, según la información difundida por la universidad.
Esta posibilidad podría ayudar a explicar una situación frecuente entre los pacientes: un tratamiento puede funcionar muy bien para una persona y ofrecer poco beneficio a otra, aun cuando ambas hayan recibido el mismo diagnóstico de migraña.
Si futuras investigaciones confirman que existen diferencias biológicas consistentes entre estos grupos, los médicos podrían eventualmente utilizar esa información para buscar tratamientos más personalizados.
La genética también apareció en la investigación
El equipo noruego incorporó además información genética para determinar si los diferentes perfiles tenían diferencias que pudieran observarse en el ADN.
Los investigadores utilizaron modelos de aprendizaje automático para analizar múltiples variantes genéticas al mismo tiempo. Estos modelos consiguieron diferenciar los perfiles mejor que los tradicionales puntajes poligénicos empleados para estimar predisposición genética.
Pero existe una diferencia fundamental entre encontrar una asociación y demostrar una causa.
El estudio no demuestra que determinados genes sean responsables de cada tipo de migraña, ni identifica todavía un biomarcador que pueda utilizarse en hospitales para diagnosticar a un paciente. Se trata de señales estadísticas que deberán ser estudiadas y reproducidas en investigaciones posteriores.
La inteligencia artificial todavía no está lista para diagnosticar pacientes
Los propios investigadores mantienen una posición prudente. Las herramientas utilizadas en el estudio todavía no fueron probadas como instrumentos de diagnóstico en la práctica clínica cotidiana.
Esta advertencia es especialmente importante. Que una IA encuentre patrones estadísticos en una enorme base de datos no significa automáticamente que pueda decirle a un médico si una persona determinada tiene migraña.
También es necesario comprobar si los resultados se mantienen en poblaciones de otros países, edades y características genéticas diferentes. Los datos utilizados proceden del Estudio de Salud de Trøndelag, una gran investigación poblacional noruega cuyos registros clínicos fueron recopilados principalmente durante las décadas de 1990 y 2000.
La investigación, por lo tanto, representa una etapa experimental, no una nueva prueba médica disponible para el público.
Un posible camino hacia tratamientos personalizados
La importancia del trabajo está en la dirección que propone. La inteligencia artificial podría ayudar en el futuro a combinar información que actualmente se analiza por separado: antecedentes médicos, síntomas, medicamentos, sueño, salud mental, factores musculoesqueléticos, características demográficas y genética.
El objetivo final no sería simplemente diagnosticar más rápido, sino comprender por qué diferentes pacientes desarrollan manifestaciones diferentes y por qué responden de manera desigual a los tratamientos.
La investigación llega además en un momento de rápido crecimiento de la IA aplicada a la medicina de las cefaleas. Una revisión publicada en Nature Reviews Neurology destacó que la inteligencia artificial está siendo estudiada para diagnóstico, predicción de ataques y optimización de tratamientos, aunque todavía existe una importante distancia entre los avances tecnológicos y su adopción clínica basada en evidencia.
El descubrimiento noruego no significa que una computadora haya aprendido a diagnosticar migrañas mejor que un médico. Significa algo más interesante: que al analizar miles de variables simultáneamente, la inteligencia artificial puede encontrar patrones que podrían ayudar a los científicos a comprender una enfermedad que durante mucho tiempo fue definida principalmente por lo que el paciente sentía y describía.
Si estos resultados son confirmados en estudios posteriores, la medicina podría avanzar desde una clasificación general de “migraña” hacia una comprensión mucho más precisa de sus diferentes formas biológicas. La gran promesa está en que, algún día, identificar el tipo de migraña de una persona pueda ayudar también a elegir el tratamiento que mejor se adapte a ella.
Foto: Ilustración 3D / Infobae
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