Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo una de las principales amenazas para la salud mundial, pero alrededor de ellas persisten creencias que pueden llevar a muchas personas a subestimar sus propios riesgos. Especialistas advierten que pensar que los problemas cardíacos afectan solamente a los hombres, que aparecen únicamente en la vejez o que los antecedentes familiares determinan inevitablemente el diagnóstico puede retrasar controles y tratamientos importantes.
La Organización Mundial de la Salud estima que las enfermedades cardiovasculares causan alrededor de 17,9 millones de muertes cada año y que más de cuatro de cada cinco de esas muertes corresponden a infartos y accidentes cerebrovasculares. Entre los principales factores modificables aparecen una alimentación poco saludable, la falta de actividad física, el consumo de tabaco y el uso perjudicial de alcohol, además de factores como la hipertensión, el colesterol elevado y la glucosa alta.
1. “Las enfermedades cardíacas afectan principalmente a los hombres”
Es uno de los mitos más extendidos. El cardiólogo Luke Laffin, de Cleveland Clinic, advierte que las mujeres también pueden desarrollar enfermedades cardiovasculares y que existen circunstancias específicas que deben ser consideradas durante su vida, entre ellas la menopausia, determinados anticonceptivos y algunas complicaciones relacionadas con el embarazo.
La American Heart Association también reconoce que antecedentes relacionados con el embarazo, el ciclo menstrual, los anticonceptivos y determinados tratamientos hormonales pueden formar parte de la evaluación individual del riesgo cardiovascular femenino.
Además, los síntomas de un problema cardíaco no necesariamente son idénticos en todas las personas. La OMS señala que las mujeres pueden presentar con mayor frecuencia dificultad para respirar, náuseas, vómitos y dolor en la espalda o la mandíbula durante un infarto, aunque el dolor o malestar en el pecho continúa siendo una señal fundamental de alarma.
2. “Si tengo menos de 50 años, no tengo que preocuparme”
La edad es un factor de riesgo, pero no funciona como una frontera que proteja a las personas jóvenes. Las alteraciones cardiovasculares pueden comenzar mucho antes de los 50 años, particularmente cuando existen hipertensión, colesterol elevado, diabetes, tabaquismo, obesidad, sedentarismo o determinadas predisposiciones genéticas.
Esto explica por qué los controles preventivos no deberían comenzar únicamente cuando aparecen molestias. Conocer la presión arterial, los niveles de colesterol y glucosa permite detectar factores de riesgo antes de que se produzca una complicación grave.
El problema es que muchas de estas alteraciones pueden avanzar sin producir síntomas evidentes. Una persona puede sentirse perfectamente bien y, sin embargo, tener hipertensión o colesterol elevado.
3. “Si mis padres tuvieron problemas cardíacos, yo inevitablemente también los tendré”
Los antecedentes familiares importan, pero no constituyen una sentencia. Tener un padre, madre o hermano con enfermedad cardiovascular puede aumentar la probabilidad de desarrollar determinados problemas, pero existen medidas que pueden modificar considerablemente ese riesgo.
Una alimentación equilibrada, actividad física regular, evitar el tabaco y controlar la presión arterial y el colesterol forman parte de las principales estrategias preventivas. La OMS también señala que tratar adecuadamente la hipertensión, la diabetes y las alteraciones de los lípidos puede reducir el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular.
Laffin destaca que, cuando los cambios de hábitos no son suficientes o existe una predisposición importante, los medicamentos indicados por un profesional pueden desempeñar un papel fundamental en la prevención.
4. “Si no siento nada, mi corazón está bien”
Este puede ser uno de los mitos más peligrosos.
La ausencia de síntomas no garantiza que las arterias estén sanas. La enfermedad coronaria puede desarrollarse durante años sin producir señales claras. En determinados casos, el primer episodio evidente puede ser un infarto o un accidente cerebrovascular.
La hipertensión y el colesterol elevado son ejemplos particularmente importantes porque pueden permanecer silenciosos durante mucho tiempo. Por eso los controles médicos tienen valor incluso cuando una persona se siente saludable.
La OMS advierte que algunas enfermedades de los vasos sanguíneos no producen síntomas hasta que aparece una complicación. Cuando se presenta un dolor o presión en el centro del pecho, dificultad para respirar, sudor frío, mareos, náuseas o dolor que se extiende hacia el brazo, hombro, mandíbula o espalda, es necesario buscar atención médica urgente.
5. “El deterioro del corazón es una consecuencia normal de envejecer”
Envejecer aumenta el riesgo, pero no significa que sufrir una enfermedad cardiovascular sea inevitable.
El especialista citado por Infobae señala que existen personas de 80 y 90 años que mantienen una buena capacidad física y calidad de vida. La prevención sostenida, la actividad física, los controles médicos y el cumplimiento de los tratamientos pueden influir de manera importante en la salud cardiovascular durante la edad avanzada.
La diferencia está en no confundir “más frecuente con la edad” con “normal por la edad”. Una presión arterial persistentemente elevada, colesterol alto, falta de aire durante actividades habituales o dolor en el pecho no deberían atribuirse simplemente al envejecimiento.
La prevención comienza mucho antes del primer síntoma
La principal enseñanza de estos cinco mitos es que la salud cardiovascular no debería evaluarse únicamente cuando aparece una emergencia. La OMS identifica como factores modificables especialmente importantes el tabaquismo, la alimentación poco saludable, la inactividad física y el consumo perjudicial de alcohol. También recomienda reducir la ingesta de sal, consumir frutas y verduras y mantener actividad física regular.
A estos hábitos se suman los controles de presión arterial, glucemia y colesterol. Cuando existen antecedentes familiares, enfermedades previas o varios factores de riesgo simultáneos, la evaluación médica puede ser todavía más importante.
El corazón puede permanecer en silencio durante años mientras algunos de sus principales factores de riesgo avanzan sin producir molestias. Por eso, desmontar estos mitos no es solamente una cuestión de información: puede ayudar a que más personas comprendan que la prevención cardiovascular comienza mucho antes del infarto y que la edad, el sexo o la genética no deben utilizarse como excusas para postergar los controles.
Foto: Imagen ilustrativa / Infobae
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