Paraguay registró una inflación mensual de 0% en agosto, un resultado que, aunque técnicamente significa que el nivel general de precios no tuvo variación durante el mes, no implica que los productos hayan dejado de ser caros. El dato abrió un debate entre economistas y consumidores porque se produjo al mismo tiempo que aumentaron los combustibles y que varios alimentos y servicios continúan representando una fuerte presión sobre el presupuesto familiar.
El resultado oficial del Banco Central del Paraguay (BCP) muestra que la inflación acumulada entre enero y agosto llegó al 1,8%, mientras que la variación interanual se ubicó en 1,5%, por debajo del 1,6% registrado en julio y muy por debajo del 4,6% de agosto de 2025. La inflación núcleo también fue de 0% mensual y quedó en 1,3% interanual.
Pero detrás de ese cero existe un comportamiento mucho más complejo. El IPC funciona como una canasta amplia en la que las subas de determinados productos pueden ser compensadas por las bajas de otros. En agosto, el BCP registró descensos importantes en carne vacuna, frutas y verduras y bienes durables importados, mientras que aumentaron los combustibles y determinados servicios.
Uno de los datos más llamativos fue precisamente el comportamiento de los combustibles. Según el análisis del economista Luis Rojas, citado por ABC Color, entre febrero y agosto los precios de diferentes tipos de naftas y diésel acumularon aumentos cercanos al 30%. Por eso considera llamativo que agosto haya terminado con inflación general de 0%, dado el impacto que el combustible tiene sobre el transporte, los fletes y buena parte de la actividad económica.
El fenómeno también debe analizarse junto con el reajuste del salario mínimo. En julio, el salario mínimo legal aumentó 5%, pero ese mismo mes el IPC registró una retracción de 0,1%. Para Rojas, el comportamiento de julio y agosto demuestra que un incremento salarial no necesariamente se traduce de manera automática en una aceleración de la inflación general. Sin embargo, también advierte que observar solamente el indicador mensual puede ocultar la evolución acumulada de determinados productos.
Carne, frutas y otros alimentos siguen pesando en el bolsillo
La diferencia entre inflación y costo de vida puede observarse claramente en los alimentos. Que un producto no haya aumentado durante agosto no significa que haya recuperado los precios que tenía dos años atrás.
Rojas señaló que la carne vacuna acumula aproximadamente 30% de aumento en dos años, aunque con diferencias importantes entre los distintos cortes. En el caso de las frutas frescas, estimó una suba acumulada cercana al 60% en el mismo período. También mencionó incrementos acumulados en carne porcina, carne aviar, lácteos y productos panificados.
El propio informe del BCP muestra el contraste mensual. En agosto, la carne vacuna bajó 0,8%, mientras que el conjunto de frutas y verduras disminuyó 3,7%. Estas reducciones ayudaron a compensar incrementos importantes en otros sectores.
Los combustibles, en cambio, aumentaron 3,8% durante agosto y el transporte registró una variación de 1,2%. Los servicios, excluyendo alquileres, subieron 0,2%. El resultado final fue, por lo tanto, producto de movimientos contrapuestos y no de una congelación generalizada de los precios.
¿Por qué puede existir inflación cero si algunos productos suben?
La explicación está en la metodología del IPC. El indicador utilizado por el BCP contempla 470 bienes y servicios, cada uno con una ponderación determinada dentro del consumo de los hogares. Cuando algunos productos aumentan y otros disminuyen, sus efectos pueden compensarse matemáticamente.
En agosto, solamente el 32,7% de los productos de la canasta registró aumentos, una proporción inferior al promedio histórico de 44,8%. Para el BCP, este comportamiento constituye una señal de moderación general de los precios.
El problema que plantea Rojas es diferente: la canasta estadística no necesariamente coincide exactamente con la canasta de consumo de una familia trabajadora. Un hogar que destina una proporción importante de sus ingresos a alimentos, transporte, alquiler y servicios básicos puede experimentar una presión de precios diferente a la reflejada por el promedio general del IPC.
Por eso, inflación cero no significa que el supermercado haya vuelto a los precios del pasado. Significa que, durante ese mes, el promedio ponderado de los precios relevados no aumentó.
El economista propone una medición específica para las familias trabajadoras
Ante esta diferencia, Rojas planteó crear un indicador separado para medir el costo de vida de las familias trabajadoras. Su propuesta consiste en concentrarse en una cantidad menor de productos de consumo cotidiano —estimó entre 120 y 150 bienes y servicios— y utilizar esa medición como referencia para analizar la evolución del poder adquisitivo y los reajustes salariales.
También considera que esta tarea debería estar en manos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y no del BCP. Su argumento es institucional: el Banco Central tiene la responsabilidad de conducir la política monetaria y controlar la inflación, mientras que una medición independiente del costo de vida podría ofrecer otra perspectiva sobre el impacto real de los precios en los hogares.
El planteamiento no cuestiona necesariamente la metodología del IPC oficial, sino que propone complementarla con otro indicador que permita observar con mayor precisión la situación de los hogares cuyos gastos se concentran en bienes esenciales.
Un dato positivo, pero que necesita contexto
Desde la perspectiva macroeconómica, la cifra es favorable. La inflación interanual de 1,5% está muy por debajo del nivel registrado un año atrás y la inflación acumulada de 1,8% también muestra una desaceleración importante respecto del 3,4% acumulado durante el mismo período de 2025.
Además, el BCP mantiene para 2026 una proyección de inflación de 3,3%, mientras su tasa de política monetaria se ubica actualmente en 5,50%.
Sin embargo, para el consumidor la lectura es menos sencilla. La estabilidad del índice no elimina los aumentos acumulados de los últimos años, especialmente en alimentos y transporte. El desafío consiste en determinar cuánto de esa estabilidad macroeconómica está llegando efectivamente al presupuesto cotidiano de las familias.
En definitiva, el 0% de inflación de agosto es un dato real y técnicamente significativo, pero no debe interpretarse como que Paraguay vive un escenario de precios bajos. El dato describe la variación promedio durante un mes; la sensación de encarecimiento que experimentan los hogares depende de qué productos consumen, cuánto de sus ingresos destinan a ellos y cuánto han aumentado esos bienes en períodos más largos.
Foto: AndreyPopov / ABC Color
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