La automatización doméstica acaba de dar un paso que hasta hace poco parecía reservado a la ciencia ficción. Una empresa emergente de San Francisco comenzó a ofrecer un servicio de limpieza mediante robots humanoides por US$30 la hora. Las máquinas pueden aspirar, limpiar superficies y retirar residuos, aunque todavía necesitan supervisión humana para completar determinadas tareas.
La compañía responsable es Tau Robotics, una startup de San Francisco dirigida por Alex Koch, quien también es su cofundador. El proyecto comenzó como una prueba en viviendas reales y busca comprobar hasta dónde pueden llegar los robots humanoides cuando abandonan los laboratorios y deben desenvolverse en ambientes domésticos imprevisibles. El objetivo declarado por Koch es entrenarlos inicialmente para reproducir el desempeño humano y, posteriormente, superar algunas de esas capacidades.
Por ahora, el servicio funciona mediante reservas por invitación y cada contratación tiene una duración de una hora. El cliente paga US$30 por cada robot utilizado. Si necesita cubrir una superficie mayor, puede solicitar dos máquinas simultáneamente y pagar US$60 por la misma hora de trabajo. La empresa todavía mantiene restricciones sobre determinadas áreas de las viviendas, aunque los usuarios pueden indicar qué habitaciones, objetos o sectores deben evitarse.
Entre las tareas que los robots pueden realizar se encuentran pasar la aspiradora, limpiar encimeras y retirar la basura. Otras experiencias difundidas durante las pruebas muestran que estas máquinas también pueden encargarse de actividades como hacer una cama y limpiar determinadas zonas del baño, aunque las capacidades disponibles dependen del estado actual del sistema y de la supervisión necesaria.
Un robot de US$50.000 todavía necesita un operador
El dato más importante para entender esta tecnología es que el robot no trabaja de manera completamente autónoma.
Cada unidad tiene un costo de fabricación aproximado de US$50.000 y utiliza inteligencia artificial para interpretar el entorno y ejecutar las instrucciones. Sin embargo, la IA todavía no puede controlar por sí sola todas las acciones necesarias para realizar una limpieza doméstica completa.
Por eso, detrás de cada servicio existe una persona que supervisa remotamente el funcionamiento del robot. Los operadores pueden intervenir cuando la máquina queda atascada, encuentra un objeto que no sabe manipular o necesita instrucciones adicionales. Para hacerlo, utilizan sistemas de realidad virtual que les permiten observar el entorno desde la perspectiva del robot.
Este modelo revela una realidad importante: el robot sustituye parte del trabajo físico, pero todavía no elimina completamente la participación humana. La máquina está dentro de la vivienda; el criterio y la capacidad de resolver situaciones inesperadas continúan, al menos por ahora, dependiendo de una persona ubicada a distancia.
Una tecnología que todavía tiene dificultades
La propuesta también ha generado escepticismo entre especialistas en robótica.
Ken Goldberg, profesor de ingeniería de la Universidad de California en Berkeley, cuestionó las capacidades actuales de los humanoides para realizar una limpieza doméstica integral. Según el experto, acciones que parecen sencillas para una persona —como recoger objetos del suelo, barrer o limpiar superficies debajo de los muebles— continúan siendo técnicamente complejas para un robot.
La dificultad está precisamente en la naturaleza cambiante de una vivienda. Una casa no es una fábrica perfectamente organizada: puede haber juguetes en el suelo, ropa, mascotas, muebles desplazados, superficies diferentes, objetos frágiles y obstáculos que cambian de posición constantemente.
Un robot puede aprender una secuencia determinada, pero la verdadera prueba de inteligencia artificial es reaccionar correctamente cuando la situación deja de coincidir con lo previsto.
La privacidad se convierte en otro problema
La expansión de robots que ingresan a viviendas particulares también abre un debate sobre la privacidad de los datos.
Para desplazarse y realizar sus tareas, estas máquinas necesitan observar continuamente el entorno mediante cámaras y otros sensores. Eso significa que pueden registrar información visual de habitaciones, objetos personales y espacios privados de los clientes.
Goldberg advirtió precisamente sobre la información que estos robots pueden recopilar mientras trabajan. La discusión no se limita a saber si el robot limpia bien, sino también a determinar qué datos registra, dónde se almacenan, quién puede acceder a ellos y durante cuánto tiempo permanecen disponibles.
¿Robots contra trabajadores domésticos?
La aparición del servicio también genera preocupación entre quienes viven de la limpieza profesional.
María Ramírez, una trabajadora inmigrante que lleva cerca de 25 años dedicada a esta actividad en Los Ángeles, manifestó su temor de que el avance tecnológico termine desplazando a trabajadores humanos. Al mismo tiempo, sostuvo que las máquinas todavía están lejos de reproducir el nivel de detalle y adaptación de una persona, especialmente porque cada cliente tiene preferencias diferentes sobre cómo quiere que se limpie su vivienda.
Tau Robotics plantea una interpretación diferente. Koch sostiene que el servicio puede ampliar el mercado, porque algunos de sus primeros clientes son personas que nunca contrataron personal de limpieza o que lo hacen con muy poca frecuencia. Desde esa perspectiva, el robot no necesariamente estaría compitiendo únicamente contra un trabajador humano, sino creando una nueva categoría de servicio para consumidores que actualmente realizan por sí mismos las tareas domésticas.
El objetivo: 1.000 limpiezas por semana
La compañía no parece considerar el proyecto como una simple demostración tecnológica.
Tau Robotics pretende aumentar progresivamente su capacidad hasta alcanzar 1.000 servicios de limpieza semanales en San Francisco durante 2027. Posteriormente, la empresa planea llevar el modelo a otras ciudades estadounidenses y comenzar una expansión internacional en 2028.
La estrategia supone convertir la vivienda en uno de los próximos grandes campos de batalla de la robótica humanoide. Durante años, la automatización se concentró principalmente en fábricas, almacenes y centros logísticos, donde los ambientes pueden ser controlados con mayor facilidad. Ahora las empresas intentan llevar esas máquinas a lugares mucho más complejos: las casas de las personas.
La competencia tecnológica también está creciendo. Grandes fabricantes de electrodomésticos y compañías de robótica trabajan en humanoides capaces de interactuar con diferentes aparatos y realizar varias tareas domésticas. LG, por ejemplo, presentó su robot LG CLOiD, diseñado para ejecutar y coordinar actividades dentro de un hogar conectado.
¿Es el comienzo del hogar automatizado?
El servicio de San Francisco todavía está lejos de representar una casa completamente atendida por robots. El precio puede parecer competitivo frente a determinados servicios humanos, pero la necesidad de operadores remotos demuestra que la autonomía tecnológica todavía tiene límites.
Sin embargo, el experimento tiene una importancia que va más allá de los US$30.
Por primera vez, una persona puede solicitar comercialmente que un robot humanoide entre en su vivienda y realice tareas domésticas durante una hora. Ya no se trata únicamente de una demostración en una feria tecnológica o de un prototipo mostrado en un laboratorio: es un servicio que está siendo probado con clientes reales.
El desafío ahora será comprobar si estas máquinas pueden aprender suficientemente rápido, trabajar con seguridad, proteger la privacidad de los usuarios y alcanzar un nivel de autonomía que permita reducir progresivamente la intervención humana.
San Francisco puede estar mostrando una imagen anticipada de una transformación mucho mayor. La pregunta ya no es si los robots humanoides llegarán a los hogares, sino cuánto tardarán en ser capaces de trabajar allí sin que una persona tenga que controlarlos desde otro lugar.
Foto: Tau Robotics / ABC News
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