Las enfermedades crónicas no transmisibles no aparecen necesariamente de un día para otro. En muchos casos se desarrollan durante años a partir de una combinación de factores genéticos, ambientales y de hábitos cotidianos. Una alimentación inadecuada, el sedentarismo, el consumo de tabaco y alcohol y determinados cambios metabólicos pueden aumentar considerablemente el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer y afecciones respiratorias.
El Ministerio de Salud Pública de Paraguay advierte que tener uno o varios factores de riesgo no significa que una persona necesariamente desarrollará una enfermedad, pero sí aumenta las probabilidades. La prevención, por tanto, no consiste solamente en tratar una enfermedad cuando aparece, sino en identificar tempranamente aquello que puede modificarse y realizar controles periódicos.
La preocupación trasciende a Paraguay. La Organización Panamericana de la Salud estima que las enfermedades no transmisibles provocan aproximadamente 6 millones de muertes cada año en las Américas y que cerca del 40% ocurre antes de los 70 años. Las enfermedades cardiovasculares, los distintos tipos de cáncer, la diabetes y las enfermedades respiratorias crónicas concentran una parte importante de esta carga sanitaria.
1. Una alimentación con exceso de sal, azúcar y grasas
La calidad de la alimentación es uno de los primeros elementos que puede modificar el riesgo. El consumo frecuente de alimentos con exceso de sal, azúcares y grasas poco saludables, acompañado de una ingesta insuficiente de frutas y verduras, favorece condiciones que posteriormente pueden afectar al corazón y al metabolismo.
El Ministerio de Salud recomienda priorizar alimentos frescos, frutas, verduras y legumbres, además de preferir agua en lugar de bebidas azucaradas y reducir frituras, golosinas y productos ultraprocesados.
La OMS coincide en que las dietas poco saludables constituyen uno de los principales factores modificables asociados con las enfermedades no transmisibles. El exceso de sodio, en particular, contribuye a elevar la presión arterial, uno de los principales factores de riesgo cardiovascular.
2. Presión arterial, azúcar, colesterol y exceso de peso
Existe una diferencia importante entre los hábitos que pueden aumentar el riesgo y las alteraciones que ya aparecen en el organismo.
La hipertensión arterial, la glucosa elevada, el colesterol y otros lípidos en niveles anormales, el sobrepeso y la obesidad son factores metabólicos que pueden incrementar el riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes y otras complicaciones. La acumulación de grasa en la zona abdominal merece especial atención.
La OMS identifica cuatro grandes cambios metabólicos vinculados con las enfermedades crónicas: presión arterial elevada, sobrepeso u obesidad, glucosa elevada y alteraciones de los lípidos sanguíneos.
Por eso no basta con sentirse bien. La hipertensión y algunas alteraciones metabólicas pueden avanzar durante años sin producir síntomas evidentes. Los controles médicos permiten detectar estos cambios antes de que aparezcan complicaciones.
3. El consumo de alcohol
El alcohol puede afectar diferentes sistemas del organismo y su consumo excesivo está relacionado con enfermedades cardiovasculares, determinados cánceres y otros problemas de salud.
Además, sus efectos inmediatos sobre los reflejos, la capacidad de procesar información y el autocontrol aumentan el riesgo de accidentes y lesiones. El Ministerio de Salud paraguayo señala que cuanto menor sea el consumo de alcohol, menor será el riesgo asociado.
La OPS también incluye el consumo nocivo de alcohol entre los principales factores conductuales modificables de las enfermedades no transmisibles.
4. Tabaco y humo de segunda mano
Fumar no solamente perjudica a quien consume tabaco. Las personas expuestas al humo de otras personas también enfrentan riesgos para la salud.
El tabaquismo está estrechamente relacionado con enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias crónicas y numerosos tipos de cáncer. La exposición al humo ambiental también incrementa riesgos, por lo que mantener hogares, lugares de trabajo y espacios compartidos libres de humo constituye una medida preventiva importante.
La OMS considera el consumo de tabaco uno de los cinco grandes factores de riesgo de las enfermedades no transmisibles, junto con la inactividad física, la alimentación poco saludable, el consumo nocivo de alcohol y la contaminación del aire.
5. Pasar demasiado tiempo sentado
No solamente importa hacer ejercicio. También importa cuánto tiempo permanece una persona inactiva durante el resto del día.
Las largas jornadas sentadas frente a una computadora, mirando televisión o utilizando dispositivos pueden contribuir a un estilo de vida sedentario. La actividad física insuficiente está asociada con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y otros problemas crónicos.
En las Américas, la OPS estima que aproximadamente 35,6% de los adultos presenta actividad física insuficiente, mientras que la obesidad afecta a una proporción creciente de la población.
Caminar más, utilizar las escaleras, interrumpir períodos prolongados sentado y realizar actividad física regularmente son medidas que pueden contribuir a reducir este riesgo.
6. Falta de actividad física y hábitos que se acumulan
La actividad física insuficiente completa el conjunto de factores conductuales destacados por las autoridades sanitarias. No se trata únicamente de practicar un deporte: moverse regularmente durante la semana forma parte de la prevención.
La inactividad puede favorecer el aumento de peso y contribuir al deterioro de indicadores metabólicos como la presión arterial, la glucosa y los lípidos sanguíneos. La OMS estima que la insuficiente actividad física está relacionada con una carga importante de enfermedad a nivel mundial.
Aquí aparece una cuestión fundamental: los factores de riesgo tienden a combinarse. Una persona sedentaria que consume una dieta poco saludable puede aumentar de peso y desarrollar hipertensión o alteraciones de glucosa; si además fuma o consume alcohol en exceso, el riesgo puede crecer todavía más.
La prevención comienza antes de que aparezcan los síntomas
Las enfermedades crónicas no transmisibles constituyen actualmente uno de los mayores desafíos para los sistemas sanitarios. La OPS estima que aproximadamente 240 millones de personas viven con una enfermedad no transmisible en las Américas. Por eso, la estrategia regional para 2025–2030 plantea reducir factores de riesgo, fortalecer la atención primaria y mejorar la vigilancia de estas enfermedades.
La prevención tampoco significa intentar modificar todos los hábitos de una sola vez. Reducir el consumo de tabaco, mejorar progresivamente la alimentación, aumentar la actividad física, moderar o evitar el alcohol y controlar periódicamente la presión arterial, la glucosa y el colesterol pueden formar parte de un mismo proceso de cuidado.
El mensaje central de los especialistas es que muchos de los factores que contribuyen a las enfermedades crónicas pueden modificarse. La prevención no garantiza que una persona nunca vaya a enfermar, porque también intervienen la edad, la genética y otros factores, pero puede reducir de manera importante el riesgo y permitir detectar problemas cuando todavía existe mayor margen para actuar.
Foto: Rawpixel / ABC Color
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