Un terremoto de magnitud 5 sacudió durante la madrugada de este sábado el área metropolitana de Granada, en el sur de España, con epicentro en el municipio de Alhendín y a unos 2 kilómetros de profundidad. El movimiento, registrado a las 01:04, fue percibido en prácticamente toda Andalucía y también llegó a sentirse, con menor intensidad, en puntos de otras comunidades. La Junta de Andalucía activó la fase de emergencia, situación operativa 1, del Plan ante el Riesgo Sísmico después de que el servicio 112 recibiera decenas de avisos. Se registraron desprendimientos, caída de elementos de fachadas y tejados, grietas, daños en edificios y varios rescates de personas atrapadas en ascensores. Hasta las primeras horas de la mañana no se habían comunicado víctimas mortales ni heridos graves, pero las autoridades mantienen la vigilancia ante la sucesión de réplicas registrada después del movimiento principal.
El terremoto ocurrió cuando gran parte de la población de Granada dormía. La sacudida comenzó a la 01:04 y tuvo una característica que aumentó considerablemente su percepción: el epicentro estuvo muy cerca de zonas densamente pobladas y a poca profundidad. El Instituto Geográfico Nacional (IGN) elevó posteriormente la magnitud desde el valor preliminar de 4,8 hasta 5,0, con una profundidad calculada de aproximadamente 2 kilómetros. La combinación de magnitud, proximidad a núcleos urbanos y escasa profundidad explica que el movimiento haya sido sentido con especial intensidad en Granada capital y municipios de su área metropolitana.
En cuestión de minutos, las redes sociales comenzaron a llenarse de testimonios de vecinos que describían muebles desplazados, objetos que habían caído de estanterías, puertas y ventanas vibrando y fuertes ruidos procedentes de edificios. La percepción fue especialmente intensa en localidades situadas alrededor del epicentro, entre ellas Las Gabias, Cúllar Vega, Churriana de la Vega, Armilla, Cájar, Gójar y Vegas del Genil. En algunos sectores de Granada capital, especialmente en barrios próximos al sur de la ciudad, numerosos residentes abandonaron temporalmente sus viviendas por temor a nuevos movimientos.
La emergencia adquirió rápidamente una dimensión regional. El servicio 112 Andalucía recibió avisos procedentes de todas las provincias andaluzas salvo Huelva y Cádiz, mientras que el temblor fue registrado por la población en lugares tan alejados como distintos puntos de Murcia, Castilla-La Mancha, Extremadura y la Comunidad de Madrid. La intensidad fue naturalmente mucho menor cuanto más lejos se encontraba cada localidad del epicentro, pero la extensión geográfica del fenómeno permitió comprobar que no se trató de un movimiento limitado exclusivamente a Granada.
Los primeros daños reportados fueron principalmente de carácter material. Hubo desprendimientos, caída de cornisas y elementos de fachadas, daños en tejados y grietas en distintos edificios. En Granada capital se produjeron intervenciones de los bomberos en inmuebles que presentaban elementos potencialmente inestables, mientras que en otros municipios se procedió a acordonar zonas para impedir que peatones y vehículos quedaran expuestos a nuevas caídas.
Uno de los incidentes que obligó a actuar con rapidez se produjo en Las Gabias, donde Protección Civil y los cuerpos de seguridad ordenaron el desalojo preventivo de un edificio que podría haber sufrido daños como consecuencia del terremoto. La medida no significó que el inmueble hubiera colapsado, sino que las autoridades prefirieron impedir el acceso mientras especialistas evaluaban su estabilidad. En una emergencia sísmica, esta diferencia es fundamental: una estructura que parece estable desde el exterior puede presentar daños internos que solamente pueden determinarse mediante una inspección técnica.
En Granada capital, los equipos de emergencia también atendieron desprendimientos en diferentes puntos. Se reportaron daños en elementos de fachadas y edificios antiguos, mientras los bomberos realizaron comprobaciones y trabajos de aseguramiento. Entre las actuaciones se incluyó la revisión de la fachada de la Iglesia de la Magdalena, que sufrió desperfectos, y la intervención en el entorno del Instituto Padre Suárez después de la caída de una gárgola hacia la vía pública.
El terremoto también provocó problemas en ascensores. Algunas personas quedaron atrapadas después de que los mecanismos de los elevadores resultaran afectados por el movimiento y tuvieron que ser auxiliadas por los bomberos. Este tipo de incidente es relativamente frecuente después de una sacudida fuerte, especialmente en edificios donde los sistemas de seguridad detienen automáticamente el ascensor cuando detectan movimientos anormales.
En otros sectores se registraron fugas de agua y gas que obligaron a intervenir a los servicios municipales y de emergencia. Las autoridades recomendaron no manipular instalaciones eléctricas o de gas si existían dudas sobre su estado y mantener especial precaución en edificios donde se hubieran producido grietas, desprendimientos o desplazamientos de elementos constructivos.
La respuesta institucional fue inmediata. La Junta de Andalucía activó la fase de emergencia, situación operativa 1, del Plan ante el Riesgo Sísmico. El consejero de Presidencia, Sanidad y Emergencias, Antonio Sanz, explicó que la activación permite reforzar el seguimiento de la situación, coordinar los recursos disponibles y mantener una evaluación conjunta con los ayuntamientos y la Diputación de Granada.
La activación de este nivel no significa que Granada se encuentre ante una catástrofe generalizada ni que exista una orden de evacuación de la provincia. Se trata de una herramienta de coordinación para que los organismos de emergencia puedan disponer de una estructura reforzada ante un fenómeno que puede continuar produciendo réplicas y daños localizados.
La prioridad durante las primeras horas fue precisamente determinar si existían víctimas, edificios con daños estructurales y zonas que pudieran representar un peligro para la población. Hasta las primeras actualizaciones oficiales no se habían comunicado fallecidos ni heridos de gravedad vinculados al terremoto. Los servicios sanitarios tampoco habían informado de una llegada masiva de personas afectadas.
La ausencia de víctimas personales graves representa, por ahora, la principal noticia positiva después de una sacudida que despertó a miles de personas. Sin embargo, las autoridades mantienen cautela porque el balance de daños puede modificarse a medida que los equipos técnicos inspeccionen viviendas, edificios públicos, iglesias, fachadas y otras estructuras.
El comportamiento posterior del terreno es otro de los elementos que mantiene en alerta a los especialistas. Después del terremoto principal se registraron numerosos movimientos de menor magnitud en el entorno de Granada. Entre ellos hubo sismos localizados en Ogíjares, Gójar, Alhendín, Otura y La Zubia, con magnitudes generalmente inferiores a 3.
Uno de los primeros movimientos posteriores se registró apenas minutos después del terremoto principal. El IGN contabilizó un sismo de 2,1 en Ogíjares, otro de 2,6 en Gójar y posteriormente un movimiento de magnitud 2,0 nuevamente en Alhendín. Durante las horas siguientes se produjeron otros temblores de magnitud inferior, configurando una secuencia sísmica que mantuvo a muchos vecinos fuera de sus viviendas.
La sucesión de movimientos explica también las escenas registradas durante la madrugada en diferentes puntos del área metropolitana. Miles de personas salieron temporalmente a las calles, algunas con mantas, sillas y otros objetos básicos, ante el temor de permanecer dentro de edificios antiguos mientras continuaban las réplicas.
El fenómeno recuerda inevitablemente al enjambre sísmico que afectó a Granada en 2020 y 2021, cuando la Vega de Granada registró una extraordinaria cantidad de movimientos durante varios meses. Aquella crisis sísmica generó miles de terremotos, muchos de ellos de magnitud reducida, pero algunos suficientemente fuertes como para provocar daños materiales y un profundo impacto psicológico en la población.
La diferencia es que el episodio actual presenta inicialmente un movimiento principal claramente más fuerte que la mayoría de los temblores habituales registrados en la zona durante los últimos meses. Por eso los especialistas necesitan observar cómo evoluciona la secuencia antes de establecer si se trata de un episodio aislado seguido de réplicas o del comienzo de una nueva fase de actividad sísmica.
Granada no es una zona ajena a los terremotos. La provincia se encuentra en una de las regiones con mayor actividad sísmica de la península ibérica, debido a la compleja interacción tectónica entre la placa africana y la placa euroasiática, además de la dinámica de las estructuras tectónicas que atraviesan el sureste de España.
El sur de la península concentra una parte importante de la actividad sísmica española. Las Cordilleras Béticas, que se extienden por Andalucía y otras regiones del sureste, son resultado de procesos tectónicos que continúan activos. Esa actividad no significa que la región esté permanentemente al borde de un gran terremoto, pero sí explica por qué los movimientos de tierra forman parte de su historia geológica.
Los registros históricos muestran que Granada ha experimentado terremotos capaces de provocar daños importantes. El propio IGN ha documentado diferentes períodos de actividad sísmica en la Vega de Granada, con series que se remontan varios siglos. Uno de los antecedentes más significativos se produjo en 1438, cuando un terremoto ocasionó daños graves en diferentes localidades de la provincia.
Durante los siglos XIX y XX también se produjeron varias series sísmicas relevantes, entre ellas las de 1806-1807, 1826, 1910–1912, 1918, 1955–1956 y 1979. Algunas de esas secuencias se prolongaron durante meses y alcanzaron magnitudes moderadas, demostrando que la actividad sísmica de Granada puede desarrollarse en forma de episodios prolongados y no necesariamente como un único terremoto aislado.
La experiencia de 2021 sigue muy presente en la memoria de los granadinos. Durante aquel período se registraron miles de movimientos y numerosos vecinos comenzaron a dormir fuera de sus viviendas por temor a nuevos temblores. Aunque la mayoría de los sismos no provocaron daños estructurales graves, las imágenes de edificios con grietas y elementos desprendidos generaron una sensación de vulnerabilidad que todavía permanece en parte de la población.
Ahora, cinco años después, un terremoto de magnitud 5 vuelve a poner a prueba la capacidad de respuesta de las autoridades y la resistencia del parque inmobiliario de la provincia.
El hecho de que el epicentro se encuentre a apenas unos kilómetros de zonas densamente habitadas es particularmente relevante. La energía de un terremoto superficial puede sentirse con mayor intensidad cerca del epicentro que la de un movimiento de magnitud similar ocurrido a mucha mayor profundidad.
Eso ayuda a explicar por qué un terremoto de magnitud 5, que desde el punto de vista mundial no pertenece a la categoría de los grandes terremotos destructivos, puede generar daños materiales cuando ocurre muy cerca de una ciudad y de manera superficial.
La magnitud, además, no es el único parámetro que determina los daños. Importan también la profundidad, la distancia al epicentro, el tipo de suelo, la calidad de las construcciones y la duración de la sacudida.
En Granada existe además un parque importante de edificios antiguos. Las estructuras históricas, especialmente aquellas construidas antes de las normativas modernas de diseño sismorresistente, pueden presentar mayor vulnerabilidad ante movimientos fuertes. Por eso las inspecciones posteriores al terremoto son tan importantes como la respuesta durante la sacudida.
El gran desafío de las próximas horas será distinguir entre daños superficiales y daños estructurales. Una grieta en un revestimiento o una cornisa desprendida puede generar un peligro inmediato, pero no necesariamente significa que la estructura completa esté comprometida. En cambio, daños en pilares, vigas, muros de carga o elementos fundamentales del edificio requieren una evaluación mucho más rigurosa.
Por esa razón, los equipos de emergencia están acordonando algunos puntos y recomendando a los vecinos que no regresen a determinados inmuebles hasta que sean inspeccionados.
La situación también obliga a las autoridades a enfrentar un problema de comunicación. Después de un terremoto, el miedo puede producir una avalancha de rumores, predicciones falsas y mensajes alarmistas. Durante la madrugada circularon en redes sociales numerosas especulaciones sobre la posibilidad de un terremoto todavía mayor.
Los especialistas son claros en este punto: no existe actualmente un método científico que permita predecir con precisión que un terremoto de determinada magnitud ocurrirá en una hora o día concretos. Tampoco es posible afirmar que una réplica determinada será necesariamente el último movimiento de una secuencia.
Lo que sí pueden hacer los expertos es analizar la evolución de los terremotos registrados, sus magnitudes, profundidades, localizaciones y frecuencia para determinar cómo está comportándose la actividad sísmica.
La aparición de réplicas después de un terremoto de magnitud 5 es, por sí misma, algo que puede ocurrir y no implica necesariamente que vaya a producirse un terremoto mayor. Pero tampoco permite descartar por completo otros movimientos. Por eso el monitoreo instrumental del IGN y la vigilancia de Protección Civil son fundamentales durante las horas y días posteriores.
La población, entretanto, tiene un papel importante.
Las autoridades de Andalucía recomiendan mantener la calma, no utilizar ascensores durante una evacuación, alejarse de fachadas, balcones, cornisas y muros inestables y evitar entrar o salir de edificios de forma precipitada. También se aconseja utilizar el teléfono solamente para emergencias, para no saturar las redes de comunicación.
Después de una sacudida fuerte, además, no es recomendable regresar inmediatamente a un edificio que presente daños visibles. Una estructura que ha sufrido un primer movimiento puede quedar debilitada y ser más vulnerable ante una réplica.
El episodio de Granada vuelve a colocar sobre la mesa una cuestión que suele quedar relegada hasta que ocurre un terremoto: la preparación sísmica de las ciudades españolas.
España no es Japón, Chile o Indonesia. La frecuencia de grandes terremotos destructivos es mucho menor. Pero eso no significa que el riesgo sea inexistente. El sureste español concentra suficiente actividad sísmica como para justificar políticas permanentes de prevención, revisión de edificios y educación de la población.
La construcción sismorresistente es especialmente importante en zonas como Granada. Las normas españolas han evolucionado con el conocimiento científico y establecen requisitos específicos para las áreas con mayor peligrosidad sísmica. Sin embargo, una parte significativa del parque inmobiliario fue construida antes de las normativas actuales.
Eso significa que la prevención no consiste únicamente en construir correctamente los edificios nuevos.
También implica evaluar y, cuando sea necesario, reforzar edificios antiguos.
El terremoto de este sábado puede convertirse precisamente en una oportunidad para revisar aquellos inmuebles que hayan presentado grietas, desprendimientos o desplazamientos de elementos. Una inspección posterior a un sismo permite identificar vulnerabilidades que podrían ser más peligrosas ante un movimiento futuro.
El aspecto económico tampoco es menor.
Aunque el balance inicial no apunta a una destrucción generalizada, cada terremoto genera costes para administraciones, aseguradoras, propietarios, empresas y municipios. La reparación de fachadas, tejados, instalaciones, edificios históricos y viviendas puede representar millones de euros cuando se suman numerosos daños pequeños.
Además, los establecimientos que deben ser desalojados temporalmente pueden perder actividad comercial, mientras las administraciones tienen que movilizar equipos técnicos y recursos de emergencia.
El impacto psicológico también debe considerarse. Para muchas personas, especialmente quienes vivieron el enjambre sísmico de 2021, despertarse de madrugada con una sacudida fuerte puede reactivar el miedo asociado con aquella experiencia.
Salir a la calle durante la madrugada, observar edificios acordonados y escuchar nuevas réplicas genera una sensación de incertidumbre que puede mantenerse durante días aunque los daños materiales sean limitados.
Por eso la comunicación oficial resulta tan importante como la intervención de los bomberos. Informar con precisión es también una herramienta de emergencia.
La situación de Granada seguirá dependiendo de la evolución de la actividad sísmica. Si las réplicas disminuyen progresivamente, el episodio podría entrar en una fase de normalización después de las inspecciones y reparaciones iniciales. Si, por el contrario, aumentan en número o magnitud, las autoridades tendrán que mantener o ampliar las medidas de precaución.
Por ahora, el mensaje oficial combina vigilancia y tranquilidad.
No hay indicios que permitan afirmar que vaya a producirse un terremoto mayor.
Pero tampoco existe fundamento científico para prometer que no habrá nuevos movimientos.
La población deberá convivir durante las próximas horas con esa incertidumbre mientras los instrumentos del Instituto Geográfico Nacional siguen registrando cada movimiento.
Granada ya conoce esa historia.
En 2021, la tierra pareció no querer quedarse quieta durante semanas.
Ahora, cinco años después, volvió a hacerlo en cuestión de segundos.
La diferencia es que esta vez el golpe principal alcanzó magnitud 5, ocurrió prácticamente bajo la zona metropolitana y despertó a una provincia entera.
Y aunque, por ahora, la tragedia humana se ha evitado, las grietas que dejó el terremoto —en edificios y también en la memoria de quienes lo sintieron— recuerdan que el riesgo sísmico no es una hipótesis lejana para el sur de España.
Es una realidad geológica con la que Granada tendrá que seguir aprendiendo a convivir.
El terremoto de Alhendín no ha dejado, hasta las primeras horas del sábado, un balance de víctimas mortales ni heridos graves, pero sí ha demostrado la capacidad de un movimiento relativamente moderado para provocar daños cuando ocurre cerca de una zona urbana y a poca profundidad. La emergencia continúa activa mientras bomberos, Protección Civil, policías y técnicos inspeccionan edificios y zonas afectadas. Las réplicas seguirán siendo vigiladas por el IGN, pero nadie puede determinar de antemano cuánto durará la secuencia ni si aparecerán movimientos más fuertes. Granada vuelve así a enfrentarse a su vieja amenaza sísmica: no la de un terremoto inevitable, sino la de una región geológicamente activa donde la prevención, la calidad de las construcciones y una respuesta rápida pueden marcar la diferencia entre un gran susto y una tragedia.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
- ★Ecuador: incautan 1,2 toneladas de cocaína ocultas en un contenedor de banano con destino a España
- ★Paraguay: el consumo eléctrico creció cerca del 49% en ocho años, pero la industria perdió participación
- ★Paraguay: Justicia Electoral actualiza el padrón y ya se puede consultar dónde votar en las municipales
- ★Paraguay: incautan tierra paraguaya en un insólito intento de contrabando en el Puente de la Amistad
- ★Paraguay: estas son las calles que estarán cerradas este sábado en Asunción por los festejos

