El consumo de electricidad en Paraguay experimentó un fuerte crecimiento durante los últimos ocho años, pero la evolución de la demanda revela un cambio importante en la estructura de los usuarios: los hogares y el sector comercial ganaron peso, mientras la participación relativa de la industria disminuyó. El fenómeno adquiere especial relevancia para un país que produce grandes excedentes de electricidad hidroeléctrica y busca convertir esa ventaja energética en un motor de industrialización. Los datos muestran que el desafío paraguayo ya no es solamente generar electricidad suficiente, sino conseguir que una proporción mayor de esa energía sea utilizada dentro del país para actividades productivas de mayor valor agregado.
El crecimiento de la demanda eléctrica forma parte de una tendencia que se aceleró en los últimos años. El Balance Energético Nacional 2024 registró un consumo final de electricidad de 19.444,2 GWh, un incremento de 21,6% respecto de 2023. El documento oficial señala que este crecimiento anual fue considerablemente superior al ritmo acumulado observado durante la década anterior, cuando la expansión promedio había sido mucho más moderada.
La composición del consumo también permite entender dónde se está produciendo ese aumento. En 2024, el sector residencial representó 39,5% del consumo eléctrico nacional, seguido por el sector comercial y los servicios públicos, con 25,5%, mientras la industria concentró 14,8%. El resto correspondió a otros usos no especificados. Esta distribución muestra que el crecimiento de la electricidad no está siendo absorbido principalmente por la actividad industrial, sino por una estructura económica cada vez más vinculada al consumo de los hogares y los servicios.
El dato adquiere mayor importancia cuando se observa la evolución reciente. En los primeros seis meses de 2026, la demanda eléctrica paraguaya alcanzó 16.897,7 GWh, 18,3% más que en el mismo período de 2025. Ya durante los primeros cinco meses, la Administración Nacional de Electricidad (ANDE) había informado un aumento acumulado de 19,4%, con 14.587,1 GWh consumidos frente a 12.217,6 GWh un año antes. Es decir, la expansión de la demanda no se detuvo después del fuerte crecimiento registrado en 2024.
Sin embargo, aumentar el consumo eléctrico no significa automáticamente avanzar hacia una economía más industrializada. La industria paraguaya continúa utilizando una combinación de electricidad, biomasa y combustibles, y la electricidad representa solamente una parte de su matriz energética. Un análisis del Balance Nacional de Energía Útil de 2023 publicado por ABC señalaba que apenas 16% del consumo energético útil de la industria correspondía a electricidad, mientras que otras fuentes continuaban teniendo un peso mucho mayor.
Esta característica tiene una consecuencia estratégica. Paraguay posee una disponibilidad extraordinaria de energía hidroeléctrica gracias principalmente a Itaipú, Yacyretá y Acaray, pero disponer de electricidad abundante y barata no garantiza por sí mismo que esa ventaja se transforme en fábricas, empleos industriales y exportaciones con mayor valor agregado. Para lograrlo es necesario atraer inversiones que requieran energía de manera intensiva y que incorporen producción, tecnología y cadenas de proveedores dentro del territorio nacional.
El Gobierno está intentando precisamente avanzar en esa dirección mediante nuevas políticas para atraer industrias electrointensivas y convergentes. El Decreto 5306/2026 estableció un régimen específico para industrias convergentes y creó tarifas destinadas a facilitar su instalación en Paraguay. Posteriormente, otra normativa modificó esas tarifas teniendo en cuenta las condiciones del sistema eléctrico, la planificación de generación y transmisión y las características de este nuevo tipo de consumo.
La apuesta apunta a sectores que pueden utilizar la electricidad paraguaya como una ventaja competitiva, incluidos proyectos tecnológicos y actividades industriales de alto consumo energético. La lógica económica consiste en que Paraguay no debería limitarse a exportar electricidad o consumirla principalmente en los hogares, sino utilizar una parte creciente de su excedente para producir bienes y servicios dentro del país.
Ese desafío se vuelve más urgente porque la demanda continuará aumentando. La expansión del aire acondicionado, los electrodomésticos, la actividad comercial, los servicios, la urbanización y eventualmente la electromovilidad pueden elevar considerablemente el consumo interno. Un estudio publicado por ABC ya advertía que la expansión económica, la incorporación de nuevas industrias electrointensivas y la movilidad eléctrica podrían modificar significativamente el perfil de la demanda paraguaya durante los próximos años.
La ANDE está acompañando este proceso con inversiones en transmisión y distribución. El crecimiento de la demanda exige ampliar la capacidad de las redes para evitar que una mayor disponibilidad de generación termine limitada por cuellos de botella en el transporte y distribución de electricidad. En 2026, la empresa estatal informó que continúa ejecutando obras de fortalecimiento del sistema precisamente ante el aumento sostenido del consumo.
La situación plantea, por tanto, una paradoja para Paraguay. El país posee una de las mayores disponibilidades de electricidad renovable por habitante, pero todavía no consigue que esa abundancia se traduzca proporcionalmente en industrialización. Mientras el consumo nacional aumenta, la industria pierde participación relativa dentro de la demanda eléctrica, lo que indica que el crecimiento de la economía está siendo acompañado con mayor intensidad por hogares, comercio y servicios.
La oportunidad consiste en modificar esa estructura sin desatender las necesidades domésticas. Una mayor industrialización eléctrica podría generar empleos, inversiones y exportaciones, además de reducir la dependencia de combustibles importados en determinados procesos productivos. Pero para que ocurra será necesario combinar tarifas competitivas con infraestructura, seguridad jurídica, disponibilidad de potencia, capacitación laboral y condiciones capaces de atraer inversiones de largo plazo.
El crecimiento de casi 49% del consumo eléctrico en ocho años demuestra que Paraguay está utilizando cada vez más su energía dentro del territorio, pero la pérdida de peso relativo de la industria revela que todavía existe una brecha entre tener electricidad abundante y convertirla en desarrollo productivo. El desafío de los próximos años será precisamente cerrar esa brecha: aumentar la demanda industrial, atraer empresas electrointensivas y transformar una ventaja energética histórica en mayor producción, empleo y valor agregado para la economía paraguaya.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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