La energía solar comienza a ganar espacio entre hogares y empresas paraguayas impulsada por la reducción del costo de los paneles, la preocupación por la calidad y estabilidad del suministro eléctrico y el nuevo marco legal que permite a los usuarios generar su propia electricidad e incluso vender excedentes a la red. En el mercado local, un sistema residencial básico puede partir de unos G. 12,5 millones, mientras que las instalaciones empresariales e industriales requieren inversiones considerablemente mayores y pueden superar los US$ 1.000 por kilovatio instalado. El retorno de la inversión puede ubicarse aproximadamente entre cinco y diez años, aunque el resultado depende del consumo, el tamaño del sistema, el costo de instalación y las condiciones de compensación de la energía excedente.
El cambio más importante para los consumidores paraguayos no está solamente en la tecnología, sino en las nuevas reglas del mercado eléctrico. La Ley N.º 7599/2025 de Energías Renovables No Convencionales, reglamentada mediante el Decreto N.º 6034/2026, abrió la posibilidad de que usuarios residenciales, comercios e industrias se conviertan en autogeneradores. Bajo este esquema, un usuario puede producir electricidad para su propio consumo y entregar a la ANDE la energía que no utilice, dentro de las condiciones establecidas por la normativa.
El interés privado está creciendo en un contexto particular: Paraguay dispone de electricidad hidroeléctrica abundante y relativamente barata, pero esa ventaja también reduce el incentivo económico para que una familia instale paneles solares únicamente con el objetivo de disminuir su factura. La propia ANDE reconoció en mayo que, con las tarifas actuales, el retorno de una instalación de generación distribuida a pequeña escala puede no justificar por sí solo la inversión. Por eso, para muchos usuarios, la decisión de instalar paneles está relacionada también con contar con generación propia, reducir la dependencia de la red y protegerse frente a interrupciones del suministro.
En una vivienda, el costo final depende principalmente de la potencia instalada, el consumo mensual y de si el sistema incorpora baterías. Una instalación destinada únicamente al autoconsumo durante las horas de sol es considerablemente diferente de un sistema diseñado para mantener determinados circuitos funcionando durante un apagón. Las baterías elevan el costo inicial, pero permiten almacenar parte de la electricidad generada durante el día para utilizarla posteriormente, algo particularmente atractivo para hogares y empresas que necesitan continuidad de suministro.
En el sector empresarial, la ecuación puede ser diferente porque las compañías tienen consumos considerablemente mayores y, en muchos casos, concentran buena parte de su demanda durante las horas en que los paneles producen electricidad. Para una industria, supermercado, establecimiento agropecuario u oficina con un consumo diurno elevado, utilizar directamente la energía solar generada puede resultar más atractivo que depender exclusivamente de la compensación por excedentes. Por esa razón, los especialistas consideran que el autoconsumo industrial puede convertirse en uno de los segmentos más interesantes del mercado paraguayo.
El nuevo escenario también está relacionado con una transformación más profunda de la red eléctrica. Tradicionalmente, la electricidad circula desde las centrales de generación hacia la ANDE y luego hasta los consumidores. Con miles de pequeños generadores solares conectados, el flujo puede comenzar a circular también en sentido contrario: una vivienda o empresa genera electricidad, consume una parte y envía el excedente hacia la red. Esa bidireccionalidad exige medidores adecuados, sistemas de control, digitalización y redes capaces de administrar variaciones de generación y demanda.
La experiencia de otros países demuestra que la expansión de la generación distribuida no consiste simplemente en instalar paneles. Brasil, por ejemplo, ya posee una enorme cantidad de generación distribuida y enfrenta problemas técnicos relacionados con el flujo inverso de electricidad, la congestión de las redes y el denominado curtailment, que ocurre cuando parte de la energía disponible no puede ser aprovechada debido a limitaciones de demanda o transmisión. Paraguay todavía está en una etapa inicial y puede utilizar esas experiencias para diseñar una expansión más ordenada.
Otro factor que puede acelerar el mercado es la propia evolución de la demanda paraguaya. El consumo eléctrico nacional viene creciendo con rapidez, mientras el Gobierno advierte que el excedente hidroeléctrico tradicional podría reducirse durante los próximos años. La incorporación de nuevas fuentes renovables permitiría complementar la generación hidroeléctrica y disminuir la presión sobre el sistema, especialmente durante determinados períodos de demanda. En ese contexto, la energía solar no aparece únicamente como una alternativa para viviendas particulares, sino como parte de una estrategia nacional de diversificación.
La ANDE ya prepara, además, el primer gran proyecto solar fotovoltaico del país. Se trata de una planta de 140 MW en Loma Plata, departamento de Boquerón, cuya licitación internacional está siendo estructurada con apoyo del Banco Mundial. El proyecto será desarrollado por el sector privado y representa el primer gran proceso de adquisición de energía solar impulsado bajo el nuevo marco legal. La publicación de la licitación está prevista para finales de 2026.
La diferencia entre ese proyecto y los sistemas instalados en viviendas es importante. Una familia que coloca paneles en el techo está realizando una inversión destinada principalmente a su propio consumo; una planta de 140 MW forma parte de la infraestructura de generación del país y requiere contratos, financiamiento, conexión a la red, estudios técnicos y garantías de largo plazo. El crecimiento simultáneo de ambos segmentos muestra que Paraguay comienza a construir un mercado solar con dos escalas diferentes: generación distribuida para consumidores y grandes centrales para el sistema eléctrico nacional.
El Gobierno también busca que la expansión de las energías renovables sirva para atraer inversión privada. La Ley 7599 habilita nuevas modalidades de participación para empresas y grandes consumidores y establece contratos de mayor duración, una condición relevante para proyectos que requieren fuertes desembolsos iniciales y necesitan recuperar la inversión durante décadas. Sin embargo, especialistas advierten que el marco regulatorio todavía debe seguir desarrollándose para que los proyectos pequeños tengan una ecuación financiera suficientemente atractiva.
Para los consumidores, por tanto, la llamada “fiebre solar” no significa necesariamente que instalar paneles sea rentable para cualquier hogar. El cálculo debe considerar el consumo real, la orientación y superficie disponible para los paneles, las sombras, la vida útil del equipo, el mantenimiento, el financiamiento, la eventual necesidad de baterías y las reglas vigentes para compensar los excedentes. Un sistema correctamente dimensionado para una familia de alto consumo puede tener una lógica económica completamente diferente de una instalación sobredimensionada en una vivienda que consume poca electricidad.
Paraguay está entrando en una nueva etapa energética en la que la energía solar comienza a pasar de proyectos aislados a formar parte de las decisiones de hogares, empresas y del propio sistema eléctrico nacional. Los precios de entrada, desde alrededor de G. 12,5 millones para instalaciones residenciales básicas, hacen que la tecnología sea cada vez más accesible, pero su expansión dependerá de que la regulación, las redes y el sistema de compensación evolucionen al mismo ritmo. El verdadero cambio no será solamente ver más paneles en los techos paraguayos, sino convertir la generación distribuida y las grandes plantas solares en herramientas capaces de acompañar el crecimiento de la demanda sin perder la ventaja energética que históricamente tuvo el país.
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