Un desarrollo de investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) propone administrar medicamentos contra el colesterol y los triglicéridos mediante un parche colocado sobre la piel, en lugar de recurrir exclusivamente a comprimidos. El sistema combina un parche transdérmico con microagujas biodegradables capaces de atravesar superficialmente la piel y liberar el fármaco de manera rápida y posteriormente prolongada. La tecnología fue desarrollada por investigadores de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán y recibió el Premio Canifarma 2016 en la categoría de Innovación Tecnológica. Aunque el dispositivo ha sido presentado como una alternativa prometedora y existen investigaciones posteriores que respaldan el potencial de las microagujas para administrar atorvastatina, no se trata de un tratamiento de uso general aprobado que pueda adquirirse actualmente como sustituto de las estatinas convencionales.
El proyecto nació en México dentro del Laboratorio de Sistemas Transdérmicos y Materiales Nanoestructurados de la FES Cuautitlán, bajo la coordinación del investigador José Juan Escobar Chávez. La propuesta partió de un problema conocido en el tratamiento de las dislipidemias: millones de pacientes necesitan tomar medicamentos de manera prolongada para mantener bajo control los niveles de colesterol LDL y triglicéridos, pero la administración diaria de comprimidos puede verse afectada por olvidos, intolerancia gastrointestinal, interacciones y dificultades para mantener la adherencia al tratamiento.
La idea de los investigadores fue llevar el medicamento directamente a través de la piel. Para hacerlo desarrollaron un sistema híbrido compuesto por una matriz transdérmica y microagujas biodegradables. Estas estructuras son extremadamente pequeñas y generan microporos en la capa superficial de la piel, permitiendo que el principio activo atraviese una barrera que normalmente dificulta el paso de muchos medicamentos.
El sistema fue concebido con dos mecanismos de liberación. El primero es rápido y está asociado con las microagujas: al entrar en contacto con la piel, estas se degradan y permiten una liberación inicial del medicamento. El segundo corresponde al propio parche, diseñado para mantener una liberación más lenta y prolongada. De esta manera, el objetivo es evitar los picos y descensos asociados con algunas administraciones orales y mantener una exposición más constante al fármaco.
En las versiones del proyecto difundidas por la UNAM se utilizó atorvastatina cálcica, una estatina ampliamente conocida para reducir el colesterol LDL y ayudar a disminuir el riesgo cardiovascular cuando está indicada. En etapas anteriores del desarrollo también se investigó la administración transdérmica de pravastatina sódica, lo que muestra que la plataforma no fue diseñada exclusivamente para una única molécula.
La diferencia fundamental frente a una tableta está en la ruta que sigue el medicamento. Un fármaco administrado por vía oral debe atravesar el aparato digestivo y posteriormente llegar al hígado antes de alcanzar plenamente la circulación sistémica. La administración transdérmica pretende evitar ese recorrido y proporcionar una liberación controlada directamente desde la piel hacia la circulación. Los investigadores de la UNAM plantearon esta característica como una de las principales ventajas potenciales de su sistema.
Eso no significa, sin embargo, que un parche sea automáticamente más eficaz que una estatina oral. La eficacia clínica depende de la cantidad de principio activo que pueda atravesar la piel, alcanzar concentraciones terapéuticas y mantenerse durante el período necesario. Precisamente por eso, el desarrollo de un sistema transdérmico no termina con demostrar que una molécula puede atravesar la piel: requiere estudios farmacocinéticos, de seguridad y, posteriormente, ensayos clínicos que permitan comprobar su eficacia en personas.
En este punto aparece una diferencia importante entre la noticia tecnológica y la realidad médica. El parche de la UNAM es una plataforma de investigación y desarrollo farmacéutico, no un producto que pueda presentarse actualmente como una alternativa comercial equivalente a una estatina prescrita por un médico. Las publicaciones oficiales de la universidad describen el desarrollo, sus pruebas de permeación y su patente, pero no presentan un tratamiento aprobado para su uso masivo en pacientes.
El proyecto cuenta con antecedentes técnicos que se remontan a varios años. En 2015, la UNAM informó que sus investigadores habían desarrollado microagujas poliméricas biodegradables cargadas con pravastatina y trabajaban en su acoplamiento a un parche transdérmico para tratar niveles elevados de colesterol y triglicéridos. En aquella etapa, los experimentos incluían pruebas utilizando piel humana obtenida de procedimientos quirúrgicos para evaluar la penetración del medicamento.
Dos años después, en 2017, la universidad presentó públicamente el sistema híbrido con microagujas biodegradables y un mecanismo de liberación rápida y otro prolongado. El proyecto recibió el Premio Canifarma 2016, un reconocimiento que puso el desarrollo en el radar de la innovación farmacéutica mexicana.
La tecnología llegó además al ámbito de la propiedad intelectual. En los registros de la UNAM aparece la solicitud MX/a/2017/013403, denominada “Sistema híbrido de un parche transdérmico acoplado a microagujas biodegradables para la administración de compuestos farmacéuticos”. El documento describe una plataforma que combina una matriz polimérica con microagujas biodegradables capaces de generar microporos en la piel y administrar diferentes compuestos farmacéuticos.
Uno de los aspectos más interesantes del desarrollo es precisamente que el parche no depende exclusivamente de una microaguja convencional. Las agujas son biodegradables y están diseñadas para degradarse después de penetrar superficialmente en la piel. Esto evita que queden agujas metálicas o elementos punzantes que posteriormente deban retirarse y desecharse.
La profundidad también es deliberadamente limitada. El objetivo es atravesar la barrera externa de la piel sin alcanzar las terminaciones nerviosas responsables de una parte importante del dolor. La UNAM señaló que las dimensiones de las microagujas permiten realizar el proceso con molestias mínimas o sin dolor significativo.
Para un paciente que debe recibir tratamiento durante años, esa característica podría tener una ventaja adicional: evitar la experiencia cotidiana de tomar una pastilla o acudir periódicamente para determinadas aplicaciones inyectables. El parche podría colocarse durante un período determinado y liberar progresivamente el medicamento.
Pero aquí aparece nuevamente el gran desafío: conseguir que la cantidad liberada sea exactamente la necesaria.
La piel es una barrera extraordinariamente eficiente. Su función natural consiste precisamente en impedir que sustancias externas entren fácilmente en el organismo. Por eso los investigadores utilizan las microagujas para crear canales microscópicos que permitan superar temporalmente esa barrera.
El desarrollo mexicano no está aislado de una tendencia internacional. En los últimos años, diferentes grupos científicos han explorado las microagujas como vehículos para administrar estatinas y otros medicamentos. La investigación ya no se limita a la idea de un parche convencional: existen sistemas de microagujas solubles, matrices poliméricas, nanopartículas, micelas y depósitos intradérmicos capaces de liberar medicamentos durante períodos prolongados.
Un estudio publicado en ACS Applied Bio Materials en 2024, por ejemplo, desarrolló un parche de microagujas con atorvastatina cálcica encapsulada en micelas poliméricas. Los investigadores probaron el sistema en un modelo de ratas con hiperlipidemia y observaron una eficacia terapéutica superior a la administración oral dentro de ese modelo experimental. Pero se trató de un estudio preclínico en animales, no de un ensayo clínico en seres humanos.
Otro trabajo, publicado en ACS Applied Materials & Interfaces, investigó microparches de liberación prolongada cargados con atorvastatina. El sistema logró mantener concentraciones terapéuticas del medicamento durante hasta 14 días en ratas después de una aplicación, según los investigadores. Nuevamente, estos resultados demuestran potencial tecnológico, pero no equivalen a demostrar seguridad y eficacia en seres humanos.
Existe incluso investigación publicada en el Journal of Controlled Release sobre microparches capaces de crear depósitos de atorvastatina dentro de la piel y mantener concentraciones del fármaco durante dos semanas en modelos animales. El estudio encontró una exposición sistémica considerablemente mayor con su formulación transdérmica respecto de la administración oral en el modelo utilizado.
Estos avances permiten entender por qué el concepto del parche sigue siendo científicamente atractivo casi una década después de que la UNAM presentara su desarrollo.
La tecnología está avanzando.
Pero todavía existe una enorme distancia entre “funciona en un modelo experimental” y “es un tratamiento aprobado para millones de pacientes”.
Ese es probablemente el punto que más debe aclararse cuando se habla de este tipo de innovaciones.
Una estatina oral ya cuenta con décadas de evidencia clínica, estudios con grandes poblaciones y experiencia acumulada sobre sus beneficios y efectos adversos. Un parche transdérmico tendría que demostrar que puede ofrecer al menos un nivel comparable de eficacia y seguridad antes de reemplazar ese estándar.
Además, tendría que demostrar que las microagujas no provocan problemas cutáneos relevantes cuando se utilizan repetidamente, que la dosis se mantiene estable, que el sistema no se desprende prematuramente y que el medicamento conserva sus propiedades durante todo el período de almacenamiento y uso.
También existe el desafío de las diferencias individuales.
La piel de una persona no es igual a la de otra. Edad, hidratación, grosor, presencia de vello, temperatura, enfermedades dermatológicas y otros factores pueden modificar la penetración de un medicamento. Un sistema destinado a utilizarse durante semanas tendría que ser capaz de mantener una dosificación suficientemente predecible frente a esas variaciones.
La propia investigación de la UNAM estudió diferentes formulaciones y mecanismos para controlar la liberación. En trabajos experimentales con pravastatina, por ejemplo, las microagujas aumentaron la permeación del medicamento a través de la piel y modificaron parámetros relacionados con el flujo y la permeabilidad.
El concepto de liberación prolongada tiene además una ventaja potencial relacionada con la adherencia terapéutica. Las estatinas funcionan cuando se toman correctamente y de manera sostenida, pero olvidar dosis puede reducir el efecto esperado. Un sistema que mantuviera una liberación constante durante varios días podría disminuir ese problema.
Sin embargo, el beneficio también tiene un lado negativo.
Si una persona presenta una reacción adversa a una tableta, puede dejar de tomarla y el organismo elimina progresivamente el medicamento. Con un sistema transdérmico de liberación prolongada, dependiendo de su diseño, parte del medicamento podría continuar liberándose después de que el paciente decida retirarlo.
La UNAM señaló como una ventaja que el parche pueda retirarse ante una reacción adversa, pero la velocidad con la que el medicamento abandona el organismo dependería de cuánto principio activo haya penetrado ya y de las características farmacocinéticas de la formulación.
También existe una cuestión económica.
En los primeros trabajos de la UNAM se estimó un costo extremadamente bajo para determinados componentes del sistema experimental, pero esa cifra no debe confundirse con el costo de producir un medicamento transdérmico aprobado. La fabricación bajo estándares farmacéuticos, los controles de calidad, los ensayos clínicos, el empaquetado, la distribución y la regulación pueden multiplicar el costo final.
La promesa económica del parche está más relacionada con su potencial para reducir algunos costos asociados con tratamientos prolongados y mejorar la adherencia que con la posibilidad de venderlo simplemente como un producto barato.
Y hay otra ventaja potencial que merece atención: el sistema podría permitir modificar la frecuencia de administración.
Los primeros trabajos de la UNAM hablaban de períodos de una a tres semanas, dependiendo de la formulación y del mecanismo de liberación. En otras investigaciones internacionales recientes se han conseguido sistemas experimentales capaces de mantener la liberación de atorvastatina durante aproximadamente dos semanas.
En términos prácticos, eso significaría pasar de recordar una pastilla todos los días a recordar la aplicación de un parche cada determinado número de días.
Pero para llegar a ese escenario falta la parte más difícil: demostrarlo en humanos.
La investigación clínica tendrá que responder preguntas que los experimentos de laboratorio y animales no pueden resolver por completo. ¿Qué porcentaje del medicamento llega realmente a la sangre? ¿Qué dosis necesita cada paciente? ¿Cuánto tiempo permanece el medicamento activo? ¿Cuál es la variabilidad entre personas? ¿Qué efectos produce después de meses o años? ¿Hay irritación acumulativa de la piel? ¿La exposición sistémica es realmente mejor que la vía oral?
Y, sobre todo, ¿reduce realmente los eventos cardiovasculares?
Esta última pregunta es crucial.
El objetivo final de controlar el colesterol no es simplemente conseguir un número menor en un análisis de sangre. Es reducir el riesgo de infarto, accidente cerebrovascular y otras complicaciones cardiovasculares. Una nueva vía de administración tendría que demostrar que ofrece beneficios clínicos reales y no solamente una tecnología más cómoda.
Las estatinas continúan siendo uno de los pilares del tratamiento para reducir el colesterol LDL cuando están indicadas. Las nuevas tecnologías de administración deben competir con un estándar que ya tiene una enorme cantidad de evidencia.
El parche, por tanto, podría terminar siendo una alternativa para determinados pacientes y no necesariamente un sustituto universal.
También podría convertirse en una plataforma para otros medicamentos.
Ese es uno de los aspectos más interesantes de la patente de la UNAM: el sistema híbrido fue planteado como una plataforma de administración de compuestos farmacéuticos, no exclusivamente como un parche contra el colesterol.
Los investigadores han trabajado además en sistemas transdérmicos para otras enfermedades relacionadas con el síndrome metabólico, incluidos proyectos orientados al control de la hipertensión. También investigaron métodos físicos como la iontoforesis y el ultrasonido para mejorar la penetración de fármacos a través de la piel.
Esto abre un escenario mucho más amplio.
En el futuro podrían existir sistemas transdérmicos capaces de administrar diferentes medicamentos de manera programada, con dosis adaptadas y sin necesidad de múltiples tomas diarias.
La tecnología podría ser particularmente interesante para pacientes que toman varios medicamentos simultáneamente.
Pero el futuro no debe confundirse con el presente.
El parche mexicano todavía pertenece al terreno de la innovación farmacéutica y la investigación, no al de los tratamientos cardiovasculares de uso rutinario.
Y esa precisión es especialmente importante porque el colesterol elevado generalmente no produce síntomas. Una persona puede sentirse perfectamente bien mientras acumula un riesgo cardiovascular importante. Por eso sustituir o abandonar un medicamento prescrito por una tecnología experimental sería una decisión peligrosa.
La existencia del parche tampoco significa que una persona pueda controlar el colesterol simplemente colocándose un dispositivo en la piel.
La alimentación, la actividad física, el peso corporal, el tabaquismo, el consumo de alcohol y otros factores continúan teniendo un papel importante. Y cuando existe una indicación médica para utilizar una estatina u otro medicamento hipolipemiante, el tratamiento debe seguir las recomendaciones de un profesional.
El desarrollo de la UNAM, sin embargo, plantea una pregunta interesante sobre el futuro de la medicina: ¿y si algunos tratamientos crónicos dejaran de depender de recordar una pastilla todos los días?
Ahí está la verdadera promesa del sistema.
No se trata solamente de un parche.
Se trata de convertir la piel en una vía de administración farmacológica controlada.
La medicina transdérmica ya existe para determinados medicamentos, pero las microagujas están ampliando las posibilidades porque permiten atravesar una de las principales barreras de la piel sin recurrir a una inyección convencional.
Y mientras la UNAM desarrollaba su propuesta, otros grupos científicos han seguido perfeccionando la misma idea con nuevos materiales, nanopartículas y sistemas de liberación prolongada.
En 2024, por ejemplo, investigadores de China desarrollaron un parche de microagujas con atorvastatina y micelas poliméricas, y encontraron resultados prometedores en animales. Ese trabajo demuestra que la idea mexicana no es una curiosidad aislada: forma parte de una línea internacional de investigación que continúa evolucionando.
La carrera tecnológica está ahora en convertir esas demostraciones experimentales en sistemas seguros, reproducibles y clínicamente comprobados.
Si ese salto se consigue, el impacto podría ser considerable.
Una persona podría aplicar un pequeño parche en casa y recibir una dosis controlada durante días o semanas.
Sin agujas hipodérmicas.
Sin múltiples tomas diarias.
Sin depender tanto de la memoria del paciente.
Y, potencialmente, con una liberación más estable del medicamento.
Pero antes de llegar a ese escenario habrá que superar la prueba que ninguna innovación médica puede esquivar: los ensayos clínicos y la aprobación regulatoria.
Por ahora, el desarrollo de la UNAM debe entenderse como lo que realmente es: una tecnología farmacéutica con una base experimental sólida, una patente registrada y antecedentes de investigación, pero que no debe presentarse como una cura revolucionaria ni como un producto ya disponible en farmacias.
La noticia verdadera es menos espectacular que algunos titulares, pero probablemente más interesante.
México desarrolló hace años una tecnología de microagujas biodegradables para intentar administrar medicamentos contra las dislipidemias a través de la piel, y la investigación internacional posterior demuestra que este campo continúa avanzando.
El parche todavía no reemplazó a las estatinas.
Pero podría estar ayudando a construir la tecnología que algún día permita hacerlo.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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