Punta Cana, República Dominicana, está entrando en una nueva etapa de su desarrollo turístico: además de atraer visitantes por sus playas, hoteles todo incluido y clima caribeño, el destino busca convertir las experiencias de aventura, naturaleza, gastronomía y entretenimiento en uno de los principales motores de su oferta. El Gobierno dominicano destacó que Bávaro Adventure Park recibió 42.562 visitantes solamente en julio de 2026, con un promedio de 1.372 personas por día, una cifra que refleja el creciente interés de los viajeros por salir del complejo hotelero y realizar actividades durante su estadía. El movimiento coincide con un año récord para el turismo dominicano, que recibió más de 6,6 millones de visitantes durante el primer semestre, un 7,7% más que en el mismo período de 2025.
Durante décadas, la imagen internacional de Punta Cana estuvo estrechamente asociada con una fórmula sencilla: playa, resort, comida incluida y descanso. Ese modelo convirtió a la región oriental de República Dominicana en uno de los principales polos turísticos del Caribe y permitió construir una gigantesca infraestructura hotelera alrededor de sus playas. Sin embargo, el comportamiento del viajero internacional está cambiando y el Gobierno dominicano pretende aprovechar esa transformación para ampliar el gasto turístico más allá del alojamiento.
El concepto que gana espacio es el llamado turismo de experiencias, una modalidad que busca que el visitante participe activamente de aquello que encuentra en el destino. En lugar de permanecer durante toda la estadía dentro del hotel, el turista puede combinar la playa con excursiones, parques de aventura, actividades acuáticas, naturaleza, gastronomía, cultura local, deportes y recorridos por comunidades. La estrategia oficial de promoción dominicana ya presenta Punta Cana precisamente como un destino donde pueden combinarse actividades de aventura, naturaleza, deportes acuáticos y atractivos culturales.
El dato de Bávaro Adventure Park resulta significativo porque permite observar esa transformación en cifras concretas. El parque recibió 42.562 visitantes en julio, equivalente a un promedio diario de 1.372 personas. Para las autoridades turísticas, el volumen demuestra que existe una demanda considerable por actividades complementarias al tradicional producto de sol y playa. No se trata solamente de llenar los hoteles: el objetivo es conseguir que una mayor proporción del dinero que llega con cada visitante circule por otras empresas y servicios vinculados con el turismo.
La estrategia tiene una explicación económica. Un visitante que permanece prácticamente todo el día dentro de un complejo con sistema todo incluido concentra buena parte de su gasto en el hotel. En cambio, un turista que compra una excursión, visita un parque, contrata transporte, consume en un restaurante local, adquiere artesanías o participa de una actividad cultural distribuye su gasto entre más actores de la economía. La batalla ya no consiste únicamente en conseguir más turistas, sino en conseguir que cada turista genere mayor actividad económica en el territorio.
Punta Cana parte, además, de una posición extraordinariamente favorable. El aeropuerto internacional de la zona continúa siendo la principal puerta de entrada aérea para los visitantes extranjeros. Durante enero y febrero de 2026, Punta Cana concentró el 71,9% de las llegadas de extranjeros no residentes por vía aérea, con 1.026.792 pasajeros, según el Banco Central dominicano. En ese período, la terminal registró un crecimiento interanual del 10,9%.
Ese volumen convierte al aeropuerto en algo más que una infraestructura de transporte: es una de las principales puertas de entrada del turismo caribeño. Cada nuevo vuelo genera potencialmente una cadena de consumo que comienza en el aeropuerto y puede extenderse hacia hoteles, restaurantes, excursiones, parques, empresas de transporte, comercios y comunidades de la región.
Pero precisamente el éxito de Punta Cana genera uno de sus mayores desafíos. Cuanto más crece un destino, mayor es la presión sobre sus carreteras, servicios públicos, agua, residuos, vivienda, energía y territorio. El Gobierno dominicano presentó en julio el Plan Municipal de Ordenamiento Territorial de Verón-Punta Cana con el objetivo de ordenar el crecimiento urbano, proteger recursos naturales y orientar el desarrollo de uno de los principales motores económicos del país.
La discusión sobre el turismo de experiencias, por tanto, no puede separarse de la planificación territorial. Si las nuevas actividades se concentran exclusivamente en grandes complejos privados, el modelo puede terminar reproduciendo el mismo aislamiento que caracterizó parte del turismo tradicional. Si, en cambio, las experiencias consiguen integrar empresas locales, comunidades, gastronomía, cultura y recursos naturales, pueden convertirse en una herramienta para distribuir mejor los beneficios del crecimiento.
El propio Gobierno dominicano viene hablando de diversificación y sostenibilidad como parte de su estrategia turística hacia 2036. El presidente Luis Abinader destacó que el país recibió más de 11,7 millones de visitantes durante 2025 y que la política turística busca avanzar hacia un modelo más diversificado e integrado al territorio, con proyectos que alcanzan a decenas de comunidades.
La magnitud de la expansión ayuda a entender por qué las autoridades están buscando nuevas alternativas. Durante el primer semestre de 2026, República Dominicana recibió 6.616.671 visitantes, un récord para ese período y un aumento del 7,7% frente a los primeros seis meses de 2025. De ese total, 4.963.542 llegaron por vía aérea y 1.653.129 correspondieron a pasajeros de cruceros.
El crecimiento no comenzó este año. En los primeros cinco meses de 2026, el país ya había acumulado 5.641.659 visitantes, un 8% más que durante el mismo período de 2025. Solamente por vía aérea habían llegado 4.147.025 turistas, con un crecimiento del 10,8%. Mayo registró 744.045 turistas por vía aérea, otro récord para ese mes.
El volumen confirma que República Dominicana no está intentando salvar un sector en crisis. Está intentando transformar un sector que ya funciona a gran escala.
Esa diferencia es fundamental.
Cuando un destino todavía necesita atraer turistas, la prioridad suele ser construir hoteles, promocionar playas y aumentar las conexiones aéreas. Cuando el destino ya recibe millones de visitantes, el desafío pasa a ser mucho más sofisticado: aumentar la calidad, prolongar la estadía, elevar el gasto por visitante, diversificar las zonas beneficiadas y reducir la dependencia de un único producto turístico.
Punta Cana es el ejemplo más claro de esa transición.
El modelo de “todo incluido” fue extraordinariamente exitoso para atraer grandes volúmenes de visitantes, pero también produjo una especie de paradoja. El turista puede llegar a un destino internacional, dormir frente al Caribe, comer durante una semana en el mismo complejo y regresar a su país sin haber tenido prácticamente contacto con la economía, la cultura o el territorio que existe detrás de las puertas del resort.
El turismo de experiencias intenta romper precisamente esa barrera.
Una excursión hacia un entorno natural, una actividad deportiva, un recorrido gastronómico o una visita cultural convierte al territorio en parte del producto turístico. La playa deja de ser el destino completo y pasa a ser uno de los componentes de una experiencia mucho más amplia.
La estrategia también responde a una nueva generación de viajeros que busca experiencias que puedan recordar, compartir y personalizar. Para una parte del mercado internacional, pasar siete días dentro de un hotel ya no es suficiente. El visitante quiere fotografía, aventura, gastronomía, contacto con la naturaleza y actividades diferentes.
República Dominicana cuenta con una ventaja evidente para competir en ese mercado: su territorio combina playas, montañas, ríos, áreas protegidas, cuevas, gastronomía, música, historia y una fuerte identidad cultural. El desafío es convertir esos recursos en productos turísticos profesionalizados, seguros y sostenibles, sin destruir precisamente aquello que los hace atractivos.
El Gobierno también está intentando diversificar geográficamente la oferta. La estrategia turística nacional ya no se limita a Punta Cana. Santo Domingo, por ejemplo, impulsa programas como Turizoneando, que durante el verano de 2026 programó más de 100 actividades culturales, musicales y recreativas en la Ciudad Colonial durante 11 semanas.
La intención es clara: que República Dominicana pueda vender diferentes tipos de viaje dentro de un mismo país.
Quien quiera playa puede elegir Punta Cana.
Quien busque cultura puede recorrer Santo Domingo.
Quien prefiera naturaleza puede explorar otras regiones.
Quien llegue en un crucero puede consumir experiencias de corta duración.
Y quien busque aventura puede incorporar parques y actividades especializadas a su itinerario.
La diversificación reduce además la vulnerabilidad del sector. Un destino que depende exclusivamente de playa y hoteles puede quedar más expuesto a cambios en las preferencias de los viajeros, fenómenos meteorológicos, problemas ambientales o alteraciones del mercado internacional. Una oferta más amplia permite repartir el riesgo.
La propia estructura del turismo dominicano muestra que Punta Cana seguirá siendo fundamental. En enero y febrero, casi tres cuartas partes de los extranjeros no residentes que ingresaron por vía aérea lo hicieron por ese aeropuerto. La pregunta, por tanto, no es si el modelo tradicional desaparecerá. Probablemente continuará siendo dominante durante muchos años. La cuestión es qué se construirá alrededor de él.
Y ahí aparece una oportunidad importante para las pequeñas y medianas empresas.
El crecimiento de las experiencias puede crear demanda para guías, operadores de excursiones, restaurantes, transportistas, fotógrafos, instructores deportivos, productores agrícolas, artesanos y emprendedores culturales. El turismo deja entonces de ser exclusivamente una actividad de grandes hoteles y comienza a convertirse en una red mucho más extensa de servicios.
Pero existe también una advertencia.
Si el turismo de experiencias se desarrolla sin controles ambientales y sin planificación, puede generar exactamente los problemas que pretende solucionar. Más vehículos significan más presión sobre las carreteras. Más excursiones pueden significar mayor impacto sobre ecosistemas. Más visitantes en determinados puntos naturales pueden acelerar su deterioro. Más construcciones pueden presionar los recursos hídricos y el territorio.
Por eso el ordenamiento territorial de Verón-Punta Cana adquiere especial relevancia. El Gobierno presentó ese instrumento precisamente para orientar el crecimiento, proteger recursos naturales y evitar que la expansión turística y urbana avance de manera desordenada.
El éxito futuro de Punta Cana dependerá, en buena medida, de conseguir algo que parece sencillo pero que suele ser complicado: crecer sin destruir el producto que atrae al visitante.
Una playa contaminada deja de ser una ventaja.
Un paisaje urbanizado pierde parte de su atractivo.
Una reserva natural saturada deja de ofrecer una experiencia excepcional.
Y una comunidad que no participa de los beneficios puede terminar viendo el turismo como una carga en lugar de una oportunidad.
La seguridad también será determinante. La Policía de Turismo dominicana, POLITUR, mantiene una estrategia específica para proteger a los visitantes y coordinarse con el Ministerio de Turismo. La institución destacó en julio su participación en la presentación de los resultados récord del primer semestre y reafirmó su papel en la seguridad del destino.
Para un mercado de experiencias, la seguridad es todavía más importante que para el turismo tradicional. Un viajero que permanece dentro de un hotel tiene un nivel de exposición relativamente limitado. Uno que conduce, navega, practica deportes, visita comunidades, recorre senderos o participa en excursiones necesita infraestructura, operadores capacitados y protocolos de seguridad.
Por eso la profesionalización de las actividades será una pieza central del próximo ciclo turístico.
No basta con tener una cascada, una cueva, una playa o un sendero.
Hay que convertirlo en una experiencia segura, organizada, atractiva y comercializable.
Y ahí es donde la República Dominicana puede encontrar uno de sus próximos grandes negocios turísticos.
El país ya tiene la demanda.
Ya tiene los vuelos.
Ya tiene los hoteles.
Ya tiene millones de visitantes.
Ahora busca hacer que esos visitantes salgan del hotel, conozcan el territorio y gasten más allá del sistema todo incluido.
Los resultados iniciales en Punta Cana sugieren que existe mercado para ello.
Los 42.562 visitantes registrados por Bávaro Adventure Park en julio no son, por sí solos, una revolución turística. Pero representan una señal concreta de que existe un público dispuesto a pagar por actividades adicionales durante su estancia.
Y esa señal llega en un momento particularmente favorable.
República Dominicana cerró 2025 con 11.676.901 visitantes, un récord histórico. El país también alcanzó casi tres millones de pasajeros de cruceros durante ese año y consolidó su posición como uno de los principales destinos turísticos de América Latina y el Caribe.
El desafío ahora es transformar volumen en valor.
Porque recibir millones de turistas es una cosa.
Conseguir que cada uno permanezca más tiempo, conozca más lugares, consuma más productos locales y deje una mayor derrama económica es otra.
Y ahí está la verdadera pelea que comienza en Punta Cana.
El turismo de experiencias puede terminar siendo mucho más que una nueva categoría comercial: puede convertirse en la siguiente fase del modelo turístico dominicano. La República Dominicana ya demostró que sabe atraer visitantes a gran escala; ahora intenta demostrar que también puede distribuir mejor el gasto turístico, integrar comunidades, diversificar su oferta y reducir la dependencia del tradicional binomio playa-resort. Punta Cana seguirá viviendo del Caribe, pero la estrategia oficial apunta a que el turista no se limite a mirar el mar desde una tumbona. La apuesta es que salga, explore, consuma, conozca y pague por una experiencia. El gran desafío será conseguirlo sin que el éxito termine degradando justamente el territorio que convirtió al destino en una potencia turística.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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