
El Mercosur vive hoy una dualidad estratégica sin precedentes en su historia: mientras por un lado celebra el mayor acuerdo comercial de su existencia con la Unión Europea, por el otro enfrenta el impacto estructural de las políticas arancelarias más disruptivas que Washington ha implementado en décadas. El balance de un año de guerra comercial trump-iana sobre América Latina fue publicado esta semana por MercoPress con base en datos de EFE y del Banco Central de Brasil, y sus conclusiones son de lectura obligatoria para entender el escenario real en que opera el bloque. Brasil fue el país más golpeado de toda América Latina por los aranceles de Trump durante el primer año de su segunda administración. Sin embargo, Brasilia logró compensar parcialmente la caída impulsando sus ventas hacia China un 6%, hacia Europa un 6,2%, y hacia sus socios del Mercosur —Argentina, Uruguay y Paraguay— un 26,6%, aunque cerró el año con un superávit comercial de 68.300 millones de dólares, su mínimo en tres años. Este dato es estructuralmente relevante para entender la dinámica del bloque: cuando un miembro enfrenta una contracción en sus mercados externos más relevantes, intensifica su comercio con los socios del Mercosur. El bloque actúa, en este sentido, como una red de seguridad comercial que amortigua los choques externos. El aumento del 26,6% en el comercio intra-Mercosur de Brasil es la prueba empírica más clara de que la integración regional tiene valor real en momentos de crisis global, y no solo en los discursos de cumbres presidenciales. Elsitio Avicola
La situación jurídica de los aranceles de Trump en Estados Unidos también evolucionó de manera dramática en los últimos meses, con consecuencias directas para los países del Mercosur. La Corte Suprema de los Estados Unidos dictaminó el 20 de febrero de 2026 que el presidente Trump había excedido su autoridad al imponer los aranceles bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA). Ese mismo día, Trump impuso un nuevo arancel global temporal del 10% bajo la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, que fue elevado al 15% al día siguiente —el máximo permitido bajo esta norma no probada anteriormente—, limitado a 150 días sin extensión del Congreso. Esta sucesión de eventos jurídicos y políticos ilustra la volatilidad sin precedentes que caracteriza la política comercial de la administración Trump, que en una semana pasó de tener sus aranceles anulados por la Corte Suprema a imponer nuevos aranceles bajo una autoridad legal diferente. Para los exportadores del Mercosur que deben planificar sus operaciones con meses de anticipación, esta incertidumbre tiene un costo económico real que ningún modelo econométrico captura completamente. Perfil
Argentina logró amortiguar el impacto del arancel del 10% mediante el engagement político con Washington. Ecuador podría ver su crecimiento frenarse al 7% en 2026 por los aranceles estadounidenses. Bolivia, con menor exposición al mercado estadounidense, reorientó su política económica para buscar inversión americana. Estas estrategias divergentes de los países del bloque frente a los aranceles de Trump revelan una tensión fundamental en la arquitectura del Mercosur: la política arancelaria externa es, en teoría, decidida colectivamente, pero en la práctica cada país negocia con Washington de manera individual según su capacidad política y sus urgencias domésticas. Argentina enfrenta la situación más complicada: las normas del Mercosur requieren que todos los países miembros estén de acuerdo en los tratados comerciales externos. Argentina podría tener que elegir entre el marco acordado con Estados Unidos y permanecer en el Mercosur, lo que podría dañar las relaciones con sus socios regionales y perturbar el comercio crucial con Brasil. Este dilema estratégico —que ya analiza con preocupación la prensa de todos los socios del bloque— es el más delicado que enfrenta el Mercosur en términos de cohesión interna desde la crisis de Venezuela. Elsitio AvicolaRADIO COSMOS
El Instituto Cato, en un análisis publicado este mes desde Washington, señaló que mientras la UE está asegurando amplio acceso recíproco a los mercados del Mercosur, la administración Trump ha concluido solo un acuerdo con un país del Mercosur —Argentina—, y aun ese no es más que un marco estrecho en lugar de un pacto de libre comercio en toda regla. Muchas exportaciones argentinas siguen sujetas a los «recíprocos» aranceles de Trump. Esto es sintomático del enfoque más amplio de Estados Unidos. El contraste entre el enfoque europeo —un acuerdo comprehensivo, multilateral, basado en reglas, que cubre 700 millones de personas— y el enfoque estadounidense —acuerdos bilaterales estrechos, transaccionales, condicionados a alineamiento geopolítico— no puede ser más elocuente. La presidenta de la Comisión Europea Von der Leyen advirtió que el comercio está siendo «weaponizado» y señaló la naturaleza «peligrosa y transaccional» de las realidades actuales. El economista de Harvard Robert Lawrence señaló que las políticas de Trump están ayudando a «crear un mundo sin América». Esta frase —»un mundo sin América»— captura con precisión brutal la paradoja más grande de la política comercial de Trump: al intentar hacer a América grande de nuevo cerrando sus mercados, está construyendo un mundo donde los demás actores aprenden a crecer y a prosperar sin depender de Washington. El Mercosur es, en este contexto, uno de los actores que más rápidamente está aprendiendo esa lección y actuando en consecuencia. Ejes de ComunicaciónEjes de Comunicación
Los analistas latinoamericanos consultados por Americas Quarterly señalaron que la decisión de la Corte Suprema de invalidar los aranceles IEEPA, junto con la imposición del nuevo arancel del 15%, marca un momento significativo en el giro de América hacia el proteccionismo, pero que las economías latinoamericanas parecen relativamente bien posicionadas para navegar el nuevo escenario dado que han aprendido a diversificar mercados aceleradamente en el último año. El Mercosur, con su acuerdo recién vigente con la UE y sus negociaciones avanzadas con Canadá y Singapur, es precisamente el ejemplo más claro de esa diversificación acelerada. El bloque está construyendo una red de vínculos comerciales que reduce su dependencia de cualquier socio individual —sea China, sea Estados Unidos— y que le da la autonomía estratégica necesaria para navegar con mayor equilibrio en un mundo multipolar y cada vez más fragmentado. Perfil
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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