El aumento de las dificultades económicas está modificando la manera en que las familias centroamericanas compran alimentos, medicamentos y productos de autocuidado. Sin embargo, un nuevo estudio muestra que el ajuste del presupuesto no ha eliminado la preocupación por la salud: cerca de siete de cada diez hogares latinoamericanos mantienen algún tipo de hábito asociado con el bienestar y la prevención.
El dato surge de The Health Effect 2026, estudio elaborado por Worldpanel by Numerator, que analiza las actitudes de los consumidores y las contrasta con sus compras reales. La investigación observa categorías como alimentos, bebidas, productos de autocuidado y artículos relacionados con la prevención, además de los canales y momentos en que las familias realizan sus compras.
La investigación identifica un deterioro de la situación económica. Los hogares clasificados como “Struggling”, es decir, aquellos cuyos ingresos apenas alcanzan para cubrir los gastos mensuales o directamente resultan insuficientes, pasaron del 25% en 2025 al 29% en 2026 en América Latina. El incremento de cuatro puntos porcentuales refleja una mayor presión sobre los presupuestos familiares.
Esta situación está cambiando la conducta de los consumidores. Las familias planifican con mayor anticipación sus visitas a supermercados y comercios, comparan precios, reducen las compras impulsivas y analizan con más cuidado la relación entre el costo de un producto y el beneficio que esperan obtener. Pero el estudio encuentra que esta búsqueda de ahorro no significa abandonar completamente los productos relacionados con la salud.
Siete de cada diez hogares mantienen conductas saludables
Uno de los resultados más llamativos del informe es que los consumidores no parecen estar planteando una elección absoluta entre ahorrar dinero o cuidar su salud. El estudio identifica un 38% de hogares “Health Actives”, caracterizados por incorporar de manera constante hábitos saludables, mientras que otro grupo, denominado “Health Moderates”, mantiene algunas de estas prácticas con menor intensidad.
En conjunto, ambos segmentos representan aproximadamente siete de cada diez hogares latinoamericanos, más de 70 millones de hogares, según la estimación presentada en el estudio. El dato resulta significativo porque demuestra que el interés por el bienestar no está restringido exclusivamente a las familias de mayores ingresos.
La prevención también está modificando la canasta de consumo. Los medicamentos de venta libre, conocidos como OTC, las bebidas funcionales y determinados productos de belleza y cuidado personal mantienen una evolución favorable. Para los consumidores, estos artículos comienzan a ser considerados parte de una estrategia cotidiana de autocuidado, incluso cuando el presupuesto familiar está sometido a presión.
Los medicamentos GLP-1 empiezan a transformar el consumo
Otro de los fenómenos analizados es la expansión del conocimiento sobre los tratamientos basados en GLP-1, utilizados inicialmente principalmente para el tratamiento de la diabetes y que también han adquirido relevancia en el control del peso.
En 2026, el 33% de los hogares latinoamericanos declara conocer estos tratamientos, equivalente a unos 63 millones de hogares. Además, el 14% afirma utilizarlos o considerar la posibilidad de hacerlo.
El fenómeno no se limita al ámbito médico. Estos tratamientos pueden modificar los hábitos alimentarios y, por extensión, la composición de la canasta familiar. Cambios en el apetito y en el tamaño de las porciones pueden alterar la demanda de determinadas categorías de alimentos y bebidas.
El estudio señala además que existe una cierta continuidad después de abandonar estos medicamentos: entre quienes dejaron de utilizarlos, el 43% manifestó que probablemente o definitivamente volvería a usarlos.
En Centroamérica y el Caribe, el conocimiento sobre los tratamientos GLP-1 aumentó del 14% en 2025 al 20% en 2026. Panamá aparece a la cabeza, con 26%, seguido por Costa Rica, con 21%, y Guatemala, con 16%.
La batalla contra el exceso de azúcar
El azúcar también aparece entre las preocupaciones crecientes. El 29% de los hogares latinoamericanos declara preocupación por su consumo, mientras más de la mitad intenta reducirlo mediante productos con menos azúcar añadida o alternativas bajas o sin calorías.
El estudio distingue tres comportamientos. Los “Sugar Regulars” mantienen una preferencia por el azúcar convencional o buscan evitar edulcorantes artificiales; los “Sugar Reducers” intentan disminuir la cantidad de azúcar añadida, mientras que los “Sugar Alternatives” optan por productos con edulcorantes bajos o sin calorías.
La tendencia no significa necesariamente que las familias estén eliminando completamente los productos dulces. Más bien, están modificando sus elecciones en función de factores como el precio, el sabor, los ingredientes, el etiquetado nutricional y la confianza que les genera una determinada marca.
La economía también influye en la salud
El informe plantea una relación importante entre las condiciones económicas y el bienestar. Los mercados donde existe una mayor proporción de hogares con dificultades financieras tienden a presentar indicadores inferiores de bienestar físico y mental.
Esto convierte a la evolución del consumo en algo más que una cuestión comercial. Cuando una familia dispone de menos recursos, debe decidir qué productos puede mantener, cuáles sustituir y cuáles dejar de comprar. La posibilidad de acceder a alimentos de calidad, productos preventivos y servicios de salud puede quedar condicionada por la capacidad económica.
Pero el comportamiento observado en 2026 muestra también una adaptación. Los consumidores están intentando mantener determinadas prácticas saludables buscando alternativas de menor precio, comparando productos y planificando las compras.
Una nueva relación entre bolsillo y bienestar
El escenario descrito por Worldpanel by Numerator revela una transformación del consumidor latinoamericano. La salud dejó de ser solamente una cuestión vinculada al tratamiento de enfermedades y pasó a ocupar un lugar cada vez más visible en las decisiones cotidianas de compra.
La paradoja es que este cambio ocurre precisamente cuando una parte creciente de los hogares tiene menos margen económico. El desafío para las familias consiste en encontrar productos y hábitos que puedan sostenerse en el tiempo sin comprometer el presupuesto.
Para las empresas, la tendencia representa también un cambio de mercado: ya no basta con ofrecer productos asociados con la salud. Los consumidores buscan simultáneamente precio, información, disponibilidad, confianza y un beneficio que perciban como real.
El panorama que deja el estudio es claro: la presión económica está obligando a las familias latinoamericanas a comprar de manera más racional, pero no ha eliminado su preocupación por vivir mejor. El consumidor de 2026 parece estar buscando un equilibrio cada vez más difícil entre cuidar el bolsillo y cuidar el cuerpo. Y esa tensión puede definir buena parte de las decisiones de alimentación, autocuidado y prevención durante los próximos años.
Foto: REUTERS/Dado Ruvic / Infobae
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