A menos de un mes de las elecciones presidenciales de Brasil, el 7 de Septiembre se convirtió en un nuevo escenario de confrontación entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro. Mientras Lula encabezó el tradicional desfile cívico-militar en Brasilia y centró su mensaje en la soberanía nacional, Flávio reunió a miles de simpatizantes en la avenida Paulista de São Paulo, donde lanzó fuertes críticas contra el Gobierno y el Supremo Tribunal Federal.
La coincidencia adquiere una dimensión especial porque Brasil se encuentra a menos de un mes de la primera vuelta presidencial, prevista para el 4 de octubre. Lula busca un nuevo mandato al frente del país, mientras Flávio Bolsonaro intenta consolidarse como principal candidato de la derecha y heredero político de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro. La campaña llega así a una etapa decisiva, marcada por una fuerte polarización y una competencia cada vez más ajustada.
En Brasilia, Lula participó del desfile oficial por los 204 años de la Independencia de Brasil acompañado por el vicepresidente Geraldo Alckmin y autoridades de los poderes Legislativo y Judicial. El acto tuvo como lema “Soberanía, la fuerza que une a Brasil” y estuvo organizado alrededor de tres ejes: la defensa de la soberanía nacional, el combate contra la violencia hacia las mujeres y la promoción del fútbol femenino, especialmente ante el Mundial que Brasil organizará en 2027.
El mandatario aprovechó además el mensaje transmitido por radio y televisión la noche anterior para profundizar su discurso sobre la autonomía brasileña. Lula sostuvo que ningún Gobierno extranjero puede determinar con quién debe comerciar Brasil y defendió el control nacional sobre recursos estratégicos como petróleo, agua, minerales críticos y tierras raras. El planteamiento aparece en medio de las tensiones comerciales con Estados Unidos y de los aranceles impuestos por la administración de Donald Trump a productos brasileños.
El escenario fue muy diferente en São Paulo. Flávio Bolsonaro encabezó una concentración en la avenida Paulista, acompañado por dirigentes y figuras de la derecha brasileña. El acto tuvo como uno de sus principales blancos al ministro del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes y estuvo marcado por críticas contra el Gobierno de Lula y denuncias de una supuesta persecución política contra el sector bolsonarista.
La movilización paulista reunió aproximadamente 28.500 personas, según una medición del Monitor do Debate Político de la Universidad de São Paulo y el Cebrap. La cifra fue inferior a las registradas en actos similares de 2024 y 2025, cuando las movilizaciones alcanzaron aproximadamente 45.400 y 42.200 participantes, respectivamente.
La ofensiva de Flávio también se produce mientras el Supremo atraviesa una crisis interna. Alexandre de Moraes enfrenta cuestionamientos relacionados con su presunta cercanía con el banquero Daniel Vorcaro, actualmente encarcelado por un caso de fraude. El magistrado André Mendonça intervino en investigaciones relacionadas con el caso, mientras Moraes cuestionó la actuación de su colega y pidió que se investigaran posibles irregularidades.
La disputa electoral también comienza a reflejarse en las encuestas. Una encuesta Quaest divulgada el 7 de septiembre situó a Lula con 36% de las preferencias para la primera vuelta, frente al 29% de Flávio Bolsonaro. Pero el escenario cambia en una eventual segunda vuelta: ambos aparecen con 41%, en un empate numérico dentro del margen de error de la encuesta, realizada con 2.004 entrevistados.
El resultado muestra por qué los actos del 7 de Septiembre adquirieron tanta importancia política. Lula intenta preservar su condición de favorito y presentar la soberanía, la defensa de los intereses nacionales y las políticas sociales como ejes de su campaña. Flávio, por su parte, busca transformar la movilización conservadora en votos y mantener vigente la identidad política construida durante los años de Jair Bolsonaro.
La jornada también tuvo un componente institucional particularmente delicado. Lula apareció durante el desfile junto a los presidentes de la Cámara de Diputados, Hugo Motta; del Senado, Davi Alcolumbre; y del Supremo, Luiz Edson Fachin, en una fotografía que buscó proyectar una imagen de institucionalidad en medio de las tensiones que atraviesan al máximo tribunal brasileño.
El 7 de Septiembre terminó mostrando, una vez más, la profunda división política que atraviesa Brasil. La misma fecha que oficialmente celebra la independencia nacional fue utilizada por los dos principales polos de la disputa presidencial para presentar visiones diferentes sobre el futuro del país: Lula desde el poder y las instituciones, reivindicando soberanía y autonomía; Flávio Bolsonaro desde la movilización callejera, cuestionando al Gobierno y al Supremo.
Con las urnas previstas para el 4 de octubre, la elección brasileña entra ahora en su tramo más decisivo. Y el empate entre Lula y Flávio en un eventual segundo turno indica que, más allá de las diferencias actuales en la primera vuelta, ninguno de los dos puede considerarse seguro ganador de la carrera presidencial.
Foto: Reuters / Infobae
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