El candidato presidencial Flávio Bolsonaro reunió este lunes a miles de simpatizantes en la Avenida Paulista, en São Paulo, durante un acto por el Día de la Independencia de Brasil. El senador del Partido Liberal aprovechó la movilización para intensificar sus ataques contra el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y contra el ministro del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes, a quien acusa de ejercer una “dictadura” dentro de la Corte. La manifestación se produce a menos de un mes de las elecciones presidenciales del 4 de octubre.
La concentración tuvo como principales consignas “Fuera Lula” y “Fuera De Moraes”. Los manifestantes llegaron con banderas de Brasil, Estados Unidos e Israel, mientras que durante el acto también apareció un muñeco inflable del presidente estadounidense Donald Trump sosteniendo a un Lula vestido como presidiario. La jornada comenzó con el himno brasileño y una oración, antes de dar paso a los discursos políticos.
Flávio Bolsonaro presentó la elección como una disputa entre dos modelos políticos y buscó vincular directamente al actual presidente con el magistrado del Supremo. “Quien vota a Lula, está votando a Alexandre de Moraes”, afirmó el candidato, quien responsabilizó al mandatario por lo que calificó como un “caos moral” en Brasil.
El enfrentamiento con Moraes ocupa un lugar central en la campaña de Flávio debido también al proceso judicial que terminó con el encarcelamiento de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, por su responsabilidad en una trama relacionada con el intento de golpe de Estado. El magistrado fue una de las figuras centrales de ese proceso y se convirtió desde entonces en uno de los principales blancos del bolsonarismo.
Flávio promete avanzar contra Moraes si llega al poder
Durante su discurso, Flávio Bolsonaro aseguró que, si gana las elecciones, impulsará desde el Parlamento un proceso para destituir a Alexandre de Moraes y prometió “acabar con su dictadura” en el Supremo. Su compañero de fórmula, Alfredo Gaspar, fue todavía más contundente y describió a Lula y Moraes como “los dos enemigos de Brasil” y “las dos caras de una misma moneda”.
El discurso contó además con la participación del pastor evangélico Silas Malafaia, uno de los aliados más conocidos de la familia Bolsonaro. Malafaia pidió al presidente del Supremo, Luiz Edson Fachin, que aparte a Moraes de sus funciones, al considerar que su permanencia perjudica a la propia Corte.
La crisis en el Supremo se convirtió en combustible electoral
Las acusaciones contra Moraes llegan en un momento especialmente delicado para el Supremo Tribunal Federal. El juez enfrenta cuestionamientos relacionados con sus vínculos con Daniel Vorcaro, antiguo propietario del Banco Master, detenido en una investigación por un fraude millonario.
Según la información citada por EFE, Vorcaro intercambió mensajes con Moraes en los que habría solicitado protección frente a investigaciones y llegó a consultarle, antes de ser detenido, si debía abandonar Brasil. Además, la Policía descubrió que Moraes habría intervenido en la edición de un contrato millonario entre el despacho de abogados de su esposa, Viviane Barci de Moraes, y el Banco Master.
Estos hechos provocaron una disputa dentro del propio Supremo. Moraes solicitó investigar al magistrado André Mendonça por supuestas irregularidades relacionadas con las investigaciones. Mendonça fue precisamente uno de los jueces designados para el Supremo durante el gobierno de Jair Bolsonaro.
Es importante señalar que las acusaciones y sospechas sobre Moraes forman parte de una controversia política y judicial todavía en desarrollo y no equivalen por sí mismas a una condena ni prueban las acusaciones formuladas por sus adversarios políticos.
Una elección que comienza a polarizarse
La movilización de São Paulo adquiere especial importancia porque Flávio Bolsonaro intenta consolidarse como principal alternativa de la derecha frente a Lula. La campaña presidencial brasileña entra así en una etapa decisiva, con un escenario mucho más competitivo de lo que inicialmente podía esperarse.
Una encuesta de Quaest, realizada entre el 3 y el 6 de septiembre sobre 2.004 personas, mostró un empate entre Lula y Flávio Bolsonaro en una eventual segunda vuelta: 41% para cada uno, dentro de un margen de error de dos puntos porcentuales. El resultado confirma que la disputa se encuentra abierta y que la polarización entre lulismo y bolsonarismo continúa siendo uno de los principales factores de la política brasileña.
La diferencia respecto de las movilizaciones protagonizadas en años anteriores por Jair Bolsonaro también comienza a ser visible. Reuters estimó en aproximadamente 28.500 personas la asistencia al acto de São Paulo, una convocatoria significativa, aunque menor que algunas de las grandes manifestaciones organizadas por el expresidente durante sus años de mayor movilización callejera.
Mientras Flávio concentraba a sus seguidores en la Avenida Paulista, Lula no tenía actos públicos de campaña programados ese lunes, aunque participó de las actividades oficiales del Día de la Independencia y aprovechó la fecha para defender la soberanía brasileña en un mensaje televisado.
El desafío de Flávio: convertir la protesta en votos
El acto de São Paulo mostró que el apellido Bolsonaro mantiene capacidad de movilización y que el conflicto con el Poder Judicial continúa siendo uno de los principales argumentos del campo conservador. Pero la campaña deberá demostrar si esa capacidad de convocatoria puede convertirse en apoyo suficiente para ganar una elección nacional.
Flávio intenta ampliar su discurso más allá de la defensa de su padre y de las críticas al Supremo. En su campaña también presenta propuestas de seguridad pública, combate al crimen organizado y endurecimiento de las penas, buscando conectar con una de las principales preocupaciones del electorado brasileño.
Con la primera vuelta prevista para el 4 de octubre, Brasil entra en una fase electoral de alta tensión. La movilización de Flávio Bolsonaro en São Paulo demuestra que la confrontación con Lula y con Alexandre de Moraes seguirá ocupando un lugar central en la campaña. La gran incógnita será si el candidato conseguirá transformar el descontento expresado en las calles en una mayoría electoral capaz de llevarlo al Palacio del Planalto.
Foto: EFE / Isaac Fontana
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