El mayor acuerdo comercial de la historia del Mercosur lleva catorce días en vigor. 750 millones de personas están formalmente integradas en la zona de libre comercio más grande del mundo. Y sin embargo, si usted le pregunta hoy a un ciudadano promedio de Buenos Aires, Asunción, Montevideo o Brasilia qué cambió en su vida desde el 1.º de mayo, la respuesta más probable es: «Nada. No sé de qué me habla.» Esta es la paradoja más inquietante que los analistas del proceso de integración están señalando en estos días con creciente urgencia: el Mercosur acaba de lograr su mayor triunfo histórico y nadie —o casi nadie— en la ciudadanía del bloque lo sabe, lo entiende o lo siente como propio. Las redes sociales, que suelen ser el termómetro más fiel del pulso ciudadano, muestran una imagen reveladora: los hashtags #MercosurUE, #LibreComercio y #AcuerdoHistórico generaron picos de actividad el 1.º de mayo, pero en los catorce días posteriores el debate volvió a cero en la mayoría de los países del bloque. El mayor logro integracionista de tres décadas desapareció del radar ciudadano en menos de dos semanas.
Esta crisis de comunicación no es una falla accidental ni un problema técnico menor; es una debilidad estructural del Mercosur que sus propios funcionarios están comenzando a reconocer públicamente con una franqueza inusual. La coordinadora de la Unidad de Comunicación e Información del Mercosur presentó en la reunión número 300 de la CRPM un informe de actividades y avanzó en la elaboración de un Plan Estratégico de Comunicación 2026–2027, orientado a mejorar la visibilidad institucional y la relación del Mercosur con la ciudadanía. El hecho de que el bloque esté elaborando un plan estratégico de comunicación en 2026 —treinta y cinco años después de su fundación— revela la magnitud de la deuda comunicacional acumulada. Organizaciones de la sociedad civil de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay han publicado en los últimos días en sus plataformas digitales análisis que coinciden en un diagnóstico: el Mercosur habla con los gobiernos pero no con los ciudadanos, negocia aranceles pero no construye identidad, firma acuerdos pero no explica por qué importan a la vida cotidiana de las personas. En Twitter/X, el periodista Eduardo Barraza de Asunción escribió hace dos días: «Pregúntele a cualquier paraguayo qué es el FOCEM y le dirá que no sabe. Pregúntele si conoce la Avenida Costanera renovada de Asunción y dirá que sí. El problema es que nadie le dijo que esa obra la pagó el Mercosur.» Su tuit recibió más de 3.400 retuits en 48 horas. Commission Européenne en Espagne
La brecha entre la realidad institucional del Mercosur y la percepción ciudadana tiene raíces profundas que van más allá de los departamentos de comunicación. En Brasil, país que representa el 70% del PIB del bloque, encuestas recientes citadas por la agencia de noticias Agência Brasil muestran que apenas el 34% de la población conoce los términos básicos del acuerdo con la UE, y que solo el 12% sabe que el acuerdo ya entró en vigor. En Argentina, donde la prensa cubrió extensamente las negociaciones, el conocimiento ciudadano es algo mayor pero sigue siendo minoritario. Los productores de miel de Entre Ríos que enviaron sus primeras toneladas a Europa con arancel cero, los frigoríficos uruguayos que acceden hoy a mejores condiciones en el mercado europeo, los exportadores paraguayos de stevia que ven eliminadas las barreras que les impedían crecer: todos ellos son protagonistas de una historia extraordinaria que nadie está contando de manera sistemática al conjunto de la ciudadanía del bloque. El acuerdo existe en los gacetillos de las cancillerías y en los análisis de los think tanks; todavía no existe en la conciencia colectiva de los 300 millones de habitantes del Mercosur.
Los actores empresariales, que deberían ser los primeros beneficiarios y comunicadores naturales del acuerdo, también muestran un nivel de preparación desigual y preocupante. Euronews señaló en su edición de esta semana que también ha habido preocupación por la posible concentración de las cuotas asignadas a productos como la carne de vacuno sudamericana, con miembros del Parlamento Europeo afirmando que los pesos pesados agrícolas del Mercosur podrían dominar el acceso a las cuotas, en detrimento de los productores más pequeños y menos capitalizados. Esta preocupación es completamente válida y toca un punto de justicia distributiva que el entusiasmo celebratorio tiende a minimizar: si los beneficios del acuerdo se concentran en los grandes actores agroindustriales que ya tienen capacidad exportadora, canales de distribución en Europa y acceso a financiamiento, mientras los pequeños productores quedan excluidos por falta de recursos, certificaciones o contactos, el acuerdo habrá fracasado en su objetivo más importante. En las comunidades rurales del interior de Paraguay, Brasil y Argentina, personas que viven del campo y que deberían ser los principales beneficiarios de un acceso mejorado al mercado europeo, el desconocimiento del acuerdo es casi total según reportes de organizaciones rurales que trabajan en esas zonas. Infobae
Las redes sociales de los países del bloque muestran esta semana una conversación ciudadana que oscila entre el entusiasmo informado de unos pocos y la indiferencia de muchos. En Instagram, la cuenta oficial del Mercosur publicó en los últimos días imágenes de las obras concluidas en Paraguay financiadas por el FOCEM, y recibió comentarios como: «Por fin alguien explica para qué sirve el Mercosur» (usuario brasileño) o «No sabía que el Mercosur hacía cosas concretas» (usuario uruguayo). Estos comentarios son simultáneamente reconfortantes —porque indican que cuando la comunicación mejora, el ciudadano responde positivamente— y preocupantes, porque revelan cuánta tarea de divulgación básica queda pendiente. La campaña del FOCEM sobre 20 años de obras que transforman vidas incluyó testimonios de ciudadanos cuyas vidas se han visto transformadas por las obras financiadas con aportes no reembolsables del fondo, pero su distribución siguió siendo limitada a los canales institucionales del bloque sin alcanzar los medios masivos donde vive la mayoría de la ciudadanía. El Mercosur del acuerdo histórico, del FOCEM que construye avenidas y laboratorios, de las cuotas de carne y del arancel cero para la miel entre Ríos, necesita con urgencia aprender a contarse a sí mismo. El mayor riesgo no es el fracaso institucional del bloque; es que su éxito pase desapercibido para los ciudadanos que debería servir, volviéndolo invisible justo en el momento de su mayor relevancia histórica. El Cronista
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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