Venezuela inició una nueva etapa de la reconstrucción tras los devastadores terremotos del 24 de junio con la firma de un contrato con la empresa estadounidense Miyamoto International para retirar, procesar y recuperar tres millones de toneladas métricas de escombros. El acuerdo busca despejar las zonas más afectadas, especialmente el estado La Guaira, y al mismo tiempo incorporar conocimientos especializados para reconstruir con mayores estándares de seguridad sísmica.
El contrato fue firmado en Caracas por el ministro de Obras Públicas, Juan José Ramírez, y el fundador y director ejecutivo de Miyamoto International, el ingeniero estructural Kit Miyamoto. El acto contó con la presencia de la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, y del encargado de negocios de Estados Unidos en el país, John Barrett, convirtiendo el acuerdo en una señal de cooperación entre Caracas y Washington en una de las etapas más delicadas de la emergencia.
La primera fase contempla el procesamiento, despeje y recuperación de tres millones de toneladas métricas de residuos provenientes de edificios, viviendas e infraestructura dañada. El convenio tendrá una vigencia de un año y no se limita al retiro de los restos: también incluye asistencia en ingeniería estructural, gestión del riesgo sísmico, fortalecimiento de los estándares de construcción y desarrollo de protocolos para prevenir y responder ante futuros desastres.
La Guaira, el principal desafío
El estado La Guaira, en el litoral central y próximo a Caracas, se convirtió en el epicentro de la destrucción. La zona concentra numerosos edificios afectados y comunidades enteras que quedaron expuestas a problemas de habitabilidad, infraestructura dañada y enormes acumulaciones de materiales.
Desde los primeros días posteriores a los sismos, Miyamoto International desplegó equipos de ingenieros en La Guaira y Catia La Mar para evaluar estructuras, colaborar con operaciones de búsqueda y rescate y proporcionar orientación sobre seguridad de edificios. La compañía señala que sus especialistas comenzaron a trabajar sobre el terreno pocos días después de la secuencia sísmica del 24 de junio.
La experiencia acumulada durante esas primeras semanas será ahora incorporada al programa de emergencia. Para las autoridades venezolanas, el objetivo es pasar de una etapa de respuesta inmediata a un proceso de reconstrucción integral, con especial atención a las estructuras que deberán ser demolidas, reparadas o reemplazadas.
Más de 6.500 muertos y miles de viviendas afectadas
El nuevo contrato llega después de una de las mayores tragedias naturales registradas en Venezuela en décadas. El último balance oficial disponible, difundido el 24 de agosto, elevó a 6.509 la cantidad de fallecidos por los terremotos del 24 de junio. Las autoridades también informaron que 6.462 personas fueron rescatadas durante las operaciones posteriores al desastre.
La dimensión de la emergencia también puede medirse por la cantidad de personas que requirieron atención. Según el balance oficial, 226.696 personas recibieron tratamiento hospitalario después de los terremotos. Esta cifra corresponde a atenciones médicas y no debe interpretarse directamente como el número de personas heridas, ya que una misma persona puede haber requerido diferentes atenciones.
Las evaluaciones realizadas sobre las viviendas muestran igualmente la magnitud del problema. Hasta el último balance se habían inspeccionado 60.785 viviendas: 35.545 fueron consideradas habitables, 14.239 quedaron bajo restricciones y otras 11.001 fueron clasificadas como de alto riesgo. Además, el Gobierno informó la entrega de 335 nuevas viviendas a familias desplazadas por la catástrofe.
El retiro de escombros se convierte en una operación gigantesca
Antes de la firma del nuevo contrato, los equipos venezolanos ya habían conseguido retirar alrededor de 600.790 toneladas de escombros, equivalentes al 28,61 % del volumen total estimado por las autoridades. La dimensión de los residuos pendientes explica por qué el Gobierno decidió incorporar una compañía especializada internacionalmente en ingeniería estructural y recuperación después de desastres.
La operación no consiste simplemente en cargar materiales y trasladarlos. Una parte importante del trabajo será determinar qué elementos pueden recuperarse, procesarse o reutilizarse y cuáles representan un riesgo para la población o deben recibir un tratamiento específico.
El enfoque anunciado por las autoridades venezolanas apunta precisamente a convertir la remoción de escombros en una etapa de recuperación de materiales y preparación del territorio para la reconstrucción, en lugar de limitarla a la eliminación de los restos.
Una empresa que ya estaba trabajando en Venezuela
Miyamoto International no llega ahora por primera vez al país. La compañía desplegó equipos después de los terremotos para realizar evaluaciones de seguridad estructural y colaborar con organismos de respuesta.
En julio, la empresa informó que sus ingenieros trabajaban en La Guaira y Catia La Mar evaluando edificios de diferentes características, incluidos edificios residenciales de varios pisos y viviendas que habían sufrido colapsos parciales. También participaron en labores vinculadas con búsqueda y rescate y en la orientación sobre seguridad de estructuras dañadas.
Uno de los casos destacados por la propia compañía fue el rescate de Hernán Alberto Gil Flores, localizado con vida después de permanecer 183 horas bajo los escombros. El caso se convirtió en uno de los episodios más extraordinarios de supervivencia registrados durante la emergencia.
Más que retirar ruinas: reconstruir de otra manera
Uno de los principales componentes del acuerdo es el intercambio de conocimientos técnicos. El Gobierno venezolano busca aprovechar la experiencia de especialistas extranjeros para revisar las prácticas de construcción y fortalecer la preparación frente a futuros terremotos.
Kit Miyamoto ha señalado que algunos de los problemas observados en las estructuras afectadas están relacionados con edificios antiguos construidos antes de estándares sísmicos modernos y con determinados detalles de construcción que pueden tener consecuencias importantes durante un terremoto. La empresa sostiene que Venezuela cuenta con profesionales capacitados y que una parte fundamental del desafío consiste en aplicar ese conocimiento durante la reconstrucción.
Por eso, el nuevo programa tiene una dimensión que va más allá de la emergencia inmediata: la intención es que la reconstrucción no reproduzca las mismas vulnerabilidades que quedaron expuestas durante los sismos.
Una nueva etapa en la relación entre Venezuela y Estados Unidos
La presencia conjunta de funcionarios venezolanos y estadounidenses durante la firma también otorga al acuerdo una dimensión diplomática. El encargado de negocios de Estados Unidos, John Barrett, participó en el acto mientras la cooperación entre ambos países se ha ampliado en distintos sectores durante el actual proceso de recuperación venezolano.
En este caso, la cooperación tiene un carácter particularmente concreto: maquinaria, ingeniería, gestión de riesgos, recuperación de infraestructura y participación del sector privado venezolano.
Para las comunidades afectadas, sin embargo, la dimensión política pasa a un segundo plano frente a una necesidad mucho más inmediata: recuperar viviendas, despejar barrios, garantizar edificios seguros y reconstruir infraestructura básica.
La remoción de tres millones de toneladas de escombros será una de las mayores operaciones de recuperación física que afronta Venezuela después de los terremotos. Pero el verdadero desafío comenzará cuando desaparezcan las ruinas: reconstruir La Guaira y las demás zonas afectadas de manera que las nuevas viviendas, edificios y servicios puedan resistir mejor el próximo gran terremoto.
El desastre dejó miles de víctimas y decenas de miles de viviendas afectadas, pero también una lección que ahora deberá convertirse en política pública: la reconstrucción no puede limitarse a levantar nuevamente lo que cayó; debe reducir las condiciones que hicieron posible que una catástrofe sísmica tuviera consecuencias tan devastadoras.
Foto: Reuters / Leonardo Fernández Viloria
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