La reaparición pública de Raúl Castro, a los 95 años, vuelve a colocar a la familia que dominó la política cubana durante más de seis décadas en el centro de la atención internacional. Pero detrás de la imagen del hermano de Fidel aparece una historia mucho más antigua: la de una isla que pasó de ser colonia española a convertirse en una potencia azucarera, atravesó esclavitud, guerras de independencia, intervención estadounidense, dictaduras y finalmente una revolución que transformó prácticamente por completo el sistema de propiedad y poder.
Raúl Castro reapareció en un acto celebrado en Cuba por el 65.º aniversario de la Dirección de Seguridad Personal del Ministerio del Interior. La televisión estatal mostró al exgobernante acompañado por Miguel Díaz-Canel y por su nieto Raúl Guillermo Rodríguez Castro. Su aparición ocurrió después de rumores difundidos fuera de la isla sobre un supuesto deterioro grave de su salud.
La escena tiene una particularidad histórica: Raúl Castro no ocupa formalmente la Presidencia desde 2018 ni la dirección del Partido Comunista desde 2021, pero continúa siendo una de las figuras fundamentales del poder revolucionario cubano. Su hermano Fidel murió en 2016 después de haber gobernado Cuba desde 1959, primero como primer ministro y posteriormente como presidente.
Pero para entender cómo una familia terminó ocupando durante décadas una posición tan extraordinaria dentro del Estado cubano hay que retroceder mucho más que a Fidel Castro.
Antes de Castro, Cuba pertenecía a España
Durante siglos, Cuba fue una posesión colonial española. La tierra no estaba concentrada en una única propiedad nacional, sino repartida entre diferentes propietarios y formas de tenencia. Con el crecimiento de la agricultura comercial aparecieron grandes haciendas y plantaciones, especialmente dedicadas al azúcar, el café y el tabaco.
En el siglo XIX ocurrió una transformación decisiva. La introducción del ferrocarril permitió transportar la caña desde zonas alejadas hasta los ingenios y posteriormente hacia los puertos. El azúcar dejó de ser solamente una producción agrícola y pasó a convertirse en una enorme industria capitalista basada en grandes extensiones de tierra, inversiones, tecnología y trabajo esclavo.
Para mediados del siglo XIX Cuba se había convertido en una de las grandes economías azucareras del mundo. Alrededor de los ingenios surgió una poderosa clase de propietarios que acumuló grandes fortunas.
Pero esa prosperidad tenía un costo humano enorme.
El azúcar se construyó sobre la esclavitud
Durante décadas, miles de africanos fueron trasladados a Cuba y sometidos a esclavitud para trabajar en las plantaciones y en los ingenios.
La magnitud del fenómeno fue extraordinaria. La Biblioteca del Congreso estadounidense estima que en 1840 había unos 430.000 esclavos en Cuba y que aproximadamente el 60% de la población era negra o mulata.
Cuando comenzó a desaparecer la esclavitud, Cuba no abandonó su modelo de producción intensiva. La mano de obra esclavizada fue siendo reemplazada por trabajadores libres, trabajadores contratados y otros grupos migrantes. La documentación histórica registra, entre otros, la llegada de trabajadores chinos contratados durante la transición del sistema esclavista hacia el trabajo asalariado.
Por eso, la historia demográfica de Cuba no puede explicarse simplemente como una inmigración destinada a trabajar en la isla. Hubo colonización española, esclavitud africana, inmigración europea, trabajadores contratados asiáticos y posteriormente nuevas oleadas migratorias.
Cuba dejó de ser española, pero no se convirtió inmediatamente en un país completamente independiente
Las guerras de independencia cambiaron el destino político de la isla.
España perdió Cuba después de la guerra de 1898 y, posteriormente, Estados Unidos ocupó militarmente el territorio. En 1902 se estableció la República de Cuba y Estados Unidos transfirió formalmente el gobierno a las autoridades cubanas. Sin embargo, la independencia nació con fuertes condicionamientos.
La llamada Enmienda Platt permitió a Estados Unidos intervenir en determinadas circunstancias y estableció condiciones especiales para la relación entre ambos países. Cuba también concedió a Estados Unidos derechos sobre determinadas áreas destinadas a instalaciones navales.
Es decir, Cuba dejó de ser colonia española, pero durante las primeras décadas de la República quedó profundamente vinculada a la influencia política y económica estadounidense.
¿Entonces quién era dueño de Cuba antes de Fidel?
Aquí está una de las principales correcciones a la idea inicial.
No había un propietario de Cuba.
Había propietarios de tierras, empresas, ingenios, bancos, comercios y viviendas. Algunas propiedades pertenecían a cubanos y otras a capitales extranjeros. La concentración económica era considerable, particularmente en la industria azucarera.
La documentación histórica de Estados Unidos de finales de la década de 1950 muestra que existían grandes explotaciones agrícolas y numerosas empresas estadounidenses y cubanas. El problema de la concentración de la tierra era precisamente uno de los argumentos centrales utilizados por la Revolución para justificar la reforma agraria.
Batista, Fidel y una revolución que prometía cambiar el sistema
Fulgencio Batista tomó el poder en 1952 mediante un golpe de Estado. Su régimen enfrentó oposición política y armada, y la situación económica y social alimentó el crecimiento del movimiento revolucionario encabezado por Fidel Castro.
El 1 de enero de 1959, Batista abandonó Cuba y las fuerzas revolucionarias entraron en La Habana.
Inicialmente, la Revolución no se presentó ante todos sus seguidores como un proyecto destinado a eliminar completamente la propiedad privada y establecer un sistema comunista. Sin embargo, durante los años siguientes el proceso se radicalizó rápidamente.
Y ahí comenzó la transformación que explica la Cuba actual.
El momento en que cambió la propiedad de la tierra
El 17 de mayo de 1959, el Gobierno revolucionario promulgó la Ley de Reforma Agraria.
La legislación estableció límites a la propiedad rural y dispuso la expropiación de las tierras que superaran esos límites. Las superficies expropiadas podían transformarse en cooperativas administradas por el Instituto Nacional de Reforma Agraria o distribuirse en determinadas parcelas individuales. También estableció restricciones a la futura adquisición de tierras por extranjeros.
Al principio, Fidel Castro incluso sostuvo ante diplomáticos estadounidenses que el nuevo Gobierno quería mantener espacio para la empresa privada y que prefería la inversión nacional frente a la extranjera.
Pero esa etapa duró poco.
De la reforma agraria a la nacionalización
Durante 1960 el proceso se aceleró.
El Estado comenzó a asumir el control de empresas, bancos, industrias, servicios, propiedades rurales y urbanas. La documentación diplomática estadounidense de aquel período describe cómo la nacionalización se extendió progresivamente a empresas azucareras, refinerías, bancos, compañías de seguros, hoteles y otros sectores.
Para finales de 1960, el Estado cubano ya controlaba una parte extraordinariamente grande de la economía.
La transformación no se limitó a las grandes compañías extranjeras. También afectó a propietarios cubanos, comerciantes, empresarios y sectores de clase media. Una parte importante de esas personas abandonó posteriormente la isla.
En 1968 se produjo otra etapa extrema con la llamada “Ofensiva Revolucionaria”, mediante la cual fueron eliminados prácticamente los últimos pequeños negocios privados urbanos.
Entonces, ¿los Castro se quedaron con Cuba?
La respuesta histórica correcta es más compleja.
Los Castro no recibieron Cuba como propiedad privada. Construyeron y consolidaron un sistema político en el cual el Estado revolucionario pasó a controlar la mayor parte de la economía, mientras el Partido Comunista se convirtió en la fuerza política dominante.
Fidel Castro concentró progresivamente el poder político y eliminó o subordinó a sus rivales. Raúl Castro fue una de las figuras centrales de las Fuerzas Armadas y posteriormente sucedió formalmente a su hermano en la Presidencia.
La documentación estadounidense de 1960 ya describía una concentración creciente del poder: control sobre las Fuerzas Armadas, medios de comunicación, bancos, organizaciones profesionales y grandes sectores de la economía.
Por eso resulta más preciso hablar de concentración del poder político y estatal que de una simple apropiación personal de la isla.
Y aquí aparece la paradoja histórica
Cuba pasó por una secuencia extraordinaria:
colonia española → economía de plantación → esclavitud → inmigración y trabajo contratado → independencia → fuerte influencia estadounidense → República → dictadura de Batista → Revolución de 1959 → nacionalización y economía estatal → régimen de partido único.
En poco más de un siglo, el sistema de propiedad y poder de la isla cambió varias veces.
Y existe una paradoja especialmente llamativa: la Revolución que prometió acabar con la concentración de la riqueza terminó creando una concentración extraordinaria del poder económico y político en manos del Estado.
La propiedad privada no desapareció absolutamente en todos los ámbitos y ha experimentado cambios posteriores, pero durante décadas el Estado tuvo un dominio predominante sobre la economía.
Raúl Castro, el último gran protagonista de una dinastía política
La aparición de Raúl Castro vuelve a poner en escena a uno de los últimos protagonistas directos de aquella revolución.
A sus 95 años, apareció públicamente en La Habana acompañado por la actual dirigencia cubana, después de que circularan rumores sobre un supuesto deterioro de su salud. La ceremonia estuvo relacionada precisamente con una institución creada en 1961 para proteger a los principales dirigentes revolucionarios.
Su aparición recuerda algo que resulta excepcional en la historia latinoamericana: la permanencia durante más de seis décadas de una estructura política nacida de una revolución y vinculada directamente a dos hermanos, Fidel y Raúl Castro.
Fidel murió en 2016. Raúl dejó la Presidencia en 2018 y la conducción del Partido Comunista en 2021. Sin embargo, su aparición demuestra que su figura todavía tiene un peso simbólico y político dentro del sistema.
Y mientras Raúl Castro reaparece a los 95 años, Cuba continúa enfrentando una profunda crisis económica, energética y social, mientras la estructura política creada después de 1959 permanece vigente.
La historia de Cuba, por tanto, no comienza con Fidel Castro. Pero para comprender por qué los Castro llegaron a controlar el Estado cubano durante décadas hay que entender primero la colonia, los ingenios azucareros, la esclavitud, la concentración de la tierra, la independencia, la influencia estadounidense, Batista y, finalmente, la revolución que transformó la propiedad y el poder.
Cuba nunca tuvo un único dueño. Tuvo muchos propietarios, muchas élites y diferentes potencias influyendo sobre su destino. Lo verdaderamente extraordinario fue que, después de siglos de cambios, una revolución consiguió concentrar en un mismo aparato estatal una parte enorme de la tierra, las empresas, la economía y el poder político de la isla.
Foto: AP / Archivo
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