La actividad del volcán Anak Krakatau provocó este domingo una importante interrupción del transporte aéreo en Indonesia, después de que una nube de ceniza volcánica se desplazara sobre sectores de Java y Sumatra. La situación obligó a cerrar temporalmente varios aeropuertos, incluido el principal terminal internacional del país, y dejó a decenas de miles de pasajeros afectados. El balance, además, continuó aumentando durante la jornada a medida que las autoridades ampliaban las restricciones.
La erupción del Anak Krakatau, ubicado en el estrecho de Sunda entre las islas de Java y Sumatra, se intensificó durante los últimos días. Las autoridades indonesias informaron que la actividad eruptiva había comenzado nuevamente el viernes 4 de septiembre y que el volcán produjo fuentes de lava, fuertes estruendos y columnas de ceniza que alcanzaron grandes alturas. El domingo se registraron además nuevas erupciones.
Uno de los principales efectos se produjo en el aeropuerto internacional Soekarno-Hatta, situado cerca de Yakarta y a más de 150 kilómetros del volcán. La presencia de ceniza volcánica en el área aeroportuaria obligó a suspender temporalmente las operaciones. Una actualización oficial del Ministerio de Transporte indicó inicialmente que 209 movimientos de vuelos habían quedado afectados y que 22.798 pasajeros estaban involucrados durante el período inicial de cierre.
Pero la situación evolucionó rápidamente. Con la extensión de las restricciones y el cierre temporal de otros aeropuertos, el número de vuelos afectados ascendió posteriormente a 373, según una actualización del sistema de aviación indonesio difundida a las 10:35 hora local. Más tarde, informes internacionales situaron el impacto en 1.558 vuelos y aproximadamente 170.000 pasajeros, una cifra que refleja la magnitud acumulada de las interrupciones en diferentes aeropuertos y rutas.
La lista de aeropuertos afectados también se amplió. Además de Soekarno-Hatta, las restricciones alcanzaron instalaciones como Halim Perdanakusuma, Radin Inten II, Budiarto, Pondok Cabe y Husein Sastranegara, mientras otras terminales fueron preparadas para recibir vuelos desviados. Informes posteriores señalaron que la cantidad de aeropuertos temporalmente cerrados llegó a ocho.
La ceniza volcánica constituye un peligro particularmente serio para la aviación. Las partículas pueden ingresar en los motores de los aviones, afectar sus sistemas y reducir considerablemente la visibilidad. Por ese motivo, las autoridades aeronáuticas prefirieron interrumpir operaciones y realizar pruebas de dispersión de cenizas antes de autorizar nuevamente los despegues y aterrizajes.
El impacto también alcanzó los vuelos internacionales. Singapore Airlines y Malaysia Airlines cancelaron servicios hacia y desde Yakarta, mientras otras compañías debieron modificar horarios, cancelar conexiones o utilizar aeropuertos alternativos. La interrupción alcanzó rutas internacionales hacia ciudades como Kuala Lumpur, Singapur, Hong Kong, Sídney, Seúl, Doha y Ámsterdam.
La ceniza llegó a grandes alturas
Uno de los elementos que explica la dimensión de la emergencia es la altura alcanzada por la columna volcánica. Los organismos meteorológicos indonesios detectaron ceniza a aproximadamente 6.000 metros sobre Java, mientras que en dirección a Sumatra y sectores de la provincia de Banten se registraron columnas que llegaron hasta unos 15.000 metros, aproximadamente 50.000 pies.
La dirección del viento fue determinante. Inicialmente, parte de la nube se desplazó hacia el oeste, sobre el océano Índico, pero posteriormente las condiciones meteorológicas cambiaron y llevaron material volcánico hacia zonas pobladas y corredores aéreos. Ese cambio obligó a las autoridades a prolongar las restricciones y ampliar la cantidad de aeropuertos afectados.
Escuelas y pescadores también suspendieron actividades
La emergencia no se limitó al transporte aéreo. La caída y presencia de cenizas llevó a algunas escuelas a suspender actividades presenciales o trasladarlas temporalmente al sistema de enseñanza a distancia. También se suspendieron actividades pesqueras en determinadas áreas como medida preventiva.
Las autoridades recomendaron utilizar mascarillas y protección ocular, especialmente en las zonas donde la ceniza era más abundante, debido a que las partículas pueden provocar irritación de ojos y vías respiratorias.
El Gobierno indonesio incluso anunció medidas para intentar acelerar la limpieza natural de la atmósfera. La agencia nacional de gestión de desastres planteó utilizar modificación meteorológica para favorecer la formación de lluvia, con la expectativa de que las precipitaciones ayuden a depositar rápidamente las partículas volcánicas sobre el suelo.
¿Existe riesgo de un tsunami?
La pregunta resulta inevitable debido a la historia del volcán. Las autoridades indonesias indicaron que no existía una amenaza inmediata de tsunami relacionada con la erupción actual. No obstante, el Anak Krakatau es vigilado especialmente debido a su ubicación y a lo ocurrido en 2018.
En diciembre de aquel año, un colapso parcial del edificio volcánico provocó un tsunami que golpeó las costas de Java y Sumatra. La tragedia dejó más de 400 muertos, además de miles de personas afectadas. Ese antecedente explica por qué cualquier incremento significativo de actividad del Anak Krakatau genera una vigilancia especial sobre el estrecho de Sunda.
Un volcán nacido de una de las mayores tragedias volcánicas
El Anak Krakatau tiene además una historia extraordinaria. Su nombre significa “hijo de Krakatoa”, porque surgió en la caldera que quedó después de la gigantesca erupción del Krakatoa de 1883.
Aquella erupción fue una de las más violentas registradas en la historia moderna y provocó enormes tsunamis, devastación en las costas cercanas y una perturbación atmosférica que pudo observarse a escala mundial. Décadas después, comenzó a emerger un nuevo edificio volcánico en esa misma zona: el actual Anak Krakatau.
El volcán ha mantenido actividad periódica desde entonces. Por eso, los especialistas no interpretan necesariamente cada erupción como una señal de una catástrofe inminente, pero sí consideran indispensable mantener vigilancia permanente sobre la evolución de su actividad.
La emergencia continúa bajo vigilancia
Hasta el momento, no se habían reportado víctimas mortales directamente relacionadas con la erupción actual, y las autoridades no habían ordenado una evacuación general de las poblaciones cercanas. La principal emergencia se concentraba en la ceniza, la interrupción de vuelos y los efectos sobre las actividades cotidianas.
Sin embargo, la situación continúa siendo dinámica. La dirección de los vientos puede cambiar rápidamente y modificar las zonas afectadas por la ceniza, mientras nuevas erupciones pueden obligar a prolongar las restricciones aéreas.
El episodio demuestra nuevamente que el Anak Krakatau no es solamente un volcán activo: es un factor capaz de alterar en cuestión de horas el transporte, la educación, la pesca y la vida cotidiana de millones de personas en una de las regiones más densamente pobladas del sudeste asiático. Para Indonesia, el desafío inmediato es mantener bajo control la actividad volcánica, proteger a la población y restablecer progresivamente las conexiones aéreas sin poner en riesgo a pasajeros y tripulaciones.
Foto: Reuters / Rikardo
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