Italia. Diez años después de la muerte de David Bowie, el universo del músico británico vuelve a cobrar vida en Venecia a través de una experiencia inmersiva que reúne unas 800 fotografías de Denis O’Regan, el fotógrafo que acompañó al artista durante algunos de los períodos más importantes de su carrera. La instalación, titulada “Bowie: Unseen | Unheard”, forma parte de la sección Venice Immersive de la 83.ª edición del Festival Internacional de Cine de Venecia y permanecerá abierta hasta el 12 de septiembre.
La exposición parte de un archivo extraordinario: más de 10.000 fotografías de Bowie acumuladas por O’Regan durante años de trabajo junto al músico. La selección presentada en Venecia combina imágenes conocidas con fotografías poco vistas e incluso material que el propio fotógrafo había olvidado que conservaba. El resultado no busca simplemente reconstruir la trayectoria de una estrella, sino mostrar momentos que permiten observar al artista desde una perspectiva mucho más personal.
O’Regan comenzó como fotógrafo autodidacta a finales de la década de 1970, documentando la escena punk de Londres. Su relación con Bowie comenzó de manera decisiva en 1983, cuando fue contratado como fotógrafo oficial de la gira Serious Moonlight. La instrucción que recibió fue sencilla: fotografiarlo todo. Esa libertad terminó convirtiéndose en una relación profesional excepcional que se prolongó durante las giras de 1987 y 1990, con alrededor de 200 conciertos documentados.

Pero el archivo no se limita a las fotografías de conciertos. Una de las características que distingue el trabajo de O’Regan es el acceso que tuvo a Bowie cuando no estaba interpretando el personaje público que millones de personas conocían. Las imágenes muestran al músico en barcos, durante viajes, detrás de escena, en ciudades extranjeras y en momentos de descanso, ofreciendo una visión mucho más cotidiana del artista. Entre las fotografías aparecen escenas en Bangkok, Australia, Berlín, Singapur y otras ciudades vinculadas con sus recorridos internacionales.
Una de las imágenes más llamativas muestra a Bowie en Bangkok, en 1983, descansando sobre una embarcación. O’Regan recordó aquella escena como uno de los momentos más extraños de su carrera: apenas una década antes había asistido al concierto que marcó el final de Bowie como Ziggy Stardust y, años después, se encontraba prácticamente encima del artista tomando fotografías durante un viaje por Tailandia.

La historia personal del fotógrafo explica buena parte de la intensidad de este archivo. En 1973, O’Regan asistió al último concierto de Bowie como Ziggy Stardust en el Hammersmith Odeon de Londres. Aquella experiencia cambió su vida profesional. Según recordó, salió del teatro convencido de que quería dedicarse a la fotografía. Abandonó posteriormente su trabajo como suscriptor de seguros y comenzó una carrera que, una década después, lo llevaría a acompañar al mismo artista que había despertado aquella decisión.
La exposición también representa una transformación tecnológica de ese archivo histórico. “Bowie: Unseen | Unheard” no presenta las fotografías simplemente colgadas en una sala, sino que las convierte en una experiencia audiovisual inmersiva. Las imágenes se proyectan en múltiples pantallas mientras un sistema de sonido espacial acompaña el recorrido con canciones de Bowie, composiciones de su histórico pianista Mike Garson, narración del propio O’Regan y un diseño sonoro desarrollado por Nick Ryan.
La instalación tiene una duración aproximada de 25 minutos y utiliza tecnología de sonido espacial para crear la sensación de que las fotografías forman parte de un entorno tridimensional. La propuesta presentada en Venecia utiliza ocho pantallas y decenas de altavoces, convirtiendo el archivo fotográfico en una narración audiovisual en la que la música y las imágenes se encuentran constantemente.
El proyecto tiene además una particularidad importante: no nació exclusivamente para el Festival de Venecia. La instalación tuvo una presentación anterior en SXSW London, en junio de 2026, antes de llegar a Italia. En Venecia, sin embargo, adquiere una dimensión especial al integrarse en Venice Immersive, la sección dedicada a nuevas formas de narración mediante realidad extendida y tecnologías inmersivas.
La propuesta también llega en un momento simbólico. Bowie murió el 10 de enero de 2016, por lo que 2026 marca una década desde su desaparición. Además, la instalación se presenta cerca de la fecha en la que el artista habría cumplido 80 años, convirtiendo la muestra en una nueva oportunidad para revisar su legado desde un lenguaje diferente al de una exposición fotográfica tradicional.
O’Regan descubrió durante la preparación del proyecto que su propio archivo todavía guardaba sorpresas. Algunas fotografías habían sido olvidadas y otras ni siquiera estaban presentes en su memoria como parte de la colección. Durante las antiguas giras, el fotógrafo y Bowie seleccionaban las mejores imágenes y descartaban otras, pero el músico, según recuerda O’Regan, no estaba de acuerdo con que las fotografías rechazadas terminaran simplemente en la papelera de una habitación de hotel.
El material de O’Regan ya había alcanzado reconocimiento editorial. Entre sus publicaciones figura “Ricochet: David Bowie 1983”, de 2018, cuya edición en caja forma parte de la colección del Victoria and Albert Museum, además de un libro dedicado a las fotografías de Bowie publicado el año pasado. La nueva instalación permite ahora llevar ese patrimonio visual desde el libro y el archivo hacia una experiencia colectiva de imagen, sonido y memoria.
La exposición tampoco presenta únicamente al Bowie de los grandes escenarios. Esa es precisamente una de sus mayores fortalezas. Las fotografías permiten observar al artista antes y después de la actuación, viajando, descansando, conversando y moviéndose por diferentes países, mientras su imagen pública cambiaba constantemente. El Bowie fotografiado por O’Regan aparece así menos protegido por la maquinaria del espectáculo y más cercano a la persona que existía detrás de sus personajes.
El archivo adquiere todavía mayor valor porque O’Regan no solo fotografió a Bowie: también trabajó con Queen, Duran Duran, The Rolling Stones y Pink Floyd. Sin embargo, el propio fotógrafo reconoce que fue con Bowie con quien pasó más tiempo. Esa convivencia explica por qué su colección ofrece una mirada particularmente extensa sobre una de las figuras más transformadoras de la música popular del siglo XX.
“Bowie: Unseen | Unheard” demuestra que el legado de David Bowie continúa encontrando nuevas formas de expresión. Esta vez no es un nuevo álbum ni una película biográfica: es la reconstrucción de una vida artística mediante fotografías que estuvieron durante décadas en un archivo y que ahora recuperan movimiento, sonido y contexto. En Venecia, Bowie vuelve a aparecer no solamente como el músico que revolucionó la cultura popular, sino también como el hombre que viajaba, descansaba y recorría el mundo mientras una cámara registraba silenciosamente su historia.
Foto: Denis O’Regan / Festival Internacional de Cine de Venecia
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