A los 86 años, Marilú Marini continúa demostrando que la edad puede ser apenas un dato cuando existe una vida dedicada a la creación. La actriz y directora argentina, radicada en París desde hace más de cinco décadas, acaba de protagonizar y dirigir dos espectáculos en apenas dos meses en Buenos Aires, una experiencia que volvió a colocarla en el centro de la escena teatral y de la conversación sobre el futuro de las artes escénicas.
Marini regresó a Buenos Aires para participar en “Manifestum”, una conferencia performática creada por Oria Puppo junto con Franco Torchia, y posteriormente dirigió “La lluvia de fuego”, basada en textos de Silvina Ocampo y Juan José Hernández y protagonizada por Valeria Lois. Ambas propuestas fueron presentadas en la sala Casacuberta del Teatro San Martín, con apenas ocho jornadas de ensayo entre una producción y otra.
La actriz considera que ese calendario exigente pudo concretarse gracias a la continuidad de los equipos de trabajo, el conocimiento previo de los espacios y la experiencia compartida entre artistas y técnicos. También destacó especialmente el trabajo de las áreas de escenografía, construcción, pintura, escultura, vestuario y peluquería del Teatro San Martín, cuyos integrantes hicieron posible que el segundo espectáculo pudiera estrenarse en la fecha prevista.
Una trayectoria construida entre Buenos Aires y París
Nacida en Mar del Plata en 1940, Marini creció en una familia de origen europeo y comenzó a acercarse tempranamente a la danza. Su formación estuvo vinculada a figuras como María Fux, Patricia Stokoe, Renate Schottelius y Stella Maris. También estudió Sociología y Psicopedagogía en la Universidad de Buenos Aires, mientras desarrollaba paralelamente su formación artística.
Durante los años sesenta se convirtió en una de las figuras vinculadas a la renovación artística porteña y al Instituto Di Tella, espacio fundamental para la experimentación cultural argentina. Allí participó de experiencias que rompían con los formatos tradicionales y que combinaban teatro, danza, performance y nuevas formas de expresión.
En la década de 1970 se trasladó a París, ciudad en la que desarrolló gran parte de su carrera. Su trayectoria francesa la llevó a trabajar con destacados directores y creadores, entre ellos Alfredo Arias, Ariane Mnouchkine, Hugo Santiago, Peter Brook y otros referentes del teatro europeo. Su trabajo con La mujer sentada, basada en la obra de Copi, le permitió recibir reconocimiento de la crítica teatral francesa.
Su trayectoria también fue reconocida en Argentina. En 2021 recibió el Premio Konex de Brillante, una de las máximas distinciones de la cultura argentina, por su trayectoria en el espectáculo.
“Manifestum” y “La lluvia de fuego”: dos obras, dos universos
El primero de los trabajos realizados durante su reciente estadía porteña fue Manifestum, una propuesta situada imaginariamente en el año 2300 y centrada en cuestiones como las identidades fluidas, los afectos y la aceptación de las diferencias. Marini compartió la escena con Franco Torchia, con participación de un equipo artístico encargado de iluminación, música y textos.
Después llegó La lluvia de fuego, una obra de Silvina Ocampo y Juan José Hernández que incorpora elementos de humor negro, farsa y vodevil. El desafío consistió en preparar la nueva producción prácticamente mientras todavía estaba en cartel el espectáculo anterior.
Para Marini, esa continuidad no significó únicamente una dificultad logística. También permitió que el conocimiento acumulado entre artistas, técnicos y responsables de la sala funcionara como una especie de puente entre ambas obras. El resultado fue un proceso de creación acelerado, pero sostenido por una experiencia colectiva previa.
El teatro frente al mundo de las pantallas
Uno de los aspectos más interesantes de la conversación de Marini es su reflexión sobre la supervivencia del teatro en una época dominada por las plataformas digitales, las redes sociales y el entretenimiento bajo demanda.
Para la actriz, el teatro conserva algo que las pantallas no pueden reproducir completamente: la presencia física entre quienes cuentan una historia y quienes la reciben.
Su explicación parte de una imagen sencilla: la de un niño que necesita que alguien le cuente o le lea una historia antes de dormir. En su visión, el teatro mantiene esa antigua función de reunir a una comunidad alrededor de una narración.
La diferencia está en que el espectador teatral no permanece completamente pasivo. La historia se produce mediante una relación directa entre actores y público, en un espacio compartido y en un momento que no puede repetirse exactamente de la misma manera.
Para Marini, esa presencia corporal es precisamente una de las razones por las que el teatro continúa siendo necesario.
Una mirada sobre la Argentina actual
Durante su estadía también se refirió a la situación social y económica argentina. Después de vivir durante décadas en Francia, sostuvo que observa en la sociedad argentina una notable capacidad de adaptación frente a situaciones difíciles.
Pero su reflexión no se limita a la supervivencia. Marini considera que una sociedad necesita espacios donde las personas puedan imaginar alternativas y construir colectivamente un futuro, en lugar de quedar atrapadas únicamente en la queja.
En esa misma línea, defendió la importancia de garantizar derechos vinculados con la salud, la educación, la vivienda y el acceso a la cultura, y planteó que existe una responsabilidad compartida entre el Estado y los ciudadanos.
También cuestionó una vida comunitaria reducida exclusivamente a las redes sociales. Para la actriz, la comunicación digital puede conectar a las personas, pero no sustituye completamente la experiencia de encontrarse físicamente con otros.
Una artista que continúa creando
La carrera de Marilú Marini constituye también una historia de permanencia. Mientras muchos artistas reducen progresivamente su actividad con el paso de los años, ella continúa alternando actuación, dirección y nuevos proyectos.
Después de su regreso a París, su agenda artística todavía contempla la continuidad de una obra de Pascal Rambert estrenada anteriormente y nuevos proyectos audiovisuales.
Su trayectoria atraviesa generaciones, países y lenguajes. Comenzó vinculada a la experimentación artística argentina de los años sesenta, construyó una extensa carrera en Francia y continúa regresando a Buenos Aires para participar de nuevos procesos creativos.
En un mundo donde una pantalla puede ofrecer miles de historias en cuestión de segundos, Marilú Marini sostiene que existe algo que no puede ser sustituido: una persona frente a otra, compartiendo un espacio, un tiempo y una historia. Esa relación directa, artesanal y colectiva es, para ella, la razón por la que el teatro sigue vivo.
Y quizá allí se encuentre la clave de su propia trayectoria: después de más de seis décadas sobre los escenarios, Marini continúa buscando nuevas formas de contar historias. La pantalla puede cambiar, la tecnología puede avanzar y los hábitos culturales pueden transformarse, pero mientras exista alguien dispuesto a contar y alguien dispuesto a escuchar, el teatro todavía tendrá un lugar.
Foto: Guillermo E. Pintos / Infobae
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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