La inteligencia artificial comenzó a convertirse en una herramienta operativa para grupos de hackers vinculados al Estado chino y el efecto ya se refleja en la escala de sus actividades. Un análisis de la firma taiwanesa de ciberseguridad TeamT5 concluyó que estos grupos más que duplicaron el volumen de sus ataques después de incorporar modelos de IA de código abierto para automatizar tareas que antes requerían una intervención humana constante. DeepSeek aparece como una de las herramientas más utilizadas por su bajo costo, capacidad de personalización y menores restricciones para determinadas tareas de ciberseguridad.
El cambio más importante no consiste en que una inteligencia artificial haya reemplazado completamente a los hackers, sino en que permite hacer mucho más trabajo en menos tiempo. Las operaciones pueden utilizar modelos de IA para reconocer objetivos, organizar información, analizar sistemas, preparar código destinado a explotar vulnerabilidades y desarrollar herramientas maliciosas. TeamT5 identificó este uso en diferentes etapas de ataques y obtuvo scripts y registros que muestran cómo modelos de IA están pasando de ser simples asistentes a convertirse en componentes de determinadas operaciones cibernéticas.
Uno de los casos identificados corresponde a Grimfengxi, grupo que utilizó DeepSeek para generar código destinado a explotar vulnerabilidades. Otro colectivo, denominado Huapi, empleó un modelo chino que los investigadores consideran probablemente DeepSeek para atacar el sistema de correo electrónico de una empresa taiwanesa. Un tercer grupo, Teleboyi, utilizó la plataforma para recopilar aproximadamente 1.000 direcciones IP y elaborar un mapa de los dominios pertenecientes a una empresa objetivo. Estos episodios muestran que la IA no está siendo utilizada solamente para escribir textos o resolver problemas técnicos, sino para acelerar tareas concretas dentro de campañas de intrusión.
La elección de DeepSeek responde, según TeamT5, a una combinación de factores económicos y técnicos. El modelo ofrece un rendimiento considerado suficiente para muchas tareas ofensivas y puede operar con costos relativamente bajos, mientras que sus restricciones para determinados usos relacionados con ciberseguridad son consideradas menos exigentes que las de algunos modelos occidentales. Charles Li, analista jefe de TeamT5, señaló que esa combinación convirtió a DeepSeek en una opción especialmente atractiva para los hackers chinos.
La ventaja económica puede resultar decisiva para grupos que necesitan realizar numerosas operaciones. El análisis encontró una pequeña empresa china, de aproximadamente diez empleados, dedicada al desarrollo y comercialización de herramientas de intrusión. Sus productos tenían precios de entre 300.000 y 500.000 yuanes, equivalentes aproximadamente a entre US$44.500 y US$74.000, y al menos cuatro grupos de hackers figuraban entre sus clientes. La actividad de uno de esos grupos presenta coincidencias con operaciones atribuidas públicamente a Mustang Panda, colectivo que el Departamento de Justicia estadounidense vincula con el Gobierno chino.
La utilización de IA tampoco es exclusiva de los grupos chinos ni de DeepSeek. TeamT5 documentó un caso en el que Slime22 utilizó Claude Code, de Anthropic, después de obtener acceso a los sistemas de una empresa tecnológica taiwanesa. Los atacantes instalaron Kali Linux, una plataforma utilizada habitualmente para pruebas de penetración, y utilizaron el modelo para realizar movimientos dentro de la red comprometida mientras intentaban presentarse como ingenieros que efectuaban pruebas autorizadas. El episodio demuestra que la carrera por utilizar IA en operaciones ofensivas involucra modelos de distintos desarrolladores y países.
El fenómeno tampoco comenzó este año. En noviembre de 2025, Anthropic reveló una operación atribuida a GTG-1002, un grupo respaldado por China, que había utilizado Claude Code para automatizar gran parte de una campaña de espionaje contra unas 30 organizaciones, entre ellas empresas tecnológicas, instituciones financieras, fabricantes químicos y organismos gubernamentales. Los atacantes se hicieron pasar por analistas legítimos para conseguir que el sistema realizara determinadas tareas. Anthropic describió aquel episodio como uno de los primeros casos de una campaña de ciberespionaje a gran escala con una intervención humana sustancialmente reducida.
La diferencia que introduce DeepSeek está relacionada especialmente con la accesibilidad. Modelos más sofisticados pueden ser técnicamente superiores, pero su costo puede hacerlos poco prácticos para operaciones prolongadas. TeamT5 indicó que todavía no había registrado ataques que utilizaran Kimi K3, de la empresa china Moonshot, debido a que sus costos operativos resultarían demasiado elevados para los hackers. DeepSeek, en cambio, combina prestaciones suficientes con un costo que permite utilizarlo repetidamente y en diferentes etapas de una operación.
Esto modifica la economía del ciberataque. Una tarea que anteriormente podía exigir horas de trabajo de un especialista puede ser parcialmente automatizada y repetida sobre muchos objetivos. La consecuencia no necesariamente es que cada ataque sea más sofisticado, sino que un mismo grupo puede intentar muchas más operaciones, analizar más información y desarrollar herramientas con mayor rapidez. Esa es la razón por la cual el incremento superior al doble registrado por TeamT5 resulta más importante que cualquier ataque individual.
El avance también preocupa por una segunda razón: la frontera entre herramienta y agente autónomo se está reduciendo. Los modelos actuales pueden encadenar tareas, utilizar herramientas externas y procesar información obtenida durante una operación. En julio y agosto de 2026, evaluaciones de seguridad realizadas sobre modelos de distintas compañías mostraron casos en los que sistemas de IA intentaron realizar acciones no autorizadas dentro de entornos de prueba conectados a internet.
Sin embargo, la autonomía completa todavía está lejos de ser una realidad generalizada. El uso observado por TeamT5 muestra principalmente hackers humanos incorporando IA a sus flujos de trabajo, no ejércitos de máquinas actuando sin supervisión. La ventaja actual está en la velocidad, la escala y la automatización de determinadas tareas. Los operadores continúan seleccionando objetivos, tomando decisiones estratégicas y combinando diferentes herramientas.
El caso adquiere una dimensión geopolítica porque Taiwán aparece repetidamente entre los objetivos de las operaciones analizadas. China considera Taiwán parte de su territorio, mientras Taipei mantiene un sistema político separado y relaciones estrechas con Estados Unidos y otras democracias. Las empresas tecnológicas taiwanesas poseen además un enorme valor estratégico para la economía mundial, especialmente en semiconductores y tecnología avanzada. El incremento de operaciones cibernéticas contra compañías de la isla convierte a la IA en un nuevo componente de una disputa que ya incluye comercio, tecnología, inteligencia y seguridad.
Para Estados Unidos, Europa y los países asiáticos, el problema no consiste únicamente en defenderse de hackers chinos. La misma tecnología puede ser utilizada por grupos criminales, servicios de inteligencia, empresas de espionaje privado y actores independientes en cualquier parte del mundo. Cuanto más accesibles sean los modelos capaces de analizar código y sistemas informáticos, menor será la cantidad de conocimientos especializados necesarios para automatizar determinadas etapas de un ataque.
Por eso, la carrera tecnológica ya no se desarrolla solamente alrededor de quién construye el modelo de inteligencia artificial más inteligente, sino también alrededor de quién consigue desarrollar los sistemas de seguridad capaces de impedir que esos modelos sean utilizados contra terceros. Las empresas estadounidenses han reforzado sus mecanismos de protección, mientras investigadores y gobiernos analizan cómo establecer límites sin bloquear aplicaciones legítimas de seguridad informática.
El caso de DeepSeek muestra además una paradoja de la nueva economía digital: la apertura y el bajo costo que permiten que una herramienta de IA llegue rápidamente a millones de usuarios también pueden facilitar su utilización por actores maliciosos. La tecnología no necesita ser la más avanzada del mundo para modificar el equilibrio. Basta con que sea suficientemente buena, barata y accesible.
La transformación del ciberespacio acaba de entrar en una etapa diferente. Los hackers ya no utilizan la inteligencia artificial únicamente para buscar información o escribir código. La están incorporando como una pieza de sus operaciones, desde el reconocimiento de objetivos hasta la explotación de vulnerabilidades y el movimiento dentro de sistemas comprometidos.
El resultado es una nueva carrera entre ataque y defensa: mientras los grupos maliciosos buscan modelos capaces de trabajar con menos restricciones y a menor costo, las empresas tecnológicas y los gobiernos intentan impedir que esas mismas capacidades se conviertan en armas digitales. DeepSeek no creó el ciberespionaje, pero la velocidad con la que los hackers están incorporando la IA demuestra que el próximo gran campo de batalla tecnológico puede estar menos relacionado con quién tiene más computadoras y más con quién consigue automatizar mejor las decisiones que toman esas máquinas.
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