Un encuentro sobre totalitarismos, democracia y derechos humanos que debía realizarse en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires fue trasladado a otro lugar después de que la representación diplomática china planteara objeciones por la participación de un reconocido dirigente uigur. La actividad, organizada por el Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL), finalmente se realizó este lunes en el Club Alemán. El episodio volvió a colocar en el centro de la escena la creciente influencia de Beijing en Argentina y abrió un debate sobre hasta dónde puede una potencia extranjera intervenir sobre actividades públicas vinculadas con la libertad de expresión y los derechos humanos.
El foro estaba previsto para el 24 de agosto en la Legislatura porteña y llevaba como eje “¿Hay razones para la esperanza en la defensa internacional de los derechos humanos?”. Entre los participantes se encontraba Dolkun Isa, activista uigur radicado en Alemania y presidente del Congreso Mundial Uigur, organización que denuncia la situación de la población uigur en la región china de Xinjiang. También estaban previstos el jurista Marcelo Alegre y María de los Ángeles Lasa. Según tres fuentes citadas por Infobae, la Embajada de China, encabezada por Wang Wei, intervino ante la Cancillería argentina después de conocer la participación de Isa y solicitó que el encuentro no se realizara en el edificio legislativo. La Cancillería posteriormente gestionó ante las autoridades porteñas y la sala finalmente no fue cedida.
Desde la Legislatura confirmaron que el espacio había sido solicitado y explicaron que la decisión de no otorgarlo se tomó después de pedidos de la Cancillería y de la Secretaría General y Relaciones Internacionales del Gobierno de la Ciudad. A los organizadores se les comunicó formalmente que no estaban completos todos los requisitos necesarios para el préstamo de la sala. Sin embargo, CADAL sostuvo que la verdadera razón estaba vinculada con las gestiones realizadas por la representación china. El organismo había utilizado anteriormente el recinto para actividades de características similares y, tras la cancelación, trasladó el encuentro al Club Alemán, donde finalmente se desarrolló con la participación de los expositores previstos.
El episodio adquiere una dimensión mayor por la situación de Dolkun Isa y la cuestión uigur. Isa es una de las figuras internacionales más conocidas de la comunidad uigur y desde hace años denuncia las políticas aplicadas por las autoridades chinas en Xinjiang. Beijing rechaza las acusaciones internacionales de persecución y sostiene que sus políticas en la región están relacionadas con la lucha contra el terrorismo, el extremismo y la pobreza. La presencia de Isa en un foro dedicado a los totalitarismos y los derechos humanos convirtió al encuentro porteño en un asunto particularmente sensible para la diplomacia china. La discusión sobre Xinjiang forma parte de una disputa internacional mucho más amplia entre China y gobiernos y organizaciones occidentales sobre derechos humanos, seguridad y soberanía.
La controversia también adquiere importancia porque Argentina mantiene una relación económica cada vez más profunda con China. Beijing es uno de los principales socios comerciales argentinos y tiene intereses en sectores estratégicos como energía, minería, infraestructura, telecomunicaciones y comercio. En paralelo, el Gobierno argentino mantiene una relación estrecha con Estados Unidos y ha recibido en los últimos meses fuertes advertencias de Washington respecto del uso de tecnología china en sectores estratégicos. El mismo 24 de agosto, el Gobierno chino respondió públicamente a las advertencias del embajador estadounidense en Argentina, Peter Lamelas, quien había cuestionado el uso de tecnología china vinculada con Vaca Muerta por posibles riesgos de espionaje. Beijing acusó a Washington de ejercer presión sobre los países latinoamericanos para desplazar a empresas tecnológicas chinas.
El nuevo episodio se produce, por lo tanto, en medio de una disputa de influencia mucho más amplia entre China y Estados Unidos sobre América Latina. Argentina intenta mantener vínculos económicos con Beijing mientras profundiza su alineamiento político con Washington. Esa combinación obliga a la diplomacia argentina a administrar intereses que en determinados momentos entran en conflicto. El caso de la conferencia sobre derechos humanos muestra que la tensión ya no se limita a inversiones, tecnología, energía o comercio: también puede alcanzar actividades académicas, culturales y políticas realizadas dentro de instituciones públicas.
El antecedente más reciente ocurrió en abril de 2026, cuando una actividad prevista en la Universidad de Belgrano sobre la estrategia de comunicación de China y la situación de los derechos humanos en ese país fue cancelada. El encuentro incluía la presentación de un libro crítico del Gobierno de Beijing y paneles con especialistas en política internacional. En aquella ocasión, las gestiones atribuidas a la representación china se desarrollaron en el ámbito privado y no involucraron oficialmente a la Cancillería, según las informaciones publicadas entonces. El episodio de agosto representa un cambio relevante porque, de acuerdo con las fuentes citadas, la Cancillería argentina intervino directamente ante una institución pública para gestionar la suspensión del encuentro.
El director general de CADAL, Gabriel Salvia, cuestionó públicamente la decisión y señaló que resulta preocupante que una actividad dedicada a los derechos humanos no pueda desarrollarse en un espacio legislativo después de una intervención diplomática extranjera. El planteo tiene una dimensión institucional: una embajada extranjera puede transmitir formalmente sus objeciones a un gobierno, pero la decisión final sobre qué actividades pueden realizarse dentro de una institución pública argentina corresponde a las autoridades nacionales o locales conforme a las normas argentinas. En este caso, el acto no fue cancelado completamente y terminó realizándose en otra sede, pero la decisión de retirar el espacio legislativo dejó planteado el debate sobre los límites de la influencia diplomática extranjera.
La controversia llega además en un momento especialmente sensible para Argentina. El país necesita capital y mercados extranjeros, pero también enfrenta el desafío de preservar autonomía en sus decisiones políticas e institucionales. China representa una fuente importante de comercio, financiamiento, inversiones y proyectos de infraestructura, mientras Estados Unidos constituye un socio estratégico para el Gobierno de Javier Milei y ejerce presión para limitar determinados vínculos tecnológicos y estratégicos con Beijing. La disputa entre ambas potencias coloca a Argentina en una posición delicada: cualquier decisión sobre tecnología, energía, infraestructura o relaciones diplomáticas puede adquirir una dimensión geopolítica que excede ampliamente el ámbito económico.
El caso de la Legislatura porteña introduce ahora una nueva dimensión: la disputa por el espacio público para discutir derechos humanos. La conferencia terminó realizándose, pero fuera del edificio legislativo. Para sus organizadores, el traslado no resolvió el problema institucional planteado por la cancelación; para las autoridades, la decisión estuvo vinculada con requisitos y gestiones administrativas. La ausencia de una explicación pública más detallada de la Cancillería sobre su intervención mantiene abierta la discusión sobre qué ocurrió exactamente entre la representación china, el Palacio San Martín y el Gobierno de la Ciudad.
Argentina mantiene relaciones diplomáticas con China desde 1972 y durante las últimas décadas ambos países profundizaron significativamente sus vínculos económicos. Ese acercamiento permitió ampliar el comercio y desarrollar proyectos de infraestructura, energía y financiamiento, pero también generó discusiones sobre dependencia económica, seguridad tecnológica y autonomía estratégica. El episodio de la Legislatura agrega ahora la libertad de expresión y el debate sobre derechos humanos a esa lista de asuntos sensibles.
La escena resulta particularmente simbólica: un foro que debía debatir los mecanismos de defensa internacional de los derechos humanos terminó teniendo que buscar otra sede después de una controversia diplomática con una de las principales potencias económicas del mundo. El encuentro finalmente pudo realizarse, pero el traslado dejó una pregunta instalada en la política argentina: hasta dónde puede llegar la presión de una potencia extranjera cuando sus intereses entran en conflicto con actividades organizadas dentro de instituciones públicas del país.
Argentina deberá administrar durante los próximos años una relación cada vez más compleja entre Beijing y Washington. La cuestión central no será solamente cuánto comercio consigue con China o cuánto apoyo recibe de Estados Unidos, sino también cómo preserva su capacidad para tomar decisiones propias cuando los intereses de ambas potencias chocan dentro de su territorio. El episodio de la Legislatura porteña convirtió una conferencia sobre derechos humanos en una nueva señal de esa disputa geopolítica.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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