Mucho antes de convertirse en uno de los rostros más reconocibles de Hollywood, Samuel L. Jackson atravesó una etapa en la que el alcohol y las drogas amenazaban con destruir tanto su vida familiar como su carrera. En 1990, después de una noche de excesos, su esposa LaTanya Richardson y su hija lo encontraron inconsciente en el suelo de su casa, junto a cocaína preparada para ser consumida. Al día siguiente ingresó en rehabilitación. Apenas unas semanas después, regresó al trabajo para interpretar a un adicto al crack en Jungle Fever, de Spike Lee. Aquella película terminó convirtiéndose en el punto de inflexión de su vida profesional y en el papel que abrió definitivamente las puertas de Hollywood.
Jackson comenzó a consumir alcohol y drogas durante sus años universitarios y posteriormente, ya instalado en Nueva York, el consumo se convirtió en una parte cada vez más problemática de su vida. Pasó por marihuana, alcohol, cocaína y otras sustancias, mientras intentaba desarrollar una carrera como actor teatral. Durante años consiguió mantener una apariencia profesional que ocultaba la gravedad de su situación. Llegaba a los ensayos, memorizaba sus textos y cumplía con sus compromisos, pero posteriormente reconocería que muchas veces trabajaba bajo los efectos de las sustancias. La adicción comenzó a interferir con las audiciones y con su comportamiento, aunque todavía conservaba una reputación de actor serio y trabajador.
El episodio que cambió todo ocurrió alrededor de 1990. Jackson había asistido a una fiesta donde bebió grandes cantidades de tequila y, al regresar a casa, decidió conseguir cocaína para compensar los efectos del alcohol. Según su propio relato, ni siquiera recuerda con claridad haber comprado la droga y preparado una dosis. Lo siguiente que recuerda es despertarse después de haberse desmayado. Su esposa y su hija lo encontraron inconsciente y recurrieron a un amigo de la familia que trabajaba como consejero especializado en adicciones. Al día siguiente, Jackson estaba ingresando en un centro de rehabilitación. Él mismo ha contado que no fue obligado a ingresar ni protagonizó una resistencia dramática: estaba agotado y había llegado al punto de reconocer que necesitaba cambiar.
La recuperación llegó en un momento inesperado de su carrera. Mientras estaba en rehabilitación, Spike Lee preparaba Jungle Fever y tenía un personaje que parecía escrito para el hombre que Jackson estaba intentando dejar atrás: Gator Purify, un adicto al crack atrapado en una espiral de consumo y destrucción. Jackson había trabajado anteriormente con Lee en School Daze y Do the Right Thing, pero todavía no era una estrella. Después de completar su tratamiento, regresó al set y realizó la película sin consumir drogas ni alcohol. Años después describiría aquel trabajo como la primera película que hizo completamente sobrio.
La interpretación tuvo un impacto extraordinario. Jackson no necesitó imaginar desde cero lo que significaba interpretar a un hombre dominado por el crack porque acababa de atravesar personalmente una situación de dependencia. Utilizó aquella experiencia para construir un personaje mucho más crudo y realista, concentrándose no solamente en mostrar a un hombre bajo los efectos de la droga, sino en representar la desesperación que aparece cuando necesita conseguirla. La actuación fue tan contundente que el Festival de Cannes creó en 1991 un premio especial de mejor actor de reparto para reconocer su trabajo.
El cambio profesional fue inmediato. Después de Jungle Fever, comenzaron a llegar papeles de mayor importancia. En 1992 apareció en Patriot Games y posteriormente en Juice, True Romance y otras producciones que fueron aumentando su presencia en Hollywood. Pero el salto definitivo ocurrió en 1994, cuando Quentin Tarantino lo eligió para interpretar a Jules Winnfield en Pulp Fiction. El personaje, vestido con traje negro y acompañado por John Travolta en la célebre dupla de asesinos a sueldo, convirtió a Jackson en una estrella internacional. Su actuación recibió una nominación al Oscar y consolidó una identidad cinematográfica que después se extendería a decenas de películas.
A partir de entonces llegaron personajes que terminaron formando parte de la cultura popular: Mace Windu en Star Wars, Nick Fury en el universo Marvel, el agente Zeus Carver en Die Hard with a Vengeance y diversas colaboraciones con Quentin Tarantino, entre muchos otros. Su carrera también se caracterizó por una productividad poco habitual. Jackson llegó a convertirse en uno de los actores con mayor cantidad de películas comercialmente exitosas de la historia, acumulando una filmografía que atraviesa acción, drama, comedia, ciencia ficción y cine de autor.
La relación entre su recuperación y su posterior éxito nunca fue un detalle menor para Jackson. Él mismo ha reconocido que la sobriedad cambió completamente su vida profesional. Antes de abandonar las drogas podía conseguir trabajos, pero su adicción constituía una barrera permanente. Después de rehabilitarse, su energía comenzó a concentrarse en el trabajo y en la construcción de personajes. En entrevistas posteriores explicó que su personalidad compulsiva no desapareció; simplemente encontró una dirección diferente. En lugar de canalizar esa compulsividad hacia el consumo, comenzó a volcarla en su carrera y en la búsqueda constante de nuevos proyectos.
Uno de los aspectos más interesantes de su historia es que su recuperación no borró su pasado: terminó transformándolo en una herramienta artística. El papel de Gator en Jungle Fever llegó inmediatamente después de la rehabilitación y le permitió utilizar una experiencia que todavía estaba fresca. El personaje también adquirió para Jackson un significado simbólico. En una entrevista explicó que la muerte de Gator al final de la película representaba, para él, la muerte de su propia etapa de adicción activa.
La presencia de su familia fue decisiva. LaTanya Richardson, actriz y posteriormente productora, fue quien tomó la decisión de intervenir cuando la situación llegó al límite. Su hija también estaba presente cuando Jackson fue encontrado inconsciente. Décadas después, el actor continuó reconociendo la importancia de aquella intervención. La recuperación no fue presentada por él como una transformación mágica: significó aceptar que no podía controlar el consumo y comenzar un proceso que debía sostenerse en el tiempo. Jackson incluso ha hablado de la necesidad de mantener una actitud consciente frente a las tentaciones y de no asumir que el problema desaparece simplemente porque han pasado muchos años.
Existe una ironía particularmente poderosa en toda esta historia. El hombre que estuvo inconsciente en el suelo de su casa rodeado de drogas terminó convirtiéndose en uno de los actores más solicitados de la industria cinematográfica mundial. Y su primer gran reconocimiento después de la rehabilitación llegó precisamente interpretando a un hombre atrapado por la misma droga que había contribuido a destruir su propia vida.
Jackson no construyó su carrera desde la perfección. La construyó después de haber llegado a uno de sus puntos más bajos. Su historia tampoco puede reducirse a una simple fórmula de “adicción, rehabilitación y éxito”, porque durante décadas existieron trabajo, talento, relaciones personales, oportunidades y decisiones profesionales que fueron determinantes. Pero existe una fecha que divide claramente su trayectoria: 1990, cuando ingresó en rehabilitación y comenzó una nueva etapa de sobriedad.
Después vendrían Pulp Fiction, Star Wars, Marvel, Kingsman, Django Unchained y más de un centenar de producciones. El hombre que durante años había sentido que las drogas eran una parte inseparable de su vida terminó convirtiendo el trabajo en su nueva obsesión.
Samuel L. Jackson no escapó de su pasado: lo convirtió en parte de la historia que explica cómo llegó a ser Samuel L. Jackson.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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