El acuerdo de libre comercio entre MERCOSUR y Singapur no fue obra de una sola figura política ni nació con la llegada de Tharman Shanmugaratnam a la Presidencia de Singapur. Detrás de los documentos firmados en Río de Janeiro existe una negociación de varios años, con diplomáticos y funcionarios económicos que trabajaron prácticamente fuera de los grandes focos políticos. La investigación de los documentos oficiales permite identificar a los principales protagonistas, el papel especialmente relevante que tuvo Paraguay y los intereses económicos que explican por qué Singapur decidió apostar por el bloque sudamericano.
El origen formal del proceso se remonta a 2018, cuando MERCOSUR y Singapur decidieron pasar de un diálogo exploratorio a una negociación para un tratado de libre comercio. El lanzamiento ocurrió el 23 de julio de ese año en Puerto Vallarta, México, después de que ambas partes elaboraran conjuntamente los términos de referencia para la negociación. MERCOSUR destacó entonces que Singapur era el primer país de ASEAN con el cual el bloque iniciaba negociaciones comerciales y que el intercambio bilateral ya rondaba los US$3.500 millones.
Pero existe un detalle político que ayuda a comprender quiénes estaban detrás de aquel primer impulso. Eladio Loizaga, entonces canciller de Paraguay y presidente pro tempore de MERCOSUR durante el primer semestre de 2018, formaba parte de una estrategia paraguaya de apertura externa que buscaba multiplicar las negociaciones comerciales del bloque. En paralelo, el canciller argentino Jorge Faurie, junto con sus colegas de Brasil y Uruguay, participaba de la construcción de una agenda exterior más amplia. Del lado de Singapur, el ministro de Comercio e Industria Chan Chun Sing fue uno de los responsables políticos del lanzamiento. En una intervención posterior, Chan agradeció expresamente a Faurie por su apoyo al proyecto y señaló que el acuerdo permitiría ampliar el acceso de las empresas de ambos mercados.
A partir de allí comenzó una etapa mucho menos visible: la negociación técnica. Y es en esa fase donde aparecen los nombres que realmente construyeron el contenido del tratado. La primera ronda se realizó en Buenos Aires entre el 22 y el 26 de abril de 2019. Argentina tenía entonces la Presidencia Pro Tempore de MERCOSUR y la delegación del bloque fue encabezada por José María Arbilla, director nacional de Negociaciones Económicas Internacionales de la Cancillería argentina. Por Singapur apareció uno de los nombres que permanecería hasta la etapa decisiva: Francis Chong, director para Mercados Emergentes del Ministerio de Comercio e Industria y jefe negociador singapurense.
La elección de Chong resulta significativa. No fue una figura ceremonial: estuvo en el núcleo técnico de la negociación desde la primera ronda y continuó encabezando la delegación de Singapur durante las etapas decisivas de 2022. Mientras los presidentes y cancilleres cambiaban, los equipos técnicos mantenían la continuidad necesaria para transformar las posiciones políticas en capítulos jurídicos concretos.
El proceso tuvo que atravesar además la interrupción provocada por la pandemia. Las conversaciones continuaron en formato virtual y fueron ampliándose hacia cuestiones que excedían ampliamente los aranceles: acceso a mercados, reglas de origen, medidas sanitarias y fitosanitarias, servicios, inversiones, comercio electrónico, telecomunicaciones, propiedad intelectual, compras públicas y mecanismos institucionales.
La negociación volvió a acelerarse en 2022, y allí aparece el personaje que probablemente merece mayor atención en una investigación sobre el papel paraguayo: el embajador Enrique Franco, director de Política Económica del Ministerio de Relaciones Exteriores de Paraguay.
Durante la Presidencia Pro Tempore paraguaya de MERCOSUR, Franco pasó a encabezar la coordinación de las conversaciones. En abril de 2022, la cuarta ronda se realizó presencialmente en Luque, Paraguay, con más de 80 negociadores. El propio MERCOSUR calificó la negociación con Singapur como una de las prioridades de aquella Presidencia paraguaya.
En mayo se produjo la quinta ronda, dividida entre Singapur y Asunción. Cerca de 70 negociadores y expertos trabajaron en acceso a mercados, reglas de origen, medidas sanitarias, inversiones, servicios, propiedad intelectual y compras públicas. La delegación paraguaya volvió a estar encabezada por Enrique Franco y la singapurense por Francis Chong.
Aquí aparece una primera conclusión de esta investigación: el acuerdo no fue simplemente “negociado por MERCOSUR y Singapur”; durante su etapa crítica tuvo una conducción técnica muy concreta: Enrique Franco por Paraguay y Francis Chong por Singapur, acompañados por las delegaciones de Argentina, Brasil y Uruguay.
La estructura negociadora también incluía a Luis Levit por Argentina, Philip Fox-Drummond Gough por Brasil y Alejandra De Bellis por Uruguay. En otras rondas aparecen otros funcionarios de los cuatro países, porque cada capítulo requería especialistas de distintas áreas.
Por encima de esa estructura técnica estaba Raúl Cano Ricciardi, entonces viceministro de Relaciones Económicas e Integración de Paraguay y coordinador nacional ante MERCOSUR. Cano Ricciardi fue una de las figuras políticas que impulsaron la conclusión de las negociaciones durante la Presidencia paraguaya. El 20 de julio de 2022 anunció conjuntamente con el ministro singapurense Gan Kim Yong la conclusión sustantiva del acuerdo.
Y allí aparece otro protagonista central: Gan Kim Yong, ministro de Comercio e Industria de Singapur. Fue el principal interlocutor político del Gobierno singapurense en el momento en que las negociaciones llegaron a su punto decisivo. El anuncio conjunto con Cano Ricciardi confirmó que, después de seis rondas iniciadas en 2019, las partes habían concluido sustancialmente el tratado.
La importancia de Paraguay queda aún más clara cuando se consulta directamente al presidente de Singapur.
Durante una cena de Estado ofrecida a Santiago Peña en mayo de 2025, Tharman Shanmugaratnam afirmó que Paraguay había sido “instrumental” para impulsar la conclusión sustantiva de las negociaciones durante su Presidencia Pro Tempore del MERCOSUR en el primer semestre de 2022. El propio presidente singapurense vinculó directamente la actuación paraguaya con la posterior firma del acuerdo en diciembre de 2023.
Este reconocimiento es especialmente importante porque permite corregir una interpretación que podría llevar a errores periodísticos. Tharman no fue el artífice original del acuerdo ni su negociador. Cuando se iniciaron las negociaciones formales, él no ocupaba la Presidencia de Singapur. Su papel corresponde a otra etapa: la consolidación de la relación estratégica y la representación de Singapur en una nueva fase de cooperación internacional.
El acuerdo fue finalmente firmado el 7 de diciembre de 2023 en Río de Janeiro, durante la cumbre de MERCOSUR. Por Singapur firmó el canciller Vivian Balakrishnan. Por Argentina firmó Cecilia Todesca Bocco; por Brasil, Mauro Vieira; por Paraguay, Rubén Ramírez Lezcano; y por Uruguay, Omar Paganini. El documento oficial establece expresamente esas firmas.
La firma, sin embargo, no significó una entrada automática en vigor para todos los países.
El tratado establece un complejo proceso de ratificación e incorporación al derecho interno. Paraguay y Singapur comenzaron a aplicarlo el 1 de febrero de 2026; Uruguay y Singapur, el 1 de marzo de 2026. Brasil todavía debe completar su procedimiento de ratificación y Argentina también se encuentra pendiente de completar el proceso interno.
Esto convierte a Paraguay en un caso particularmente interesante: el mismo país que coordinó la etapa decisiva de la negociación fue también el primero del MERCOSUR en poner en vigor el acuerdo junto con Singapur.
El tratado contiene 19 capítulos, incluyendo acceso a mercados, reglas de origen, defensa comercial, medidas sanitarias, obstáculos técnicos, procedimientos aduaneros, servicios, movimiento de personas, comercio electrónico, inversiones, compras públicas, propiedad intelectual, competencia, pequeñas y medianas empresas, transparencia y solución de controversias.
Por eso, sería un error reducirlo a una eliminación de aranceles.
Singapur informó que el acuerdo eliminará los derechos de importación sobre aproximadamente 96% de los productos durante 15 años, mientras que cerca del 25% tendrá acceso libre de aranceles desde el inicio. También establece reglas de origen y mecanismos de acumulación regional que facilitan la utilización de insumos provenientes de los países miembros.
¿Qué buscaba realmente Singapur?
La investigación de las declaraciones oficiales permite identificar un objetivo estratégico.
Singapur no está buscando solamente vender productos a MERCOSUR. Está buscando utilizar al bloque como plataforma económica en Sudamérica.
Cuando se firmó el acuerdo, Singapur informó que ya había más de 100 empresas singapurenses operando en los mercados del MERCOSUR. Las actividades incluían petróleo y gas, agronegocios, soluciones digitales, manufactura, hotelería, logística e infraestructura. Entre las compañías mencionadas oficialmente aparecen Ascott, Changi Airports International, PSA International, SEA Group, Olam International, Wilmar International, Grupo Kaybee y Sakura Tech.
Esto revela una característica fundamental de la estrategia singapurense.
El país no necesita competir con Brasil, Argentina, Paraguay o Uruguay en producción agrícola masiva. Su ventaja está en aportar capital, tecnología, logística, servicios, infraestructura y conexión con Asia.
El caso brasileño es especialmente ilustrativo. Singapur considera a Brasil su mayor socio comercial en América Latina y Brasil es el principal socio comercial de Singapur en América Latina. El comercio bilateral llegó a aproximadamente 40.000 millones de reales en 2023, mientras la inversión acumulada de Singapur en Brasil alcanzaba unos 8.000 millones de reales. Cerca de 90 empresas con base en Singapur tenían intereses comerciales en Brasil.
Además, Brasil ya funciona como un gran proveedor de alimentos para Singapur. Carne bovina, pollo y cerdo congelados forman parte de los principales productos agroalimentarios brasileños destinados al mercado singapurense. Brasil también suministra ferroniobio utilizado en componentes y productos fabricados en Singapur.
El interés de Singapur por la seguridad alimentaria explica otra parte del acuerdo.
El país asiático es extremadamente dependiente de las importaciones de alimentos y busca diversificar sus fuentes de abastecimiento. Una intervención oficial del Gobierno singapurense señaló expresamente el interés en aumentar las importaciones latinoamericanas de carne, frutas, vegetales y otros alimentos.
Por eso, Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay tienen una oportunidad que va mucho más allá de la reducción arancelaria: convertirse en proveedores más importantes de alimentos para Asia.
Paraguay puede tener una ventaja proporcionalmente mayor
Aunque Brasil tiene el mayor potencial por volumen, Paraguay presenta una característica que merece especial atención.
Durante la quinta ronda de negociaciones, MERCOSUR señaló oficialmente que Singapur ya era el tercer mercado de destino más importante para las exportaciones industriales paraguayas.
Esto significa que el vínculo no comenzó con el tratado.
Ya existía una relación comercial que Paraguay podía intentar ampliar.
Y el propio Tharman identificó otra complementariedad: Paraguay es uno de los principales exportadores mundiales de soja y carne, mientras Singapur pretende convertirse en un centro asiático de innovación y tecnología agroalimentaria.
Además, Singapur avanzó en la certificación sanitaria para productos paraguayos. En la misma intervención, Tharman destacó que carne bovina, porcina y aviar paraguaya, además de determinados productos procesados, tendrían nuevas posibilidades de acceso al mercado singapurense.
Por eso, Paraguay no solamente ayudó a construir el acuerdo: también puede estar entre los países con mayor posibilidad de utilizarlo para ampliar su presencia en Asia en relación con el tamaño de su economía.
Argentina tiene un potencial diferente
Argentina fue protagonista desde el inicio de la negociación.
La primera ronda se realizó en Buenos Aires bajo coordinación argentina y José María Arbilla encabezó la delegación del país. La documentación de aquella primera ronda ya señalaba que Singapur era atractivo para Argentina por su elevado ingreso per cápita, sofisticación de mercado y condición de importador neto de alimentos.
Pero Argentina puede tener ahora una carta adicional que no tenía con la misma intensidad cuando comenzaron las negociaciones: Vaca Muerta y su creciente producción energética.
El acuerdo puede facilitar, directa o indirectamente, la llegada de capital singapurense y de empresas vinculadas con logística, infraestructura, energía y servicios a un país que intenta convertirse en un exportador energético importante.
Uruguay: alimentos, servicios y logística
Uruguay presenta otro perfil.
Su fortaleza está en la producción de alimentos, especialmente carne, pero también en servicios, tecnología, logística y estabilidad institucional.
Para Singapur, Uruguay puede funcionar además como un punto complementario dentro de la infraestructura comercial del Cono Sur.
Brasil: el gigante que concentra el mayor volumen
Brasil es el mercado con mayor potencial absoluto.
Tiene escala industrial, enorme producción agropecuaria, petróleo, minerales, infraestructura y un mercado interno de dimensiones incomparables con los otros miembros del bloque.
El propio Gobierno de Singapur identifica a Brasil como su principal socio comercial latinoamericano y destaca la presencia de empresas singapurenses en agricultura, manufactura, videojuegos, comercio digital e inteligencia artificial.
Por eso, si el acuerdo logra multiplicar inversiones, Brasil probablemente será el país que mueva los mayores valores monetarios dentro del MERCOSUR.
Pero la historia no termina allí.
El verdadero objetivo: conectar MERCOSUR con Asia
Singapur es uno de los principales centros logísticos, financieros y comerciales del planeta.
Por eso el acuerdo tiene un valor estratégico que no aparece inmediatamente en las estadísticas de exportación.
Una empresa paraguaya puede utilizar Singapur para acceder a Asia. Una empresa brasileña puede utilizarlo para ampliar sus operaciones. Una compañía argentina puede buscar allí financiamiento y socios. Una empresa uruguaya puede aprovechar la plataforma logística. Y una empresa singapurense puede utilizar MERCOSUR como puerta hacia Sudamérica.
La propia negociación de 2019 ya planteaba esa idea: Argentina y MERCOSUR esperaban que el acuerdo con Singapur, considerado uno de los principales centros logísticos de Asia, funcionara como puerta de entrada a los mercados del Sudeste Asiático.
Esa frase probablemente sea una de las mejores maneras de explicar la verdadera importancia del tratado.
¿Y dónde queda Tharman?
Aquí la investigación obliga a separar dos historias.
La primera es la historia de los artífices técnicos del acuerdo: Enrique Franco, Francis Chong, Raúl Cano Ricciardi, Gan Kim Yong, José María Arbilla y los negociadores de Argentina, Brasil y Uruguay, junto con los equipos técnicos de ambos lados.
La segunda es la historia de la estrategia internacional de Singapur, donde Tharman tiene una importancia considerable.
Tharman fue ministro de Finanzas, viceprimer ministro y presidente de la Autoridad Monetaria de Singapur antes de llegar a la Presidencia. Su trayectoria está profundamente vinculada con la apertura económica, la estabilidad financiera, la educación y la inserción internacional de Singapur.
Como presidente, ha defendido públicamente la necesidad de construir nuevas alianzas comerciales y económicas en un mundo cada vez más fragmentado. En Davos, en enero de 2026, citó precisamente el acuerdo MERCOSUR-Unión Europea como ejemplo de cómo pueden construirse nuevas alianzas plurilaterales alrededor del comercio y la inversión.
Y cuando recibió a Santiago Peña, Tharman fue mucho más explícito respecto del papel de Paraguay en el acuerdo MERCOSUR-Singapur: reconoció que la Presidencia paraguaya de 2022 había sido decisiva para llevar las negociaciones hacia su conclusión sustantiva.
Por eso, atribuirle a Tharman la creación del tratado sería incorrecto.
Pero decir que Tharman está ayudando a convertir ese tratado en una relación estratégica de largo plazo entre Sudamérica y Asia sí encuentra respaldo documental.
Una relación que acaba de entrar en su fase más importante
El acuerdo dejó de ser solamente una promesa diplomática en 2026.
Ya está vigente entre Singapur y Paraguay y entre Singapur y Uruguay. Brasil todavía debe completar su ratificación y Argentina también tiene pendiente completar el procedimiento correspondiente.
Y la relación ya tiene una nueva instancia institucional.
En abril de 2026, la Comisión de Representantes Permanentes del MERCOSUR recibió en Montevideo a Jasmine Quah Zunair, directora de la División de América, Europa y Asia Central de Singapur. La reunión estuvo dedicada precisamente a analizar oportunidades, ventajas y perspectivas de desarrollo vinculadas con la implementación del acuerdo.
Esto demuestra que la etapa de negociación terminó y comenzó la etapa de utilización económica del tratado.
Ahora viene la parte difícil.
MERCOSUR tendrá que convertir las preferencias arancelarias en exportaciones reales. Las empresas deberán superar requisitos sanitarios, logísticos y regulatorios. Los gobiernos tendrán que facilitar inversiones. Y Singapur deberá demostrar que su presencia en Sudamérica puede transformarse en proyectos concretos y no solamente en comercio.
La gran pregunta ya no es quién firmó el acuerdo.
La pregunta es quién será capaz de aprovecharlo mejor.
Brasil tiene escala.
Argentina tiene alimentos, energía y recursos naturales.
Paraguay tiene producción agroindustrial, energía y una relación política particularmente cercana con Singapur.
Uruguay tiene alimentos, servicios y logística.
Singapur tiene capital, tecnología, infraestructura, servicios financieros y acceso privilegiado al Sudeste Asiático.
La combinación puede ser poderosa.
Y detrás de ella existe una historia que comenzó mucho antes de la firma de 2023: una estrategia de apertura comercial impulsada por MERCOSUR, una diplomacia paraguaya que asumió la coordinación en el momento decisivo, un equipo técnico liderado por Enrique Franco y Francis Chong, ministros como Raúl Cano Ricciardi y Gan Kim Yong que llevaron la negociación al cierre, y posteriormente una diplomacia presidencial en la que Tharman Shanmugaratnam pasó a desempeñar un papel de alto nivel para consolidar la conexión.
El dato más revelador quizá sea el reconocimiento del propio presidente singapurense: Paraguay fue instrumental para que el acuerdo pudiera cerrarse en 2022.
Eso coloca a Asunción en un lugar mucho más importante dentro de la historia de lo que suele aparecer en las noticias sobre el tratado.
MERCOSUR-Singapur no fue construido por un solo presidente. Fue construido por una cadena de gobiernos, cancillerías, negociadores y equipos técnicos durante casi una década. Pero en esa cadena hubo un momento decisivo: la Presidencia Pro Tempore paraguaya de 2022.
Ahora comienza la verdadera prueba: convertir ese puente diplomático en comercio, inversiones, empleos, tecnología y una conexión permanente entre el MERCOSUR y el mercado asiático.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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