La discusión sobre el futuro del MERCOSUR ya no pasa solamente por reducir aranceles o aumentar el comercio entre los Estados Parte. Para el sector empresarial, el desafío consiste en conseguir que la integración permita abrir empresas, mover capital, contratar servicios, producir y exportar con menos burocracia. En ese escenario, Paraguay intenta posicionarse como una plataforma de inversión para empresas de la región, mientras la Cámara de Comercio Paraguayo-Argentina (CAMPYARG), bajo la presidencia de Josefina Otero, plantea que todavía existe una brecha importante entre la integración que los gobiernos han construido en los documentos y la integración que realmente experimentan las empresas.
La advertencia de Otero adquiere relevancia porque CAMPYARG no se limita a representar intereses comerciales bilaterales, sino que tiene entre sus objetivos fomentar la integración entre Paraguay y Argentina, promover inversiones, complementación industrial, comercio, servicios y turismo, además de trabajar con organismos públicos y privados para facilitar la actividad empresarial. La institución, creada en 1991, busca precisamente construir los vínculos que permitan transformar una relación diplomática y comercial histórica en negocios concretos. Desde abril de 2026, Otero ocupa la presidencia y se convirtió en la primera mujer en dirigir la Cámara, planteando una gestión orientada a generar conexiones empresariales que produzcan inversiones y resultados medibles.
El punto central de su diagnóstico es que MERCOSUR avanzó considerablemente en más de tres décadas, pero todavía no consiguió una integración empresarial suficientemente profunda. Para Otero, no alcanza con que existan acuerdos regionales si una empresa argentina que pretende instalarse en Paraguay continúa encontrando dificultades burocráticas, migratorias, aduaneras o regulatorias. En declaraciones recientes, señaló que existe un creciente interés de empresarios argentinos por abrir sucursales, franquicias y nuevas operaciones en Paraguay, pero advirtió que el objetivo debería ser reducir los obstáculos para que ese desembarco sea sencillo y previsible. Desde su perspectiva, la integración debe poder sentirse en la práctica cuando una compañía decide cruzar una frontera para invertir.
Paraguay intenta aprovechar una nueva ventana para la inversión
El país está construyendo instrumentos específicamente destinados a captar ese capital. En abril de 2026, el Gobierno paraguayo puso en marcha el Paraguay Investor Pass, que permite a determinados inversionistas extranjeros acceder directamente a la residencia permanente mediante distintas modalidades de inversión. La normativa contempla, entre otras alternativas, inversiones productivas desde US$70.000, inversiones financieras o inmobiliarias desde US$200.000 y proyectos turísticos desde US$150.000, con requisitos diferentes según el tipo de inversión. El esquema también incorpora controles sobre antecedentes, origen de fondos y prevención de lavado de activos.
La estrategia no se limita a atraer personas con capital para que residan en Paraguay. El objetivo declarado es canalizar inversión hacia sectores productivos y estratégicos, incluyendo industria, servicios, turismo, mercado de valores e inmuebles vinculados con actividades económicas. A esto se suma el régimen de maquila, recientemente modernizado mediante la Ley 7547/2025, que busca promover producción y servicios orientados a la exportación. El sistema mantiene un tributo único del 1% bajo determinadas condiciones, suspensión de tributos aduaneros y otros beneficios, y permite utilizar Paraguay como plataforma para producir y posteriormente vender a terceros mercados.
Los datos del Banco Central del Paraguay muestran que la inversión directa extranjera ya constituye una fuente sostenida de financiamiento externo para el país. Un estudio publicado en agosto de 2026 señala que entre 2008 y 2024 Paraguay recibió flujos netos de inversión directa con un promedio anual de aproximadamente US$590 millones, equivalente al 1,6% del PIB, mientras el número de países inversores aumentó de 39 en 2008 a 68 en 2024. El dato resulta relevante porque muestra que Paraguay no depende de un único origen de capital: existe una diversificación progresiva de los inversores y de los sectores receptores.
Argentina puede convertirse en un socio estratégico de esa transformación
La relación con Argentina tiene una particularidad: no se trata solamente de atraer capital argentino hacia Paraguay, sino de combinar capacidades de ambos países. Otero identifica una complementariedad concreta: Argentina aporta escala, conocimiento técnico y experiencia empresarial en diferentes industrias, mientras Paraguay ofrece condiciones operativas y competitivas que pueden favorecer la instalación o relocalización de determinadas actividades. La presidenta de CAMPYARG ha señalado oportunidades especialmente en tecnología, industria del conocimiento, servicios exportables, centros de back office, turismo, hotelería, logística, energías renovables y desarrollos inmobiliarios.
Esta combinación puede adquirir mayor importancia en un contexto en el que las empresas internacionales están revisando sus cadenas de producción y buscando ubicaciones más competitivas. Paraguay puede convertirse en una plataforma productiva, mientras Argentina aporta proveedores, profesionales, tecnología, marcas y experiencia industrial. El desafío consiste en conseguir que esa complementariedad no se limite a empresas argentinas que se instalan en Paraguay para atender únicamente el mercado local, sino que genere cadenas binacionales capaces de producir en Paraguay y exportar conjuntamente hacia otros mercados del MERCOSUR y del mundo.
El problema está en que la integración empresarial todavía es más lenta que la integración política
El propio MERCOSUR reconoce que continúa trabajando en convergencia regulatoria, facilitación del comercio, modernización de procedimientos intrazona e integración productiva. Durante la reunión del Grupo Mercado Común realizada en Asunción en mayo de 2026, las delegaciones de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay analizaron precisamente estos asuntos, además de la actualización de la Nomenclatura Común y el Arancel Externo Común, el sector automotor, las mipymes y la agenda digital.
Esto coincide con la principal preocupación expresada por Otero: el MERCOSUR necesita pasar de una integración basada en normas a una integración basada en operaciones reales. Para una empresa, la integración no se mide solamente por la existencia de un tratado; se mide por cuánto demora abrir una sociedad, obtener permisos, contratar trabajadores, trasladar mercaderías, certificar productos, cumplir requisitos aduaneros y enviar dinero o servicios a otro país. Si esos procedimientos continúan siendo complejos, una parte importante de las ventajas de la integración permanece en el papel.
CAMPYARG intenta ocupar precisamente ese espacio intermedio entre gobiernos y empresas. La Cámara organiza misiones comerciales, rondas de negocios, conferencias y contactos empresariales, y mantiene vínculos con instituciones públicas, REDIEX y la Embajada argentina en Paraguay. También participa junto con otras cámaras binacionales en iniciativas destinadas a mejorar el clima de negocios y la competitividad paraguaya.
El desafío ahora es regional, no solamente paraguayo-argentino
La oportunidad para Paraguay también debe analizarse dentro de un MERCOSUR que está intentando abrirse más al mundo. El bloque avanza simultáneamente en acuerdos con socios como Singapur y la Unión Europea y abrió nuevas conversaciones con otros mercados. El acuerdo interino de comercio MERCOSUR-Unión Europea comenzó su aplicación provisional el 1 de mayo de 2026, después de que Argentina aprobara internamente el instrumento en febrero.
Esto puede cambiar el cálculo de los inversores. Una empresa que se instala en Paraguay no necesariamente está pensando únicamente en vender a los paraguayos: puede buscar producir dentro del espacio regional, aprovechar las reglas del MERCOSUR y utilizar los nuevos acuerdos externos como puertas hacia otros mercados. La ubicación geográfica, los costos, la energía, la estabilidad macroeconómica, los incentivos fiscales, la mano de obra y la facilidad para exportar comienzan a competir como un paquete único de decisión.
En ese escenario, Paraguay tiene una oportunidad concreta, pero también una responsabilidad. No alcanza con ofrecer incentivos para atraer capital. El país tendrá que garantizar infraestructura, seguridad jurídica, energía confiable, conectividad, formación profesional, logística y procedimientos administrativos rápidos. La propia agenda empresarial planteada por Otero apunta en esa dirección: mejorar la hidrovía y la logística regional, simplificar procesos migratorios y aduaneros, avanzar en integración digital y generar políticas que estimulen inversiones de largo plazo.
La investigación muestra así que la discusión planteada por Josefina Otero no es solamente un reclamo de una cámara empresarial. Coincide con una de las principales tareas que el propio MERCOSUR tiene actualmente sobre la mesa: transformar la integración normativa en integración productiva y empresarial. Paraguay está intentando aprovechar ese cambio mediante nuevos instrumentos para atraer inversiones y una estrategia para convertirse en plataforma regional, mientras Argentina posee empresas, capital humano y experiencia que pueden complementar esa oferta. El verdadero resultado dependerá de que ambos países, y posteriormente los cuatro socios del bloque, consigan reducir las barreras que todavía hacen que una frontera comercial siga siendo, para muchas empresas, una frontera administrativa.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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