Paraguay está consolidando una transformación silenciosa de su estructura productiva: el régimen de maquila ya reúne 339 empresas con programas aprobados y vigentes, mientras el capital brasileño se convirtió en el principal componente extranjero dentro de este modelo industrial. Los datos disponibles hasta abril de 2026 muestran que 165 empresas cuentan con participación de capital brasileño, ya sea mediante inversión exclusiva de ese origen o a través de estructuras mixtas, mientras que la Cámara de Empresas Maquiladoras del Paraguay (Cemap) estima que alrededor del 70% del capital instalado bajo el régimen tiene origen brasileño. La diferencia entre ambas cifras responde a metodologías distintas: el registro oficial contabiliza empresas con participación brasileña, mientras que la Cemap habla de participación sobre el capital. Lo que no genera dudas es la dimensión de la relación económica entre ambos países. Durante el primer semestre de 2026, las exportaciones paraguayas bajo el régimen de maquila alcanzaron los USD 717 millones, un crecimiento del 25% frente al mismo período de 2025, y generaron 1.923 nuevos puestos de trabajo, elevando el empleo vinculado al sector a más de 36.000 personas. Brasil, además, absorbió el 62% de esas exportaciones durante los primeros seis meses del año. El fenómeno revela algo más profundo que una simple llegada de empresas extranjeras: Paraguay está siendo utilizado cada vez más como plataforma industrial dentro de las cadenas productivas del Mercosur, especialmente por compañías brasileñas que encuentran en el país costos competitivos, energía disponible, cercanía geográfica, régimen tributario favorable y acceso preferencial al mercado regional. La pregunta que comienza a plantearse ahora es si este crecimiento permitirá a Paraguay avanzar desde una economía basada principalmente en ventajas de costos hacia una plataforma industrial con mayor tecnología, valor agregado y capacidad de innovación.
El crecimiento actual tiene antecedentes en una política económica que Paraguay viene construyendo durante décadas para atraer inversión extranjera orientada a la producción y exportación. El régimen de maquila permite que empresas instaladas en el país importen determinados insumos y componentes bajo condiciones especiales para transformarlos o ensamblarlos y posteriormente exportarlos. Su atractivo no reside únicamente en los incentivos tributarios, sino también en la posibilidad de utilizar Paraguay como punto de conexión entre diferentes mercados. La ubicación geográfica dentro del Mercosur es uno de los activos centrales del modelo, especialmente para empresas brasileñas que pueden instalar una parte de su producción al otro lado de la frontera y mantener una relación logística relativamente corta con sus plantas, proveedores y clientes originales. A esto se suma el costo de la electricidad, una ventaja histórica de Paraguay derivada de su enorme capacidad hidroeléctrica. La combinación de energía competitiva, menores costos operativos, régimen tributario, disponibilidad de mano de obra y proximidad con Brasil ha generado un entorno particularmente atractivo para industrias que buscan reducir costos sin alejarse demasiado de sus mercados principales. El fenómeno se observa con claridad en la evolución de las inversiones: según datos del Ministerio de Industria y Comercio (MIC), de las 165 empresas con participación de capital brasileño identificadas a abril de 2026, 40 obtuvieron sus programas de maquila entre 2021 y 2025. Es decir, no se trata solamente de un stock histórico acumulado durante décadas, sino de un flujo de nuevas inversiones que continúa llegando. La presencia brasileña está creciendo al mismo tiempo que el régimen paraguayo se diversifica, lo que modifica gradualmente el perfil de una economía tradicionalmente dependiente de actividades agropecuarias y comerciales.
La estructura de la maquila paraguaya también revela que el fenómeno dejó de estar concentrado en una sola actividad. El presidente de Cemap, Jorge Bunchicoff, describió el sector como “bastante diversificado”, con presencia en autopartes, textiles y confecciones, aluminio, plásticos, alimentos, servicios tecnológicos y productos químico-farmacéuticos. Esa variedad es importante porque reduce el riesgo de que el régimen dependa exclusivamente de un sector industrial. Las autopartes constituyen uno de los principales motores, favorecidas por la integración de las cadenas automotrices brasileñas y regionales. Las confecciones también mantienen una fuerte presencia y son particularmente relevantes por su capacidad de generar empleo. El sector de servicios intangibles representa, por su parte, una evolución interesante porque demuestra que el régimen puede comenzar a abarcar actividades que no dependen necesariamente de una fábrica tradicional. Los datos del MIC muestran que confecciones y textiles concentran 8.363 trabajadores, autopartes 7.865 y servicios 3.982, dentro de un universo total de 36.052 empleos vinculados al régimen a mediados de 2026. El 45% de esos puestos está ocupado por mujeres, una proporción significativa en un sector que puede convertirse en una vía de incorporación de trabajadores a empleos formales. También existen empresas vinculadas a sectores químicos, farmacéuticos, plásticos, alimentos y manufacturas metálicas. Esta diversificación es probablemente uno de los indicadores más importantes para medir la madurez futura de la maquila paraguaya, porque una industria capaz de incorporar diferentes cadenas productivas tiene mayores posibilidades de desarrollar proveedores locales, capacitación especializada y transferencia tecnológica. Sin embargo, la diversificación por sí sola no garantiza mayor valor agregado. El desafío será conseguir que una parte creciente de los procesos realizados en Paraguay pase de simples operaciones de ensamblaje a etapas de diseño, ingeniería, desarrollo tecnológico y producción de componentes más sofisticados.
La relación con Brasil adquiere una dimensión todavía mayor cuando se observa el destino de las exportaciones. Según el informe oficial del Consejo Nacional de las Industrias Maquiladoras de Exportación (CNIME), hasta abril de 2026 Brasil recibió el 65% de las exportaciones de las industrias maquiladoras paraguayas, seguido por Argentina con 15%, Países Bajos con 5% y Estados Unidos con otro 5%. En conjunto, el 82% de los envíos tuvo como destino países del Mercosur. Los datos del primer semestre, difundidos posteriormente por el Viceministerio de Industria, muestran una concentración algo diferente, con Brasil absorbiendo el 62%, Argentina el 15% y Países Bajos el 9%. Las variaciones obedecen al período utilizado, pero ambas mediciones muestran exactamente la misma tendencia: el mercado brasileño es el principal destino de la producción maquiladora paraguaya. Esto tiene una lectura económica de enorme importancia. Muchas empresas no están simplemente exportando productos terminados desde Paraguay hacia un mercado distante; están incorporándose a cadenas regionales de producción en las que los componentes pueden cruzar varias veces las fronteras antes de llegar al consumidor final. Una autoparte fabricada en Paraguay puede integrarse a una cadena brasileña; una prenda puede utilizar insumos importados, ser confeccionada en Paraguay y posteriormente regresar al mercado brasileño; otros productos pueden continuar hacia terceros países. Esta integración productiva es precisamente uno de los objetivos históricos del Mercosur, aunque durante mucho tiempo el bloque estuvo más concentrado en el comercio de bienes terminados que en cadenas regionales de valor. La maquila está creando una forma más concreta de integración industrial entre Paraguay y Brasil, donde las fronteras nacionales dejan de ser el único criterio para decidir dónde se produce cada etapa. La infraestructura vial, los pasos fronterizos, la logística y la disponibilidad de energía serán, por eso, factores cada vez más determinantes para sostener este crecimiento.
El crecimiento de las exportaciones ofrece una segunda señal de la transformación. Durante enero-junio de 2026, las ventas externas bajo el régimen alcanzaron USD 717 millones, frente a aproximadamente USD 573 millones durante el mismo período de 2025, según los datos divulgados por el Viceministerio de Industria. El incremento del 25% ocurrió mientras aumentaba también el empleo, con 1.923 nuevos puestos incorporados en el año. Los sectores de autopartes, confecciones y productos químicos estuvieron entre los principales impulsores del resultado. El Ministerio de Industria y Comercio destacó además que el sector químico-farmacéutico registró un crecimiento acumulado mensual del 10% durante los primeros seis meses, mientras que confecciones y textiles representaron el 16% de las exportaciones semestrales. Estos datos permiten observar que la maquila está dejando de ser una actividad marginal dentro de la economía paraguaya. Su participación en las exportaciones industriales le otorga un peso estratégico que puede aumentar en los próximos años, especialmente si el país consigue atraer proyectos de mayor complejidad tecnológica. Pero el crecimiento también genera una pregunta legítima: cuánto de ese valor exportado queda efectivamente dentro de Paraguay. Una economía de maquila importa componentes, transforma bienes y exporta productos terminados; por lo tanto, el valor bruto de las exportaciones no equivale al valor agregado doméstico. Para medir el impacto real hay que considerar salarios, impuestos, servicios nacionales, proveedores locales, energía, infraestructura y otros componentes que permanecen en la economía paraguaya. El dato positivo es que el MIC reportó que al cierre del primer cuatrimestre las exportaciones superaban a las importaciones del régimen en un 83%, señal de una balanza comercial favorable dentro de la actividad. El siguiente paso debería ser aumentar progresivamente el contenido nacional de la producción, incorporando más proveedores paraguayos y reduciendo la dependencia de componentes importados.
La concentración geográfica también explica por qué el fenómeno está teniendo un impacto particularmente fuerte en determinadas regiones paraguayas. Los datos oficiales indican que el 92% de las empresas con programas de maquila aprobados se concentra en Alto Paraná, Central, Capital y Amambay, departamentos que combinan infraestructura, población, acceso a mercados y conectividad logística. Alto Paraná tiene una importancia especial debido a su frontera con Brasil y a la presencia de Ciudad del Este como uno de los principales centros comerciales de la región. Esa proximidad reduce costos de transporte y facilita la conexión con empresas brasileñas ubicadas en estados como Paraná, Santa Catarina, Mato Grosso do Sul y São Paulo. La expansión industrial puede producir efectos positivos en las comunidades: creación de empleo formal, demanda de servicios, capacitación laboral, crecimiento de proveedores y aumento de la actividad comercial. Pero también plantea desafíos urbanos y ambientales. Cuando la industria crece rápidamente, aumentan las necesidades de carreteras, viviendas, agua, saneamiento, transporte público y servicios educativos. El éxito de la maquila no debería medirse únicamente por cuántas empresas se instalan, sino también por cuánto mejora la calidad de vida alrededor de esas empresas. Un polo industrial que crea puestos de trabajo pero no cuenta con infraestructura adecuada puede terminar generando congestión, presión sobre los servicios y desigualdades territoriales. El desarrollo industrial necesita, por tanto, coordinación entre el Gobierno nacional, gobernaciones, municipios y empresas privadas. En el caso de Alto Paraná, la cuestión adquiere además una dimensión binacional: el crecimiento de la producción paraguaya está directamente relacionado con la infraestructura que conecta ambos países. Una frontera más eficiente, mejores carreteras y sistemas aduaneros digitalizados pueden aumentar significativamente la competitividad de las plantas instaladas en Paraguay. Del mismo modo, cualquier demora logística puede encarecer el modelo y reducir la ventaja que actualmente atrae a los inversores brasileños.
Paraguay también está intentando modificar el marco regulatorio para que la maquila evolucione hacia un modelo industrial más moderno. En abril de 2026, el Gobierno destacó los cambios introducidos por una nueva Ley de Maquila, que incorpora expresamente la maquila de servicios y contempla mecanismos como la devolución del 0,5% del IVA crédito para empresas maquiladoras de servicios. Paralelamente, el país avanzó en un nuevo Régimen de Incentivos Fiscales para la Inversión Nacional y Extranjera y en una política destinada a promover la producción y ensamblaje de equipos eléctricos, electrónicos, electromecánicos y digitales. Estas modificaciones muestran que Asunción pretende competir no solamente por costos, sino también por capacidad para atraer industrias vinculadas a nuevas tecnologías. El desafío será evitar que los incentivos fiscales se conviertan en el único argumento para invertir en Paraguay. Las empresas pueden llegar atraídas por beneficios tributarios, pero permanecerán si encuentran trabajadores capacitados, infraestructura confiable, energía estable, seguridad jurídica, logística eficiente y proveedores capaces de acompañar su expansión. La política industrial deberá, por ello, pasar de una estrategia centrada en atraer plantas hacia otra orientada a construir ecosistemas productivos. Eso implica universidades vinculadas con empresas, institutos técnicos especializados, programas de formación profesional y políticas de innovación. El capital brasileño puede desempeñar un papel importante en ese proceso porque las compañías que ya tienen cadenas productivas desarrolladas pueden contribuir a incorporar estándares, tecnología y conocimientos de gestión. Pero Paraguay también tendrá que generar empresas nacionales capaces de integrarse a esas cadenas. El verdadero salto industrial ocurrirá cuando una empresa paraguaya deje de ser solamente proveedora de mano de obra y pase a producir componentes, servicios tecnológicos o soluciones especializadas con mayor valor agregado. Esa transición determinará si la maquila se convierte en una etapa temporal de desarrollo o en uno de los pilares permanentes de la industrialización nacional.
El fenómeno tiene finalmente una lectura estratégica para todo el Mercosur. Durante años, la integración regional fue discutida principalmente en términos de aranceles, comercio y acuerdos políticos, pero la expansión de la maquila paraguaya muestra una dimensión diferente: la integración puede producirse desde las propias fábricas, mediante cadenas en las que capital, componentes, trabajadores, energía y mercados pertenecen a distintos países del bloque. Brasil aparece como el principal inversor y comprador, mientras Paraguay aporta condiciones productivas y acceso regional; Argentina también representa un destino relevante y Uruguay participa como origen y destino de determinadas operaciones. Esta dinámica puede fortalecerse si el Mercosur consigue mejorar su infraestructura, simplificar procedimientos aduaneros y reducir obstáculos al movimiento de bienes. Pero también existen riesgos. Una dependencia excesiva de un único mercado puede hacer vulnerable al Paraguay ante cambios en la economía brasileña, modificaciones tributarias o alteraciones en las cadenas internacionales. Por eso la diversificación hacia Estados Unidos, Europa y Asia continuará siendo importante. La oportunidad paraguaya consiste en utilizar el capital brasileño como puerta de entrada a una industrialización más amplia, no en convertirse únicamente en una extensión productiva de Brasil. Los números actuales muestran que el modelo funciona: 339 empresas, 165 con participación brasileña, más de 36.000 empleos y USD 717 millones exportados en apenas seis meses. Pero esos resultados son solamente el punto de partida. El próximo desafío será transformar crecimiento cuantitativo en desarrollo cualitativo: más tecnología, más proveedores locales, más capacitación, mejores salarios, mayor productividad y una participación paraguaya creciente en las cadenas de valor. Si consigue avanzar en esa dirección, Paraguay podría consolidarse como uno de los principales polos manufactureros del Mercosur y convertirse en una plataforma industrial regional capaz de atraer capital brasileño, argentino, uruguayo y de otros mercados. La maquila ya no es una actividad secundaria: está comenzando a convertirse en una pieza estratégica de la nueva geografía industrial sudamericana.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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