El acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur entró en una nueva etapa en 2026 y dejó de ser únicamente una negociación diplomática para convertirse en un instrumento con efectos comerciales concretos. Firmado en Asunción el 17 de enero de 2026 y aplicado provisionalmente desde el 1 de mayo, el pacto conecta a un mercado de alrededor de 700 millones de personas y articula una relación económica cuyo comercio de bienes superó los 111.000 millones de euros en 2024. Detrás de esas cifras existe una transformación mucho más amplia: reducción progresiva de aranceles, apertura de mercados industriales y agroalimentarios, nuevas cuotas para productos sensibles, reglas de origen, compromisos ambientales, acceso a compras públicas y una competencia estratégica entre Europa, China y Estados Unidos por fortalecer sus posiciones comerciales. El acuerdo llega después de más de dos décadas de negociaciones y en un momento en que ambos bloques buscan diversificar sus socios y reducir vulnerabilidades en las cadenas internacionales de suministro.
1. Más de 700 millones de consumidores
La primera cifra permite comprender la dimensión del acuerdo. La zona comercial formada por la Unión Europea y los cuatro países del Mercosur incluidos en el pacto —Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay— reúne más de 700 millones de consumidores.
El Gobierno brasileño utiliza una estimación cercana a 720 millones de personas y un PIB combinado superior a 22 billones de dólares. Esto coloca al acuerdo entre las mayores áreas económicas integradas mediante un pacto comercial.
Pero el tamaño demográfico no es el único elemento importante. Europa aporta un mercado de elevado poder adquisitivo y una enorme capacidad industrial y tecnológica, mientras que el Mercosur aporta alimentos, materias primas, energía y recursos estratégicos. La combinación explica por qué el acuerdo tiene una dimensión que va mucho más allá de la simple reducción de aranceles.
2. Más de 111.000 millones de euros en comercio de bienes
En 2024, el intercambio de bienes entre ambos bloques alcanzó más de 111.000 millones de euros.
La Unión Europea exportó al Mercosur aproximadamente 55.200 millones de euros e importó alrededor de 56.000 millones, de acuerdo con los datos oficiales del Consejo de la UE. Más del 80 % del flujo comercial correspondió a las relaciones entre Europa y Brasil.
La cifra también muestra que el acuerdo no parte de una relación comercial marginal. Europa ya era uno de los principales socios del Mercosur antes de la entrada en aplicación del tratado.
Entre 2014 y 2024, el comercio de mercancías entre los dos bloques aumentó más del 36 %. Las importaciones europeas procedentes del Mercosur crecieron más del 50 %, mientras que las exportaciones europeas hacia Sudamérica aumentaron alrededor del 25 %.
3. El acuerdo comenzó a negociarse hace más de 25 años
El tercer número explica por qué el pacto tiene un significado político especial: 27 años separan el comienzo de las negociaciones de su aplicación comercial.
Las conversaciones para un acuerdo de asociación comenzaron en 1999. Hubo un entendimiento político sobre el componente comercial en 2019, pero las diferencias ambientales, agrícolas y regulatorias impidieron que el proceso llegara rápidamente a una conclusión.
Finalmente, las negociaciones fueron cerradas el 6 de diciembre de 2024 y los textos fueron firmados el 17 de enero de 2026 en Asunción, Paraguay.
El recorrido muestra que no se trata de un tratado improvisado. Durante más de dos décadas se discutieron aranceles, agricultura, industria, servicios, propiedad intelectual, compras públicas, normas sanitarias, medio ambiente y mecanismos de protección para sectores considerados vulnerables.
4. El Mercosur eliminará aranceles sobre el 91 % de las exportaciones europeas
Uno de los números centrales del acuerdo es el 91 %.
El Mercosur se comprometió a eliminar progresivamente los derechos de importación sobre aproximadamente el 91 % de los bienes exportados por empresas europeas al bloque sudamericano. Según la Comisión Europea, esa liberalización permitirá ahorrar a los exportadores europeos más de 4.000 millones de euros anuales en derechos aduaneros cuando el proceso esté plenamente desarrollado.
La repercusión será especialmente importante para sectores donde los aranceles sudamericanos eran elevados.
Los automóviles europeos, por ejemplo, enfrentaban un arancel de hasta 35 %. Las piezas de automóviles podían pagar entre 14 % y 18 %, la maquinaria entre 14 % y 20 %, los productos químicos hasta 18 %, los productos farmacéuticos hasta 14 % y determinados productos textiles, calzado y prendas hasta 35 %.
La eliminación no será inmediata para todos los productos. En muchos casos habrá períodos de transición de varios años, precisamente para permitir que las industrias del Mercosur se adapten a la nueva competencia.
5. Europa abrirá el mercado al 92 % de los productos del Mercosur
La apertura funciona en ambos sentidos. La Unión Europea eliminará progresivamente los aranceles sobre aproximadamente el 92 % de las exportaciones de bienes del Mercosur.
La diferencia fundamental está en los productos agrícolas sensibles. Carne bovina, azúcar, aves y otros productos no tendrán una apertura ilimitada, sino que estarán sujetos a cuotas arancelarias, períodos de transición y mecanismos de salvaguardia.
Este punto fue determinante para conseguir apoyo político europeo. La agricultura es uno de los sectores que más resistencia presentó al acuerdo porque productores europeos temen que el aumento de importaciones sudamericanas genere presión sobre los precios y sobre sus márgenes.
Por eso, el pacto no equivale a una apertura total e inmediata de todos los mercados agrícolas. Se trata de una liberalización gradual y diferenciada según el producto.
6. El comercio de servicios ya supera los 42.000 millones de euros
La relación entre ambos bloques tampoco se limita a bienes físicos.
El comercio de servicios entre la Unión Europea y el Mercosur superó los 42.000 millones de euros en 2023, último año disponible en la estadística comunitaria utilizada para medir este componente.
Esto incluye actividades vinculadas a transporte, servicios empresariales, finanzas, telecomunicaciones, turismo y otros sectores.
La importancia de esta cifra puede aumentar con la implementación del acuerdo porque la integración comercial suele generar demanda adicional de logística, seguros, servicios financieros, consultoría, tecnología y gestión empresarial.
7. Los automóviles europeos son uno de los grandes beneficiados
El sector automotor constituye uno de los ejemplos más claros de cómo funcionará la reducción arancelaria.
Desde el 1 de mayo de 2026, los aranceles aplicados por el Mercosur a los vehículos eléctricos e híbridos europeos bajaron de 35 % a 25 %. Para los automóviles con motores de combustión interna, la reducción inicial lleva el arancel del 35 % al 17,5 %.
La liberalización continuará progresivamente.
En el caso de los componentes automotores, aproximadamente el 90 % de las exportaciones europeas estará sujeto a una eliminación gradual de los aranceles durante un período de hasta diez años.
Esto puede modificar la competencia en el mercado sudamericano, particularmente en Brasil y Argentina, donde la industria automotriz tiene un peso considerable y donde fabricantes europeos compiten con empresas estadounidenses, asiáticas y chinas.
8. La maquinaria europea también tendrá una apertura considerable
Otro sector estratégico es el de maquinaria y equipamiento.
Los aranceles actuales del Mercosur sobre determinados productos de maquinaria y electrodomésticos se sitúan entre 14 % y 20 %, pero el acuerdo establece una reducción progresiva para aproximadamente 93 % de las exportaciones europeas de este segmento, en la mayoría de los casos durante un período de diez años.
La consecuencia puede ser especialmente importante para las economías sudamericanas que necesitan modernizar su infraestructura productiva.
Para Europa significa una posibilidad de ampliar sus ventas de bienes de capital. Para el Mercosur, la entrada de maquinaria con menores costos arancelarios puede abaratar determinadas inversiones y mejorar la productividad de empresas agrícolas, industriales y logísticas.
9. La agricultura concentra las mayores oportunidades y también los mayores conflictos
Aquí aparece una de las cifras más sensibles del acuerdo.
La Unión Europea aceptó mejorar el acceso de determinados productos agrícolas del Mercosur mediante cuotas arancelarias, pero no abrió completamente el mercado para todos los productos.
La carne bovina es el ejemplo más conocido: el acuerdo establece una cuota de 99.000 toneladas con condiciones preferenciales. También existen contingentes específicos para aves, azúcar, etanol, arroz, miel y productos lácteos, entre otros.
El sistema fue diseñado para permitir un mayor acceso de los productores sudamericanos sin generar una apertura ilimitada que pudiera provocar un impacto brusco sobre los agricultores europeos.
Precisamente por eso, la discusión agrícola continuará incluso después de la entrada en aplicación provisional. Países como Francia han mantenido fuertes reservas y sectores agrícolas europeos siguen reclamando garantías adicionales.
10. El acuerdo no es solamente comercial: también es geopolítico
La décima cifra es difícil de expresar en toneladas o euros, porque se relaciona con el peso estratégico del acuerdo.
La Unión Europea considera que el pacto puede ayudar a diversificar sus cadenas de suministro, garantizar acceso a materias primas estratégicas y reforzar su presencia en América del Sur en un contexto internacional marcado por la competencia entre grandes potencias.
El Parlamento Europeo destaca precisamente la dimensión de seguridad económica y resiliencia de las cadenas de suministro, especialmente en relación con materias primas críticas.
Para el Mercosur, la importancia también es estratégica. Durante años, China se convirtió en uno de los principales socios comerciales de Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay. El acuerdo con Europa ofrece ahora una alternativa de gran escala y puede ayudar a los países sudamericanos a evitar una excesiva dependencia de un único mercado.
El antes: 25 años de negociación y una oportunidad que parecía imposible
Durante buena parte de las últimas dos décadas, el acuerdo fue presentado como una posibilidad que avanzaba y retrocedía según los cambios políticos en Europa y América del Sur.
En 2019 se anunció un acuerdo en principio, pero las diferencias sobre medio ambiente y agricultura impidieron su conclusión definitiva. La cuestión de la deforestación amazónica se convirtió en uno de los principales puntos de conflicto.
En 2024, las partes volvieron a cerrar un acuerdo político mejorado y, finalmente, concluyeron las negociaciones. La firma de enero de 2026 transformó aquel proyecto en un tratado concreto.
El ahora: ya no es solamente una promesa
La diferencia fundamental en 2026 es que la parte comercial ya comenzó a aplicarse provisionalmente.
Desde el 1 de mayo, los operadores económicos de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay comenzaron a beneficiarse de las primeras reducciones arancelarias previstas por el acuerdo, mientras continúa el proceso para la entrada en vigor plena del Acuerdo de Asociación.
La aplicación provisional permite que empresas comiencen a adaptar sus cadenas de suministro, negociar contratos y aprovechar las primeras preferencias comerciales sin esperar a que todo el proceso de ratificación europea concluya.
Eso significa que el debate ya no es solamente si el acuerdo será beneficioso. La discusión comienza a desplazarse hacia quién aprovechará primero las nuevas oportunidades, qué sectores ganarán competitividad y cuáles enfrentarán mayor presión.
El después: la verdadera prueba comienza ahora
La entrada en aplicación no garantiza automáticamente un aumento espectacular del comercio.
Las empresas tendrán que cumplir reglas de origen, requisitos sanitarios, normas técnicas, certificaciones y procedimientos aduaneros. Un producto puede tener un arancel preferencial y, aun así, encontrar dificultades para acceder al mercado si no cumple los requisitos establecidos.
Además, la reducción arancelaria puede generar ganadores y perdedores dentro de cada economía. Una industria sudamericana que actualmente está protegida por aranceles elevados puede enfrentar una competencia europea mucho más fuerte. Del mismo modo, determinados productores agrícolas europeos deberán competir con mercancías procedentes de un Mercosur altamente competitivo en productos agropecuarios.
El acuerdo incluye mecanismos de salvaguardia para responder a determinadas perturbaciones del mercado, especialmente en sectores agrícolas sensibles. La Unión Europea también estableció procedimientos específicos para vigilar la evolución de las importaciones y proteger sectores que puedan sufrir impactos graves.
Una nueva etapa para el Mercosur
La importancia del acuerdo para Sudamérica puede terminar siendo incluso mayor que la reducción de aranceles.
Durante décadas, el Mercosur buscó convertirse en una plataforma para negociar conjuntamente con grandes mercados. El acuerdo con la Unión Europea representa la materialización de una de las metas más ambiciosas de esa política exterior.
También puede modificar la posición internacional del bloque. Un Mercosur conectado comercialmente con Europa, China, Estados Unidos, EFTA, Singapur y otros mercados tendrá mayores posibilidades de diversificar sus exportaciones y atraer inversiones.
Para Brasil, la dimensión es particularmente significativa debido a su peso dentro del Mercosur y a que más del 80 % del comercio de bienes UE-Mercosur se concentra actualmente en la relación entre Europa y Brasil.
Para Argentina, el acuerdo puede abrir oportunidades para alimentos, energía, minería, servicios y manufacturas, aunque también expone a determinadas industrias locales a una mayor competencia.
Para Uruguay y Paraguay, el desafío será aprovechar el acceso preferencial a un mercado gigantesco sin quedar relegados frente a las mayores economías del bloque.
Una cifra resume el cambio
Si hubiera que condensar todo el acuerdo en una sola imagen, habría que colocar juntas tres cifras: más de 700 millones de consumidores, más de 111.000 millones de euros de comercio de bienes y más de 25 años de negociaciones.
Pero esas cifras cuentan solamente una parte de la historia.
El verdadero alcance del acuerdo se medirá en los próximos años, cuando las empresas comiencen a cambiar proveedores, aumentar exportaciones, instalar nuevas inversiones y competir en mercados que antes estaban protegidos por aranceles elevados.
El 1 de mayo de 2026 marcó el paso del acuerdo desde la diplomacia hacia la economía real. Ahora comienza la etapa decisiva: comprobar si la reducción de barreras comerciales se transforma efectivamente en más comercio, más inversiones, mayor competitividad y una relación estratégica más profunda entre Europa y Sudamérica.
Y esa será la verdadera prueba del pacto que necesitó más de dos décadas para convertirse en realidad: no cuánto se firmó en Asunción, sino cuánto cambiará la vida económica de ambos bloques cuando las nuevas reglas comiencen a sentirse plenamente en fábricas, campos, puertos, empresas y mercados.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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