
RÍO DE JANEIRO (Prensa Mercosur) — La ciudad de Río de Janeiro avanza en la ejecución de uno de los proyectos de infraestructura urbana y temática más polémicos de los últimos años en Sudamérica: el parque público «Terra Prometida», un recinto dedicado íntegramente a pasajes de la Biblia. Con una inversión estimada en 190 millones de reales (aproximadamente 35 millones de dólares), la iniciativa ha encendido un intenso debate sociopolítico en Brasil, donde líderes evangélicos equiparan la magnitud e importancia de la obra con recintos emblemáticos como el Sambódromo o la infraestructura del festival Rock in Rio, mientras defensores del laicismo estatal y representantes de otras confesiones cuestionan el destino de los fondos públicos.
Un megaproyecto temático en la Zona Oeste
El proyecto fue anunciado originalmente en 2024 bajo la gestión del entonces alcalde Eduardo Paes. Actualmente, las obras se encuentran en fase de ejecución y supervisión bajo la administración del actual alcalde de la ciudad, Eduardo Cavaliere. La construcción está ubicada en el barrio de Santa Cruz, en la Zona Oeste de la capital carioca, una región periférica con históricas demandas de inversión en infraestructura, servicios básicos y transporte.
Según las especificaciones del ayuntamiento (Prefeitura) de Río de Janeiro, Terra Prometida abarcará diversos espacios inmersivos inspirados principalmente en pasajes del Pentateuco, los primeros cinco libros del Antiguo Testamento. Entre las principales atracciones proyectadas figuran:
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El Camino del Mar Rojo: Una simulación interactiva y sensorial diseñada para recrear la vivencia bíblica del cruce del mar entre las aguas divididas.
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Recorrido de los Diez Mandamientos: Un trayecto educativo y contemplativo centrado en los preceptos bíblicos.
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Montes de oración: Áreas elevadas y ajardinadas destinadas a la meditación y el culto.
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Gran explanada de eventos: Una plaza monumental con capacidad para albergar hasta 70.000 visitantes en simultáneo para concentraciones masivas.
Sectores a favor: respuesta demográfica y dinamismo económico
Desde la perspectiva de los sectores evangélicos favorables al proyecto, la creación de Terra Prometida responde a una demanda cultural y demográfica en constante crecimiento en Brasil. Líderes de iglesias cristianas argumentan que, así como el Sambódromo Marquês de Sapucaí es el templo del Carnaval y el Parque Olímpico acoge espectáculos masivos como Rock in Rio, la vasta comunidad evangélica del país requiere de un espacio de escala monumental para el ejercicio libre de su fe, la cultura y la realización de congregaciones masivas.
Los promotores destacan además el potencial del recinto para impulsar el turismo religioso a nivel nacional e internacional, dinamizando la economía de la Zona Oeste de Río de Janeiro a través de la generación de empleo en sectores como la hotelería, el comercio y el transporte.
Argumentos en contra: laicidad del Estado y desigualdad de recursos
En la otra cara de la moneda, el parque ha desatado severas críticas por parte de defensores del principio constitucional de laicidad del Estado, analistas urbanos y representantes de otros grupos religiosos, al tratarse del único proyecto de parque público temático religioso financiado con presupuesto municipal.
Practicantes de religiones de matriz afrobrasileña, como la umbanda y el candomblé, han expresado su rechazo ante lo que consideran una asimetría en la asignación de recursos públicos. Voceros de estas comunidades denuncian que sufren históricamente una pronunciada escasez de espacios públicos autorizados para la realización de sus rituales y ceremonias tradicionales, mientras el municipio destina un presupuesto millonario a un enclave de marcada inspiración judeocristiana.
Por su parte, desde la Arquidiócesis de Río de Janeiro, máxima representación de la Iglesia Católica local, señalaron que la institución no fue consultada durante la etapa de concepción y diseño del parque, aunque posteriormente recibieron una invitación formal para conocer los detalles del proyecto.
Un debate de alcance regional
La controversia generada por Terra Prometida trasciende lo local y conecta con las discusiones contemporáneas sobre la gestión pública en el ámbito del Mercosur. La convergencia entre el crecimiento demográfico y político del movimiento evangélico en América Latina y las obligaciones de neutralidad confesional de los gobiernos locales abre un dilema central sobre la prioridad del gasto público.
Mientras la maquinaria pesada continúa con los movimientos de tierra en el barrio de Santa Cruz, la discusión permanece abierta en la opinión pública brasileña: si este megaproyecto constituirá un motor de desarrollo turístico e inclusión para millones de fieles, o si sienta un precedente de postergación del pluralismo y la equidad en el espacio urbano.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
WOLFGANG A. STREICH
Lic. en Periodismo - Lambaré, Paraguay
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