El avance de El Niño durante el segundo semestre de 2026 coloca nuevamente al clima en el centro de las decisiones de la cadena arrocera del MERCOSUR. La última evaluación del Centro de Predicción Climática de la NOAA, publicada el 13 de agosto, confirma que el fenómeno se está fortaleciendo y estima una probabilidad superior al 90 % de que alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno del hemisferio norte de 2026-2027. Para octubre-diciembre existe además un 69 % de probabilidad de que el episodio alcance niveles considerados históricos. En el sur de Brasil, Uruguay y Argentina, donde el arroz depende en gran medida del manejo del agua, el escenario puede tener una doble cara: más precipitaciones pueden mejorar la disponibilidad hídrica y reducir el riesgo de restricciones para el riego, pero lluvias excesivas durante la primavera pueden retrasar la preparación de los suelos, dificultar la siembra, aumentar los costos y afectar posteriormente la productividad y la calidad del grano. El impacto final, por lo tanto, no dependerá simplemente de cuánto llueva, sino de cuándo, dónde y con qué intensidad se produzcan las precipitaciones.
El fenómeno climático llega en un momento particularmente sensible para el sector. La campaña 2026/27 todavía está en fase de planificación y preparación en buena parte del MERCOSUR, por lo que los productores tienen una oportunidad para ajustar fechas de siembra, manejo de suelos, disponibilidad de maquinaria, drenaje y reservas de agua antes de que las condiciones meteorológicas más críticas se instalen.
La cuestión central es que el arroz necesita agua, pero no cualquier régimen de lluvias resulta favorable. En los sistemas irrigados, una disponibilidad hídrica adecuada constituye una ventaja productiva; sin embargo, cuando las precipitaciones se concentran en períodos demasiado cortos pueden impedir el ingreso de maquinaria, saturar los suelos, retrasar labores y generar problemas de manejo. El propio Zoneamento Agrícola de Risco Climático de Brasil reconoce que la época de siembra es una de las principales herramientas para reducir el riesgo, porque permite intentar que las fases más sensibles del cultivo coincidan con condiciones meteorológicas favorables.
El escenario cambió rápidamente durante 2026
A comienzos de 2026, la aparición de El Niño todavía era una posibilidad que debía ser monitoreada. En marzo, el INMET estimaba más de 80 % de probabilidad de establecimiento del fenómeno hacia el final del año. En mayo, organismos brasileños como el INPE, INMET, Funceme y Censipam ya advertían de una probabilidad aproximada del 60 % de formación durante el segundo semestre. En junio, el escenario se había consolidado y los organismos nacionales confirmaron la configuración de El Niño.
La evolución posterior fue todavía más significativa. El INMET señaló en junio que El Niño había vuelto a establecerse en el Pacífico ecuatorial y que podía alcanzar intensidad fuerte durante la primavera austral de 2026. El monitoreo posterior mostró que el fenómeno continuaba ganando fuerza.
Ahora, la actualización de la NOAA del 13 de agosto de 2026 presenta un escenario considerablemente más contundente. Las temperaturas superficiales del Pacífico ecuatorial oriental ya registran anomalías superiores a 2 °C, mientras que el índice Niño 3.4 alcanzó +1,4 °C en julio. La NOAA también detectó anomalías de hasta +10 °C en profundidad en sectores de la subsuperficie del Pacífico, una señal de que existe una importante reserva de calor que puede alimentar la evolución del fenómeno.
Ese cambio es importante para la agricultura porque cuanto más intenso sea el fenómeno, mayor puede ser la alteración de los patrones habituales de precipitación y temperatura. No significa que cada región vaya a experimentar exactamente el mismo comportamiento, pero sí aumenta la necesidad de planificación.
Rio Grande do Sul: el principal punto de atención
Para Brasil, la preocupación se concentra especialmente en Rio Grande do Sul, principal estado productor de arroz del país y uno de los territorios agrícolas más sensibles a las variaciones del régimen de lluvias.
Una nota técnica elaborada por el CEMADEN, junto con especialistas del Comité Científico de Adaptación y Resiliencia Climática del Plan Rio Grande, ya advertía que un episodio de El Niño durante 2026/27 podía favorecer precipitaciones superiores a la media en diferentes zonas del estado durante la primavera. La institución señalaba que el fenómeno no implica automáticamente la ocurrencia de desastres, pero sí aumenta la necesidad de preparación.
El INMET explica además por qué el sur brasileño suele recibir un impacto particular durante El Niño: el fenómeno puede fortalecer el transporte de humedad desde zonas tropicales hacia el sur del país y favorecer sistemas de baja presión, aumentando las condiciones para tormentas, lluvias intensas e inundaciones.
Para el arroz, esto crea una situación paradójica. El agua es indispensable para la producción irrigada, pero el exceso de agua fuera del momento adecuado puede convertirse en un problema.
Durante septiembre, octubre y noviembre, por ejemplo, un período de lluvias persistentemente elevadas podría dificultar el preparo de las áreas y la semeadura. Los agricultores pueden tener dificultades para ingresar con tractores y sembradoras, compactar o preparar adecuadamente los suelos y cumplir las ventanas agronómicas previstas.
El problema no termina con la siembra. Un calendario retrasado puede desplazar etapas posteriores del cultivo y aumentar la probabilidad de que fases sensibles coincidan con temperaturas o condiciones de radiación menos favorables.
El arroz tiene una relación particularmente delicada con la temperatura
El agua no es el único factor que preocupa.
El arroz responde de manera muy específica a las temperaturas. El ZARC brasileño señala que la temperatura óptima para diferentes etapas del desarrollo se encuentra aproximadamente entre 20 °C y 35 °C, pero también advierte que las fases de prefloración y floración son especialmente sensibles.
Temperaturas inferiores a determinados umbrales pueden provocar esterilidad de las espiguillas, mientras que temperaturas superiores a 35 °C durante etapas críticas también pueden afectar la fecundación y reducir el potencial productivo. La fase de floración es particularmente vulnerable al calor.
Por eso, la discusión sobre El Niño no puede limitarse a la cantidad de lluvia. El productor necesita observar simultáneamente precipitación, temperatura, radiación solar, humedad del suelo y calendario fenológico.
Una temporada con abundante agua puede terminar siendo productivamente inferior a otra con menos lluvia si las precipitaciones se concentran de manera desfavorable o si coinciden con períodos de baja radiación o temperaturas extremas.
Uruguay y Argentina: más agua, pero también nuevos riesgos
El escenario tiene características diferentes en Uruguay y Argentina, dos importantes productores y competidores dentro del mercado regional.
De acuerdo con el análisis de la cadena citado por Portal do Agronegócio, una mayor disponibilidad de agua puede ser positiva para los sistemas irrigados, especialmente si permite recuperar reservas y reducir la posibilidad de restricciones durante el desarrollo de las plantas.
Pero tampoco allí el exceso de precipitaciones es necesariamente una ventaja.
Un suelo demasiado húmedo puede complicar el acceso de maquinaria, retrasar operaciones, favorecer determinadas enfermedades y aumentar la necesidad de tratamientos fitosanitarios. En consecuencia, el mismo fenómeno que reduce el riesgo de falta de agua puede incrementar el riesgo operativo.
Esta diferencia es fundamental para comprender el impacto regional de El Niño: más lluvia no significa automáticamente más producción.
La agricultura funciona dentro de ventanas temporales. Una precipitación de 100 milímetros distribuida durante varias semanas puede ser manejable, mientras que una cantidad similar concentrada en pocos días puede provocar inundaciones, erosión, anegamiento y pérdida de días operativos.
Paraguay parte con una situación diferente
En Paraguay, el aumento de la disponibilidad hídrica puede reducir el riesgo de restricciones para las áreas que dependen de irrigación. El escenario, por lo tanto, podría resultar inicialmente más favorable para determinados productores.
Sin embargo, el país también está integrado en el mismo mercado regional. Eso significa que una variación de la producción paraguaya puede modificar los flujos comerciales dentro del MERCOSUR y afectar los precios relativos entre los diferentes orígenes.
La producción de arroz de Paraguay ha ganado importancia dentro del comercio regional y compite directamente con Brasil, Argentina y Uruguay. Por eso, cualquier diferencia significativa en las cosechas puede alterar el equilibrio de oferta disponible para los consumidores y las industrias.
El verdadero protagonista puede ser la productividad
Uno de los puntos más interesantes de la evaluación realizada para la próxima campaña es que el mercado puede estar concentrándose demasiado en la superficie sembrada.
El área cultivada es importante, pero la producción final depende de una ecuación mucho más compleja:
producción = superficie cosechada × productividad por hectárea.
Esto significa que un aumento del área no necesariamente genera una oferta mayor si el rendimiento cae como consecuencia de problemas climáticos.
La situación inversa también es posible. Una superficie estable puede producir una cosecha mayor si las condiciones permiten alcanzar buenos rendimientos.
Por eso, durante la campaña 2026/27 será fundamental seguir no solamente las intenciones de siembra, sino también la evolución de la productividad esperada, especialmente después de la floración y durante el llenado de granos.
La experiencia reciente del Rio Grande do Sul funciona como advertencia
El propio historial productivo del Rio Grande do Sul muestra la importancia que tiene el clima sobre el arroz.
El informe final de la campaña 2024/25 del IRGA registró una superficie efectivamente sembrada de 970.216 hectáreas, superior a la intención inicial de 948.356 hectáreas. El organismo explicó que las expectativas de neutralidad o La Niña habían influido en las decisiones de superficie debido a las condiciones de radiación solar asociadas con mejores perspectivas de productividad.
La comparación resulta útil porque muestra que los productores no toman decisiones únicamente mirando el precio del arroz. También incorporan expectativas sobre el comportamiento climático de los meses siguientes.
En una campaña marcada por El Niño, esa planificación adquiere todavía mayor importancia.
El mercado llega con otro problema: el exceso de oferta
La cuestión climática aparece, además, después de un período en que el arroz enfrentó presión por la oferta.
La documentación de la Cámara Sectorial del Arroz del Ministerio de Agricultura brasileño ya había registrado preocupación por el excedente interno y por la competencia del arroz procedente de Paraguay, Uruguay y Argentina. La oferta regional y los precios internacionales influyen directamente en la rentabilidad del productor brasileño.
La Conab también había señalado que las exportaciones cumplen un papel importante como mecanismo de ajuste del mercado y que las diferencias de competitividad entre los países del MERCOSUR pueden modificar los flujos comerciales.
Esto significa que la próxima campaña enfrentará simultáneamente dos fuerzas.
Por un lado, el productor necesita producir con eficiencia y mantener costos bajo control. Por otro, deberá enfrentar una incertidumbre climática mayor que puede elevar los costos de preparación, manejo, drenaje, tratamientos y eventualmente recuperación de áreas afectadas.
El clima puede terminar influyendo en los precios regionales
Si El Niño provoca una reducción significativa de la productividad en uno o varios de los principales países productores, el mercado regional podría comenzar a descontar una oferta menor.
Eso puede modificar las cotizaciones del arroz y los márgenes de la industria.
Pero el proceso no es automático. Si un país pierde producción y otro obtiene una cosecha abundante, parte de esa diferencia puede compensarse mediante el comercio intrarregional.
Por eso, en un mercado integrado como el MERCOSUR, la cuestión no será únicamente cuánto arroz producirá Brasil, Argentina, Paraguay o Uruguay por separado, sino cuánto arroz estará disponible en conjunto y a qué costo podrá desplazarse entre los mercados.
El comercio exterior vuelve a convertirse así en una herramienta de equilibrio.
El riesgo no termina en la cosecha
Existe además una segunda etapa que suele recibir menos atención: la calidad del grano.
Las condiciones meteorológicas durante la cosecha pueden influir en humedad, secado, almacenamiento y calidad industrial. Una cosecha abundante pero con problemas de calidad no tiene el mismo valor económico que una producción de alto rendimiento y buena calidad.
En el caso del arroz, esto puede afectar directamente el porcentaje de granos enteros, el rendimiento industrial y el precio recibido por el productor.
Por esa razón, el clima de la próxima campaña debe ser analizado desde la siembra hasta el almacenamiento y comercialización.
Antes, ahora y después
Antes de que El Niño se consolidara en 2026, los productores del MERCOSUR podían planificar la campaña sobre un escenario climático considerablemente menos definido. Ahora, el panorama es distinto: la NOAA confirma que el fenómeno se está fortaleciendo y los organismos brasileños advierten de un mayor riesgo de lluvias en el sur del país durante la primavera.
Ahora comienza la etapa más importante de preparación. Los productores tendrán que revisar calendarios de siembra, capacidad de drenaje, acceso a las áreas, disponibilidad de maquinaria, reservas de agua y estrategias fitosanitarias. Las autoridades agrícolas y meteorológicas deberán mantener actualizadas las previsiones porque la distribución de las lluvias será tan importante como el volumen acumulado.
Después llegará la verdadera prueba: comprobar si el fenómeno termina traduciendo su señal climática en pérdidas agrícolas concretas.
Y aquí existe una diferencia fundamental entre riesgo y desastre. La presencia de El Niño no significa que necesariamente habrá una mala cosecha. La nota técnica del CEMADEN insiste precisamente en que un fenómeno climático no produce por sí mismo un desastre; los daños dependen también de la exposición, vulnerabilidad y capacidad de preparación.
La próxima campaña será una prueba de adaptación
La agricultura del MERCOSUR entra, por tanto, en una temporada en la que la información meteorológica tendrá un valor económico cada vez mayor.
Para el arroz, el desafío consistirá en aprovechar el beneficio potencial de una mayor disponibilidad de agua sin quedar expuesto a las consecuencias de lluvias excesivas, temperaturas extremas, retrasos de siembra o problemas de calidad.
El escenario también puede acelerar una transformación en la gestión agrícola: más utilización de pronósticos de corto y mediano plazo, planificación flexible de las fechas de siembra, mejores sistemas de drenaje, monitoreo permanente de enfermedades y una gestión más precisa del agua.
La próxima cosecha de arroz del MERCOSUR no está determinada todavía. El fenómeno climático puede intensificarse, pero sus efectos agrícolas dependerán de cómo interactúe con las condiciones locales.
Lo que sí está claro es que el clima dejó de ser una variable secundaria para convertirse nuevamente en uno de los principales factores que definirán la oferta, los costos, la productividad y posiblemente los precios del arroz en el MERCOSUR durante 2026/27. Y mientras el Pacífico continúa calentándose, productores, industrias, exportadores y gobiernos deberán prepararse para una campaña en la que anticiparse al clima puede ser tan importante como sembrar.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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