La muerte del profesor José Luis Roca Martínez, a los 78 años, deja un vacío profundo en la Universidad de Oviedo, en la comunidad académica dedicada a las letras hispanoamericanas y, sobre todo, entre quienes tuvieron la fortuna de escucharlo hablar de literatura con la misma naturalidad con la que otros hablan de la vida. Su desaparición pone punto final a una existencia dedicada al conocimiento, pero no a su legado: quedan sus investigaciones, sus alumnos, sus libros, sus conversaciones, sus lecturas y, de manera especialmente entrañable, aquella entrevista realizada en un café de Oviedo para Enlace Iberoamericano, convertida hoy, sin que nadie pudiera imaginarlo entonces, en una memoria sonora de un hombre cuya voz seguirá hablando mientras alguien vuelva a abrir una página de literatura hispanoamericana.
Hablar de José Luis Roca es hablar de una generación de profesores que entendieron la universidad como algo más que un lugar donde se imparten clases. Para ellos, enseñar significaba formar una mirada, despertar preguntas y entregar a los estudiantes las herramientas necesarias para comprender una cultura a través de sus palabras.
Roca fue durante más de tres décadas un referente de la enseñanza de la Literatura Hispanoamericana y desarrolló una extensa trayectoria vinculada a la Universidad de Oviedo. La documentación oficial permite seguir su presencia en la universidad desde los años setenta: en 1976 ya figuraba entre los aspirantes a una plaza de profesor agregado de Historia de la Literatura Hispanoamericana en Oviedo y en 1980 fue nombrado profesor agregado de esa especialidad en la Universidad de Valencia. Décadas después aparece oficialmente como catedrático de la Universidad de Oviedo, participando incluso en tribunales y comisiones académicas de alto nivel.
Su carrera, sin embargo, no puede medirse solamente por los cargos que ocupó. El verdadero alcance de un profesor universitario se encuentra en aquello que deja en los demás. Y en ese terreno, la huella de Roca es especialmente profunda.
Su trabajo académico se extendió por distintos autores, períodos y problemas de la literatura hispanoamericana. Estudió la narrativa argentina, la novela histórica, la relación entre literatura e historia, la identidad americana y la manera en que los escritores transforman la experiencia de sus pueblos en materia literaria.
Uno de los autores que ocupó un lugar importante en sus investigaciones fue Daniel Moyano, escritor argentino cuya obra Roca estudió desde diferentes perspectivas. Junto con Virginia Gil Amate publicó trabajos sobre la narrativa de Moyano y las relaciones entre territorio, memoria, mito y literatura. La Universidad de Oviedo conserva además el registro de una tesis doctoral dirigida por Roca: La narrativa de Daniel Moyano, defendida por Virginia Gil Amate en 1992.
Aquello no fue una relación puramente académica. Roca participó también en homenajes y encuentros relacionados con Moyano. En uno de sus textos, dedicado a recordar al escritor argentino diez años después de su muerte, habló de las ciudades que marcaron su vida: La Rioja, Madrid y Oviedo. En ese escrito aparece una característica que ayuda a comprender al propio Roca: su capacidad para acercarse a la literatura no como una colección de nombres y fechas, sino como una experiencia humana vinculada a lugares, personas, memoria y pertenencia.
También investigó la obra de Manuel Gálvez, especialmente su relación con la novela histórica y la construcción de ambientes literarios. Uno de sus trabajos, dedicado a Gálvez, analiza la manera en que la literatura puede reconstruir una época y convertir el contexto histórico en parte fundamental de la narración. Su estudio fue posteriormente citado por investigadores que continúan analizando la obra del escritor argentino.
Su nombre aparece asimismo relacionado con los estudios sobre Augusto Roa Bastos, una de las grandes figuras de la literatura paraguaya y latinoamericana. Junto con Virginia Gil Amate participó en una biobibliografía dedicada al escritor paraguayo, publicada en Cuadernos Hispanoamericanos con motivo de un homenaje a Roa Bastos.
Ese recorrido permite comprender algo esencial: Roca no veía Hispanoamérica como una región distante que debía ser estudiada desde Europa. La literatura era para él un puente. A través de las novelas, los cuentos, la poesía y los autores, encontraba la manera de acercarse a la historia, a la identidad, a la naturaleza, al exilio, a la memoria y a las contradicciones de los pueblos americanos.
Su producción académica también quedó vinculada a congresos y publicaciones especializadas. Entre sus trabajos figura un estudio sobre Manuel Gálvez y la generación de Ideas, presentado en el XVII Congreso del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, y posteriormente aparecen investigaciones sobre narrativa argentina, teatro nacional argentino y otros aspectos de la literatura hispanoamericana.
Uno de los trabajos que mejor representa su interés por la literatura argentina es el estudio realizado junto a Virginia Gil Amate sobre Daniel Moyano, publicado en Anales de Literatura Hispanoamericana. El trabajo aborda las relaciones entre las ciudades, el mito y el localismo en la obra del escritor. No resulta casual que ese vínculo entre literatura y territorio aparezca una y otra vez en la obra de Roca: para él, comprender una literatura significaba también comprender la tierra que la había producido.
Ese modo de leer explica también una de las imágenes más poderosas que quedan de su vida: su biblioteca personal en Castropol, concebida como un verdadero universo de conocimiento y que llegó a reunir decenas de miles de volúmenes.
Quienes conocieron esa pasión recuerdan que Roca no entendía los libros como objetos decorativos. Los libros eran herramientas para viajar, discutir, comprender y volver a mirar el mundo. Su biblioteca era, en cierta forma, la representación física de una vida dedicada a leer.
Y esa pasión tenía un origen familiar.
José Luis Roca pertenecía a una familia profundamente vinculada a la cultura y al conocimiento. Su padre, Roca Franquesa, fue también una figura relacionada con el ámbito académico y participó en la elaboración de un reconocido manual de Literatura Hispanoamericana publicado en la década de 1960 junto con Díez-Echarri. Aquella obra tuvo varias ediciones y contribuyó a la enseñanza de la literatura hispanoamericana en España.
La vocación intelectual, por tanto, no apareció en José Luis Roca como un accidente. Formaba parte de una tradición familiar en la que estudiar, enseñar y transmitir conocimiento eran también formas de servir a los demás.
Su hermano Agustín Roca, profesor titular de Genética en la Facultad de Biología, representa otra expresión de esa misma tradición universitaria. Pero en José Luis, esa vocación encontró su territorio particular: las palabras, los autores, la historia y el inmenso universo cultural de Hispanoamérica.
Hay algo especialmente conmovedor en comprobar que uno de sus discípulos académicos, Virginia Gil Amate, terminó convirtiéndose también en una investigadora destacada de la literatura hispanoamericana. La Universidad de Oviedo registra que su tesis doctoral, dedicada a la narrativa de Daniel Moyano, fue dirigida por José Luis Roca.
Ese es quizás el legado más importante de un profesor: que su pensamiento continúe existiendo en quienes aprendieron con él.
Los libros pueden permanecer en las bibliotecas. Los artículos pueden permanecer en las revistas científicas. Los nombres pueden permanecer en los catálogos universitarios. Pero la verdadera herencia de un maestro se encuentra en las personas que, después de haberlo escuchado, continúan preguntándose, investigando y enseñando.
Y José Luis Roca dejó precisamente eso.
Una entrevista que ahora adquiere otro significado
En mayo de 2024, Enlace Iberoamericano tuvo la oportunidad de conversar extensamente con el profesor José Luis Roca. El encuentro, realizado en un café de Oviedo, produjo una entrevista de más de 80 minutos en la que el catedrático recorrió distintos aspectos de la literatura iberoamericana y habló desde la experiencia acumulada durante décadas de estudio y enseñanza. El episodio quedó registrado como un testimonio de su pensamiento y de su manera particular de aproximarse a las letras.
José Luis Roca se ha ido, pero el profesor permanece allí donde un estudiante abre un libro, donde un investigador formula una pregunta y donde alguien, en cualquier rincón de Iberoamérica, descubre que la literatura todavía puede ayudarnos a comprender quiénes somos.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
JAVIER PERTIERRA
Javier Antón Pertierra, un destacado jurista y comunicador español con una trayectoria diversificada:
Periodismo y Comunicación: Es el Director para la Unión Europea de Prensa Mercosur y presentador del podcast "Enlace Iberoamericano", donde analiza temas de actualidad internacional, tecnología (como IA y Blockchain) y política.
Perfil Jurídico: Es abogado especialista en Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs) y asesor jurídico.
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