
Luciano Suárez Cascudo, conocido cariñosamente como «Lu», fue durante dos mandatos vicealcalde de West Miami y tiene sus raíces familiares en Colloto (Oviedo)
El veterano y querido Luciano Suárez Cascudo —que acumuló varias reelecciones en West Miami y ejerció durante dos mandatos como vicealcalde— vislumbró en 2012, durante una de sus visitas a Asturias, el extraordinario futuro político de Marco Rubio, actual secretario de Estado de Estados Unidos. Así lo acredita una histórica crónica publicada en LA NUEVA ESPAÑA por el añorado Luis José de Ávila, cuando quien hoy es uno de los grandes referentes de la política exterior de Washington contaba apenas con 39 años. Luciano insistía, ante todo aquel que quisiera escucharle, en el excepcional destino que aguardaba al entonces joven político.

Luciano Suárez y Marco Rubio, en su época de senador. / .
Hay seres humanos que poseen un radar especial para descifrar el futuro antes de que este se abra paso, impulsados no por la vanidad, sino por una profunda humildad y una insobornable vocación de servicio. Luciano Suárez Cascudo —«Lu», para la entrañable nómina de sus amigos— es, sin duda, uno de ellos.
Decía José Martí, con imperecedero acierto —y Lu me lo recordaba con frecuencia—, que «honrar, honra». Hoy, mi hemeroteca y mi corazón se encargan de rendir un tributo de estricta justicia a la clarividencia de este asturcubano universal de Colloto.
Corría el mes de abril de 2012 cuando el recordado periodista Luis José de Ávila firmaba un articulo – «Asturianos de la diaspora»– en su columna «Sin gaita ni tambor» en LA NUEVA ESPAÑA. Una crónica que hoy puede calificarse de profética. En aquel texto, fruto de una entrevista, Luciano, desde su atalaya como vicealcalde de West Miami, lanzó un pronóstico sin ambages: aquel joven Marco Rubio, que apenas contaba con 39 años, no solo alcanzaría las más altas responsabilidades institucionales de Washington, sino que estaba llamado a convertirse en el líder de origen hispano con mayor trascendencia geopolítica de la historia de los Estados Unidos.
El paso del tiempo ha terminado por darle la razón. Luciano no solo contempló los primeros pasos de Rubio en la política municipal de Florida; también ejerció como mentor y amigo, compartiendo con él reflexiones y consejos que acompañaron al joven concejal que, con el tiempo, se convertiría en uno de los principales referentes políticos de Estados Unidos.

El autor del artículo, Javier Pertierra Antón, con Luciano Suárez Cascudo. / .
Hoy, la dimensión de aquel augurio alcanza una escala histórica. Marco Rubio se ha convertido en el primer dirigente político desde la época de Henry Kissinger, durante la presidencia de Richard Nixon, en concentrar un poder de semejante relevancia estratégica al asumir simultáneamente la Secretaría de Estado y la dirección del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca.
Se trata de un hito para un cubanoamericano que representa la voz de las Américas y que, desde esa posición de máxima responsabilidad internacional, mantiene una atención prioritaria hacia Latinoamérica. Rubio no solo afronta desafíos como el narcotráfico o la crisis democrática de Venezuela, Cuba y Nicaragua, sino que defiende reiteradamente una alianza sólida entre Europa y Estados Unidos basada en la historia compartida, la lengua, el derecho, la filosofía, la tradición judeocristiana y los sacrificios comunes que permitieron derrotar al nazismo y al comunismo soviético.
Asimismo, sostiene que la seguridad y la defensa no constituyen un mero cálculo técnico, sino la protección de un modo de vida sustentado en la libertad, la democracia y el Estado de Derecho. En consecuencia, considera que quienes amenazan la estabilidad internacional no pueden ampararse en un derecho internacional o en organismos que, a su juicio, vulneran o instrumentalizan para socavar los propios principios que dicen defender.

Luciano Suárez, en el centro, en un homenaje en Miami. / .
Esa misma firmeza en la defensa de la libertad y del Estado de Derecho —marcada por las vivencias de Luciano en su querida Cuba— fue la que «Lu» transmitió a Rubio en conversaciones mantenidas tanto en el Ayuntamiento de West Miami (City Hall) como en encuentros informales en el restaurante Versailles o en Casa Juancho, con la música de la Tuna de Oviedo como inesperada banda sonora.
Pero Luciano ha sido, ante todo, un gran tejedor de afectos hispano-cubanos. Su vínculo con mi familia hundía sus raíces en una memoria compartida que unía La Habana con Medina de Rioseco, pasando por los veranos en Colloto y las inolvidables tertulias ovetenses en el Cervantes o en Casa Conrado, compartiendo un «güisquesito».
Durante mi etapa como concejal de Turismo y otras responsabilidades en el Ayuntamiento de Oviedo (1991–2000), ese lazo afectivo se convirtió en una alianza indeleble. Incluso en el ámbito político —recomendándome siempre mantener un prudente «low profile»—, Luciano fue el auténtico artífice de que una representación emblemática de «la Capital de las Américas» cruzara el Atlántico para participar, por primera vez, en el Día de América en Asturias. Encabezó aquella histórica delegación junto a su familia, incluida su hija Purita («Puri»), también concejal en Florida. Desde estas líneas envío mi abrazo y mi recuerdo a todos los integrantes de aquella inolvidable expedición.

Un joven Marco Rubio, izquierda, toma la palabra en un acto. A la derecha, Luciano Suárez. / .
Su trayectoria constituye un ejemplo constante de servicio público en Miami y Tallahassee, junto a amigos de su misma talla moral y profundo respeto institucional, como el senador Javier Souto —ambos nacidos en Sancti Spíritus, tierra de grandes ingenios azucareros— o el célebre juez Emiliano Salcines, de Tampa, ciudad en la que el magistrado cuenta incluso con una estatua.
Pero también ha protagonizado una permanente trinchera ética. Luciano impulsó ante la entonces Fundación Príncipe de Asturias la candidatura de NALEO (National Association of Latino Elected and Appointed Officials), así como la de la prestigiosa Universidad de Miami Dade, cuyo rector durante décadas fue el reconocido cubano-estadounidense Eduardo Padrón.
Asimismo, promovió con firme convicción la candidatura de Oswaldo Payá al premio «Príncipe de Asturias» de la Concordia, persuadido de que la proyección internacional del galardón podría servir como escudo protector para preservar la vida del líder disidente. Lamentablemente, ese objetivo no pudo alcanzarse y Payá falleció posteriormente en unas circunstancias cuya investigación ha sido objeto de controversia internacional y de diversas investigaciones independientes.
En ese compromiso moral late también el recuerdo más emotivo de su vida: el de su esposa, Inés. Enfermera extraordinaria, la inolvidable «Inesita» (D. E. P.) dedicó buena parte de su vida a atender a miles de balseros cubanos que llegaban exhaustos durante éxodos masivos como el del Mariel.
En el simbólico hito de las noventa millas —la distancia que separa Cayo Hueso de Cuba—, la entrega de Luciano y las manos sanadoras de Inesita representaron la dignidad humana de un exilio dispuesto a jugarse la vida por alcanzar la libertad.
Hoy, desde la serenidad de los años, Luciano continúa siendo el mayor admirador de Marco Rubio y contempla con orgullo cómo aquel joven al que tanto alentó alcanza las más altas responsabilidades internacionales sin abandonar la esperanza en una Cuba libre.
Sin embargo, su corazón nunca ha dejado de latir en asturiano. En muchas ocasiones, al comprobar la inmensa solidaridad con la que siempre fui acogido en Florida, echaba en falta encontrar en nuestra propia tierra amistades de semejante talla humana y lealtad, sintiendo incluso que nunca podría corresponder en la misma medida a tanta generosidad.
Por eso, mientras la trayectoria de Marco Rubio confirma la clarividencia del «visionario de Colloto», quizá haya llegado el momento de que Oviedo o Pola de Siero —porque Colloto, como su corazón, pertenece a ambos concejos— rindan el homenaje que Luciano y la querida Inesita merecen. Su magisterio, su generosidad y su amor por Asturias lo reclaman. Porque, como José Martí repetía en la inconfundible voz cubana de mi querido Lu: «Honrar, honra».
Fuente Prensa Asturiana, S.A.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
JAVIER PERTIERRA
Javier Antón Pertierra, un destacado jurista y comunicador español con una trayectoria diversificada:
Periodismo y Comunicación: Es el Director para la Unión Europea de Prensa Mercosur y presentador del podcast "Enlace Iberoamericano", donde analiza temas de actualidad internacional, tecnología (como IA y Blockchain) y política.
Perfil Jurídico: Es abogado especialista en Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs) y asesor jurídico.
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